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UNA VARILLA DE FIERRO EN LA BARRIGA

Pastillita para el Alma 29 – 03 – 18 El 21 de mayo de 1982, en el cruce del jirón Granada y Riva Agüero, en el Agustino, las Central de Comunicaciones del CBVP, nos dio una emergencia con un niño atrapado.

UNA VARILLA DE FIERRO EN LA BARRIGA



30/03/18 - 11:58

Pastillita para el Alma 29 – 03 – 18

El 21 de mayo de 1982, en el cruce del jirón Granada y Riva Agüero, en el Agustino, las Central de Comunicaciones del CBVP, nos dio una emergencia con un niño atrapado. Al llegar al lugar del accidente, encontramos a un niño de 10 años de edad CÉSAR GOMEZ  LLANOS, tendido en el suelo, sobre un charco de sangre y que no se podía movilizar porque estaba atravesado por una varilla de construcción, que ingresaba, aproximadamente a la altura de la ingle izquierda y salía por debajo de las costillas del lado derecho, bajo el hígado.

Inmediatamente se colocó una vía de cloruro de sodio, que se hizo con dificultad por la posición del niño, quien se encontraba casi somnoliento, al que administramos oxígeno con máscara.

Evaluando la situación del accidentado, comprobamos que la varilla era un fierro de construcción que salía como una flecha de un cimiento de cemento y que estaba bien adherido a la piel del niño, difícilmente se palpó el trayecto de la varilla, bajo la piel del abdomen, que salía a la altura del hipocondrio derecho y dejaba ver el fierro en una extensión aproximada de 15 a 20 centímetros.
Decidimos que no se podía cavar para cortar el fierro a nivel de la ingle, menos se podía deslizar el cuerpo a través del tubo. La gente gritaba y pedía que actuemos. El niño permanecía casi inmóvil, recibiendo suero fisiológico por vía endovenosa y con apoyo ventilatorio con oxígeno. 

Cargué con anestésico local, una jeringa de 20 centímetros cúbicos y tirado en el suelo, infiltré la piel en todo el trayecto del tubo y con un bisturí procedí a cortar la piel, teniendo como guía la varilla de fierro. Este procedimiento tenía que ser muy rápido. La gente gritaba “Lo mató, lo mató” al ver al niño que con una herida en el abdomen lo introducíamos en la unidad médica 14, junto con el seccionario Jorge De los Ríos y dos efectivos más que no recuerdo los nombres. En la unidad médica constaté que solamente había lesión a nivel de piel, tejido celular subcutáneo, desgarro de aponeurosis y músculo recto abdominal.

La situación era apremiante, la gente golpeaba la unidad y gritaba eufórica. Ellos deseaban ver al paciente y casi nos impedían emprender la retirada. Decidí suturar la herida, afrontar los bordes y demostrar al público que nuestro trabajo era profesional y que después de nuestra proeza médica, al niño lo llevábamos a un centro hospitalario para su tratamiento complementario.
Pienso que ésta fue la intervención quirúrgica de emergencia más difícil, que hice, tirado en el suelo, dentro de un charco de sangre y sobre  la tierra y con un público expectante desesperado.

El médico casi siempre pelea con la muerte y más en situaciones de emergencia. Sus decisiones tienen que ser precisas y actuar sin dubitaciones, ahora en mis cuarteles de invierno, pienso que lo prudente era haber conducido al niño lo más rápido a un centro hospitalario, pero aquella juventud que se fue y ese espíritu combativo que me acompañaba, demostró que con la ayuda de Dios, todo era posible y habíamos tenido éxito.

    Jorge REINA Noriega
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