02/05/24 – 03:19
Gracias al trabajo, el ser humano traza incluso su propio desarrollo y evolución, es decir, el ser humano se convierte en creador de sí mismo por medio del trabajo. Por ello, lo correcto es que el ser humano debe vivir para trabajar y no trabajar para vivir, -pero aún- trabajar para sobrevivir; situación común en el sistema social vigente.
Un aspecto importante sobre el trabajo es su carácter creador, productivo, colectivo, de utilidad social y de cuidado natural. Es decir, el trabajo es una actividad consciente encaminada a producir bienes y servicios social y colectivamente útiles, y naturalmente sustentables. En este sentido, el trabajo debe dignificar al ser humano, -no condenarlo al sufrimiento-, solo el trabajo digno conduce a la libertad y a la alegría. Por consiguiente, debemos trabajar todos, sin excepción, pero respetando la condición particular de cada trabajador, es decir, cada quien debe dar lo mejor de sí, para sí y para los demás hombres y la propia naturaleza.
¿Quién es el trabajador?
A veces se asocia el término trabajador solo al de obrero, pero lo correcto es entender que el trabajador es cualquier persona capaz de transformar la realidad o crear a través de una actividad consciente y productiva orientada a optimizar la vida natural, social e individual; por tanto, el trabajador también es el campesino, el ambulante, el profesor, la ama de casa, la niñera, el chofer, el médico, el estudiante, el carpintero, el ingeniero, el electricista, el artista, el escritor, el comunicador social, etc.; es decir, todos los que vivimos, somos trabajadores, después de todo, todo el que está vivo trabaja de alguna manera, pues, el trabajo es movimiento y cambio.
¿Cuándo y por qué el trabajo pierde su esencia?
Si el trabajo es la esencia del ser humano, es decir el centro, la dignidad y la alegría del ser humano, ¿por qué pierde su esencia? He aquí tres argumentos: i) cuando aparece la propiedad privada sobre los medios de producción (dueño y trabajador), ii) cuando ocurre la división social del trabajo (trabajo intelectual y manual; trabajo para varones y trabajo para mujeres, trabajo calificado y no calificado, etc.), y iii) cuando surge el establecimiento de clases sociales (dominantes y dominados); iv) cuando el fruto del trabajo no lo ve el trabajador sino solo el pago injusto que lo hacen por su trabajo. Estos tres factores, y otros, destruyen progresivamente la función esencial del trabajo para convertirlo en una mercancía más, el trabajo así se convierte en un medio y ya no en un fin. Así, en el sistema capitalista actual, el trabajador vende su fuerza de trabajo a cambio de dinero; dinero que sirve al trabajador para comprar bienes y pagar servicios, y, de este modo satisfacer sus necesidades. De este modo, en las actuales relaciones sociales, el empleador hace trabajar al trabajador más de lo establecido, esto da origen a que solo una parte del valor real del trabajo vaya para el trabajador y otra para el empleador, generándose de esta manera: riqueza y dominio del empleador versus subsistencia y dependencia del trabajador.
Por otro lado, el Estado como empleador también explota al trabajador en doble dimensión, por un lado, i) a través de la imposición de elvados impuestos, así como, ii) dando leyes que favorecen más al empresario que al trabajador; a eso soslayadamente hoy lo llaman promoción de la inversión? o flexibilización laboral?, como es, por ejemplo, el caso de la Ley servir? o el vil contrato de servicios autónomos, entre otras modalidades.
La situación de desempleo y subempleo, son también dos situaciones críticas en el mundo entero. En este contexto, el trabajo ha perdido su esencia ya que: i) se ha convertido en una mercancía, ii) se ha perdido el derecho legítimo al trabajo, iii) a través del trabajo es explotado el trabajador y beneficiado el empleador, iv) se enriquece progresivamente solo el empleador; así como que v) el trabajo pierde paulatinamente su carácter creativo para convertirse en un producto mecánico sin espíritu.
Sin embargo, y pese a la situación mercantil del trabajo, éste sigue siendo la esencia del ser humano. Trabajar, por tanto, más que un deber es un derecho irrenunciable. Reconquistar la esencia del trabajo es una tarea pendiente de los humanos. El trabajo no puede ser sometimiento, sino gozo y libertad; sino, alegría y satisfacción.




