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MUERE UN HOMBRE DIFÍCIL DE OLVIDAR

Pastillita para el Alma 02 – 02 – 18 *Si no existiría la muerte, la vida no tendría sentido. La vida es corta y muchos la malgastamos en odiar crear resentimientos

MUERE UN HOMBRE DIFÍCIL DE OLVIDAR



03/02/18 - 18:03

Pastillita para el Alma 02 – 02 – 18

*Si no existiría la muerte, la vida no tendría sentido. La vida es corta y muchos la malgastamos en odiar crear resentimientos, hacer críticas y perdemos el hermoso tiempo de amarnos*.

Manuel Antonio Angulo Reyes, nace en la ciudad de Chachapoyas el 12 de junio de 1949, fecha que recordaba con mucho pasión, no porque era el día que vino al mundo, sino, porque el Alianza Lima goleó a su eterno rival y sufrió, infinidad de veces, cuando el Club Universitario los hacía morder el césped a sus compadres.

Fue hijo único de don Víctor Angulo Santillán y de doña María Luisa Reyes Torrejón, quienes lo criaron con mucho cariño, cuidando en todo momento su formación espiritual y sus valores humanos, sin embargo, como hijo engreído hacía tabla rasa de sus recomendaciones, rompiendo los zapatos que los confeccionaba su abuelo o subiendo al techo de la casa, abriendo las goteras en la época de lluvia.

Muchos se han ocupado de su producción como profesor, de sus logros conseguidos con sus alumnos en el campo de las asignaturas que enseñaba y de los muchos profesionales que han sido formados bajo la dirección y la sapiencia de este gran profesional de los oficios más difíciles del entendimiento humano, que es la Enseñanza y la capacidad de formar hombres de bien, para el futuro.

Desde que se creó el Glorioso Colegio San Juan de la Libertad, han pasado muchos preclaros personajes como profesores y como directores de este Centro de Formación estudiantil, pero ninguno permaneció tanto tiempo en su puesto como el profesor Manuel Antonio Angulo Reyes, que llegó por concurso a ocupar el cargo de director un 09 de julio de 1983 y después de una muy larga y fructífera carrera como director, pasó a la situación de retiro el 01 de julio del 2014 y con la misma devoción de su centro de trabajo se dedicó a sus familiares y pasaba su tiempo, leyendo y criando gallinas y patos, reflexionado en el servicio que ha sido encomendado por nuestro Padre Celestial.

Lo recuerdo con mucho aprecio, aunque éramos de generaciones muy diferentes, pero yo era amigo de su padre, el “comandante” don Víctor Angulo Santillán junto con el “palito y pachaco Lorenzo Jiménez", encargados de hacer los pagos a los servidores públicos en la antigua Caja de Depósitos, ahora el Banco de la Nación a don Víctor ponía mis quejas, cuando su Manuelito, gran amigo de mi hermano José David, inclusive compañero de carpeta, gritaba “ Papa, Papa, Papa”, en el patio del Colegio, cuando me veía que entraba a dictar clases de Anatomía y al reclamarlo me decía con todo el desparpajo, “no le digo a usted profesor, lo llamo a su hermano”, esto lo hacía casi siempre que el Higos Urco lo ganaba al Sachapuyos. “Papa” era el apodo como me conocían en mi tierra.

Las veces que iba a Chachapoyas nos encontrábamos y nos saludábamos con mucho afecto.

Manuelito era un hombre muy piadoso y tal vez uno de los pocos, que conservaba la tradición de la devoción al Señor de Burgos. Todos los jueves era infaltable la visita a la Iglesia del Patrón de Chachapoyas, el Señor de Burgos, en la plazuela de la Independencia y después en la catedral, donde se halla la imagen, temporalmente alojada.

En su casa del jirón Ortiz Arrieta, antes de la Navidad, festejaba los aguinaldos del Niño Dios, los siete martes antes de la Noche Buena, para lo cual tenía un nacimiento donde se cantaba y adoraba al niño, que es una reliquia que viene desde su tatarabuelo y que lo cuidan en forma muy especial.

También es tradición de su familia, que Manuel lo seguía puntualmente “vestir al burrito” que carga al Señor de Nazaret, para el domingo de Ramos. Este animalito lo traen de arriba del Pumaurco, más exactamente de Huishcachimba, el domingo de Ramos, a la casa de los Angulo, donde con mucho cariño lo bañan y colocan los aperos y los adornos en compañía de su amigo del Barrio de Santo Domingo, el profesor Adolfo Santillán y así tenerlo listo para el momento de la procesión del Nazareno.

Un hombre lleno de bondad, amigo de los pocos amigos, con los que se reunía, como sus vecinos Alfonso Gómez, mi compadrito David Guevara Valdez y algunos otros más.

El, no era de fiestas o actividades sociales, salvo las protocolares y obligadas que lo exigían, como autoridad educativa, sin embargo, casi nunca faltaba a la cancha de Belén y después al estadio Kuélap para ver jugar al equipo de sus amores el Club Sachapuyos.

El profesor y gran educador Manuel Antonio Angulo Reyes, deja un tremendo vacío en el ambiente del Magisterio y en la colectividad en general.

Su partida es muy sentida y después de una penosa enfermedad voló hacia el cielo, para reunirse en la Gloria de Dios, junto a sus seres queridos y donde nuestro Padre Celestial, también lo encomendará dictar cátedra, para que su esposa Julia Rosa Castro Trauco y sus adorados hijos Katherine y Fidel Antonio, sienta la grandeza de este hombre que hizo de su vida en la tierra un magisterio de bondad, de disciplina y ejemplo de vida para los cientos de estudiantes que han salido de las aulas del Templo del Saber de nuestra tierra bendita. 

Hay personajes escogidos por nuestro Creador, que cumplen una gran misión en el mundo, que saben desaparecer, en el momento preciso, del ambiente en que se encuentran y todo lo que produjeron mientras vivieron, son más que suficientes para dejar huellas que no desaparecen jamás. 

Profesor Manuel Antonio, seguro estoy que en las paredes de tu Centro Educativo, permanecerá eternamente el eco de tu voz, las paredes se transformarán en pizarrones que muestran, solo visibles para las personas que bebieron de tus enseñanzas,  tus lecciones de amor y sabiduría, destacando los valores humanos que fueron las normas de tu vida y en las oficinas de la dirección de tu centro educativo, sentado en un sillón especial, siempre estará ese gran hombre, pequeño en estatura, pero un gigante en sabiduría.

Pocos, como Manuel Antonio que muere, relativamente, joven, después de una vida fecunda en el campo de la Educación, en la que ha sentado una forma de servir, con honestidad y responsabilidad como guía y líder de una colectividad que ahora le lloran su ausencia. 

Manuel Antonio, siempre va a quedar en el recuerdo, tanto de sus seres queridos, como en el corazón de todos sus alumnos agradecidos, que bebieron de sus enseñanzas.

“PROFESOR Y MAESTRO DON MANUEL ANTONIO ANGULO REYES, DESCANSA EN PAZ”

Jorge REINA Noriega
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jorgereinan@gmail.com
 

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