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DOCTOR ROBERTO LÓPEZ IBARRA

Pastillita para el Alma 19 – 10 – 17 En una casa bonita del barrio de la Sapra, con techo entejado, un patio empedrado, bordeado de jardines y con una huerta grande

DOCTOR ROBERTO LÓPEZ IBARRA



24/10/17 - 05:44


Pastillita para el Alma 19 – 10 – 17

En una casa bonita del barrio de la Sapra, con techo entejado, un patio empedrado, bordeado de jardines y con una huerta grande donde nacía un ojo de agua cristalina que en un tubo de maguey daba agua al vecindario, vivía don Roberto López Alva y la señora María Ibarra Yalta, que tuvieron 6 hijos: Rodomiro, Augusto, Roberto, Teresita, Carmencita y Alejandro.

Los esposos López Ibarra abandonan nuestra fidelísima ciudad de Chachapoyas después de que sus hijos terminan la secundaria en el Colegio San Juan de la Libertad, viniendo a Lima para que sus hijos continúen sus estudios universitarios.

Roberto, ingresa a la universidad mayor de San Marcos y a la Facultad de Medicina de San Fernando, donde termina sus 9 años de estudios, graduándose de médico cirujano y como buen amazonense, querendón de su tierra, solicita trabajar en  la Posta Médica de Chachapoyas, ubicada a la espalda del Centro Escolar de Mujeres, lo que es ahora el jirón Libertad, que en ese entonces era una calle intransitable, lleno de plantas de marcos, con árboles de Tayo, pencas y ancocashas, lo que contrastaba con un local de material noble de un solo piso, en cuyo lugar prestaba servicios atendiendo a sus múltiples pacientes de escasos recursos económicos, la mayoría de los cuales eran niños.

Contrajo matrimonio, en el año 1958 con la señorita Hildita Castro Noriega, una dama de la sociedad chachapoyana, con la cual tuvo 4 hijos, uno de los cuales sigue su tradición de médico en la especialidad de Radiología, especialmente en resonancia magnética.

Como olvidar, al Dr. López con su paso sobrio por las callecitas empedradas y alineadas con casas de paredes blancas que hacían marco a la figura elegante, con un andar seguro, con una  mirada, mezcla de compasión y de piedad, cuando atendía a sus pacientes. Roberto López Ibarra por su porte y comportamiento más parecía un magistrado de la corte superior de justicia, con la diferencia de que sus palabras emotivas y dulces parecían salir de la boca de un ministro de Dios.

Fue director del Hospital Virgen de Fátima de Chachapoyas donde dejó una huella imborrable, mejorando los servicios y cuidando el patrimonio del Hospital. Muy querido por sus pacientes y colegas y por todo el plantel de médicos, enfermeras y personal administrativo.

Estando en Chachapoyas obtuvo una beca para hacer Salud Pública en Puerto Rico, al término de la cual regresa a Chachapoyas y concursa como profesor de la Escuela de Salud Pública del Perú y emigra a Lima aproximadamente en el año 1964 para ocupar brillantemente una cátedra y por sus conocimientos concursa y gana  la Dirección de la Escuela de Salud Pública.
Muchos de sus alumnos, recuerdan con gran cariño el sentimiento que ponía al dictar sus clases, verdaderas cátedras en las que se apreciaba la profundidad de sus sentimientos realzando los valores humanos, como fundamento primordial en el comportamiento de las personas.

Es coautor de la publicación de la “Historia de la Salud Pública en el Perú”.

Roberto López Ibarra, en todos los lugares en que desempeñó su trabajo lo hizo desde la sombra propicia de su modestia, con humildad pero rebosante de grandes conocimientos, sanando a sus enfermos y enseñando, a carta cabal, a las generaciones de estudiantes de las ciencias médicas que lo más grande en el ser humano es Hacer el Bien.

El 10 de octubre dejó de existir Roberto López después de una vida plena de felicidad y de triunfos.

Murió como los hombres buenos, de un momento a otro, sin permitir que su adorada esposa y sus amados hijos sufran con una enfermedad larga o imposibilitan te. Seguro estoy que las campanas de las iglesias de nuestra tierra, en silencio, dejaron  escuchar sus rogativas, tristes y sentidas por el fallecimiento de un hombre ejemplar, un profesional honesto, que cumplió a cabalidad con el juramento hipocrático, y que como jefe y director, supo ganarse el cariño y el respeto de sus subordinados, que ahora lamentan su muerte.

Ha hecho su pase al Oriente Eterno, un hombre bueno, un personaje amoroso y bondadoso, dejando en la tristeza a su Hildita de toda su vida y a sus hijos que lloran su partida al más allá.  El Dr. Roberto López Ibarra, hizo de la medicina un sacerdocio, encarnando la misión verdadera del médico, con una vida abnegada y perseverante en su largo camino de conseguir el Bien, sin dañar a nadie, sin perder su honorabilidad y dignidad de profesional probo e  iluminando como un faro de luz refulgente a generaciones que siguen su ejemplo y sus enseñanzas.

Hildita, fuiste una esposa maravillosa y ustedes Roberto, Carlos, Jorge y Arturo fueron sus hijos amados, mientras estuvo en la tierra y arriba al lado de Dios seguirá pendiente de ustedes y cuando tintinee una estrellita en el cielo, tengan la seguridad que es Roberto, agradeciendo a nuestro Creador por la linda familia con que fue bendecido y él seguirá vivo mientras ustedes le recuerden y lo tengan en sus oraciones.

*SEÑOR DOCTOR ROBERTO LÓPEZ IBARRA, DESCANSA EN PAZ Y DE DIOS GOZA*

Jorge REINA Noriega
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