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LA REBELIÓN DE LAS AGLOMERACIONES

Luis Alberto Arista Montoya* No. No es un fenómeno. Es algo más que una simple eventualidad pandémica. Lo del Covid-19 es un epifenómeno: Es el resultado trágico de las pésimas relaciones hombre/naturaleza, no por la estructura del planeta tierra sino por culpa y responsabilidad del poder humano político-económico

LA REBELIÓN DE LAS AGLOMERACIONES



03/04/20 - 06:16

Luis Alberto Arista Montoya*

   No. No es un fenómeno. Es algo más que una simple eventualidad pandémica. Lo del Covid-19 es un epifenómeno: Es el resultado  trágico de las pésimas relaciones hombre/naturaleza, no por la estructura del planeta tierra sino por culpa y responsabilidad del poder humano político-económico posmoderno que no sabe (o no desea) obedecer las leyes de la naturaleza.

   Estamos reuniendo y analizando información científica para sostener, en otra oportunidad, nuestra hipótesis de trabajo sobre  el carácter posmoderno de este virus singular/universal.

   Mientras tanto sabemos ya que la aglomeración social es el mejor panal desde donde se expande por contagio este virus. Los gobiernos de los países (EE.UU, el Reino Unido, Francia, España, México y Brasil) que no creyeron en la teoría de las aglomeraciones ni en la  del aislamiento social, son los que más muertos y contagiados cuantifican. Felizmente Perú reaccionó casi a tiempo, aunque la gente indiferente  y las   aglomeraciones voluntarias persisten aún.

   A la suma de categorías científicas de masa social, muchedumbre, conglomerado, cultura del ágora (plaza pública), comunidades y colectivos sociales, ahora las científicos sociales y filósofos tienen que agregar a su vocabulario académico el concepto de aglomeración.

   Cuando un grupo numeroso de gente se  amontonada, se  junta o reúne en un determinado lugar y tiempo, cualquier cosa puede pasar en cualquier momento. ¿Dónde están las masas politizadas ahora?: ya no están en los sindicatos, en las plazas, o en las marchas. Ahora son aglomeraciones urbanas dispersas, desperdigadas en calles, plazas, mercados, supermercados, estadios, grandes discotecas, en conciertos, colegios, universidades, etcétera.

      Solo cuando estas diseminadas aglomeraciones son convocadas por algún líder a través de las redes sociales, ahora, se reconvierten en masas sociales para protestar y rebelarse fácticamente contra el sistema. Es por eso que en paralelo también se produce el fenómeno del miedo a las masas, estudiado muy bien por Étienne Balibar en su obra El miedo de las Masas, a nivel de la Europa post-mayo 1968 y post-caída del Muro de Berlín (1989). Son los gobernantes y poderosos  los que más miedo tienen a las masas. (Y “a las masas se combaten con las masas”, dijo cínicamente un gobernante peruano, aunque seguramente estuvo pensando también en una masificada represión policial)

   Ahora- en estos tiempos de virulencia biológica-  todos los habitantes de todas las ciudades (Urbi et Orbi) tienen miedo al Coronovirus-Covid-19. Un  invisible microorganismo  ha puesto en jaque a toda la humanidad: demostrando que el hombre es un ser biológico frágil, finito y que puede morir al toque.

   Y de una manera paradójica la canción “Ciudad Solitaria” de Luisito Aguilé, cantante argentino de la nueva ola (en los años 60) en, estos momentos de aislamiento social, cobra cierto romanticismo:  

“Todas las calles llenas de gente están, 
  y por el aire suena una música,
chicos y chicas van cantando
llenos de felicidad
mas la ciudad sin ti
está solitaria”.

    En este caso, sin ti, sin mí, sin nosotros y nosotras. Todos(es un decir) en cuarentena, porque  muchos individuos y muchas aglomeraciones siguen “desafiando” las normas de prevención dictaminadas por el gobierno central.

    En su premonitorio libro La Rebelión de las Masas (escrito en 1929) el filósofo José Ortega y Gasset- antes que cualquier sociólogo - fue el primer pensador en estudiar el fenómeno de las aglomeraciones, de por qué el hombre  tiende a ser un hombre-masa, un hombre gente. En estos momentos en que por causa del coronavirus (y el sentimiento independentista de ciertas regiones) España aparece como “país invertebrado” más que nunca, suponemos que  este lúcido libro y España Invertebrada (publicado en 1921) son dos de los libros de José Ortega y Gasset más leídos o releídos por los españoles en estos tiempos de cuarentena y miedo. 

    Para Ortega y Gasset las aglomeraciones son un hecho evidente al que denomina el “lleno”, porque las ciudades están llenas de gente.  (De  ahí que se explique la jactanciosa frase de cierto individuos: “hay que tener calle”, hay que “tener esquina”). Las aglomeraciones son consecuencia de  la rebelión de las masas. Los edificios llenos de inquilinos. Los hoteles llenos de huéspedes. Los trenes, los barcos-cruceros, llenos de viajeros. Los aviones, también. Los restaurantes, llenos de comensales (no solo por el boom   de la gastronomía sino también a causa de la gastromanía: comer cualquier cosa preparada como sea). Los hospitales, clínicas y consultorios de médicos famosos, llenos de enfermos. Los teatros, llenos de espectadores. Las playas, invadidas por bañistas. Las grandes tiendas comerciales con sus famosas “cierra puertas” en donde es distinto “ir de compras” que “ir a comprar” (imperando el consumismo materialista). Y el ágora político (lo mítines de los partidos políticos) ausente ahora, por haber sido desplazado por el ágora electrónica (redes sociales), la radio y la televisión.

   “Lo que antes no solía ser problema, empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio”, escribía Ortega y Gasset en 1929. La irrupción  de las aglomeraciones ha ido en paralelo al aumento de nupcialidad y demografía, y al déficit de servicios públicos.

    Sobre todo en momentos de emergencia sanitaria como la que padecemos hoy en día,  lo que caracteriza a las aglomeraciones es  el alma vulgar de sus gentes, sabiéndose vulgar tiene el descaro de afirmar el derecho de la vulgaridad y trata de imponerlo donde quiera y cuando quiera. En Perú la vulgaridad se ha democratizado. Tanto como la corrupción: se dan en todos los niveles y estilos de vida, en todas las clases sociales. De ahí que nuestras ciudades aparezcan estos días como ciudades  militarizadas, casi sitiadas, con “toque de queda”… Porque las muchedumbres son desobedientes, casi siempre. Y es posible que así seguirán en tiempos de post-coronavirus.
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 3 de abril de 2020. Luis Alberto Arista Montoya.

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