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ABIMAEL NO QUIERE SER CREMADO

Luis Alberto Arista Montoya* En estos días el abogado de Abimael Guzmán Reynoso- condenado a cadena perpetua por ser jefe de Sendero Luminoso, sanguinaria organización terrorista que mató a miles de peruanos-ha presentado un recurso de habeas corpus aduciendo que la vida de su patrocinado corre peligro a causa del Coronavirus.

ABIMAEL NO QUIERE SER CREMADO



01/06/20 - 05:39

Luis Alberto Arista Montoya*

     En estos días el abogado de Abimael Guzmán Reynoso- condenado a cadena perpetua por ser jefe de Sendero Luminoso, sanguinaria organización terrorista que mató a miles de peruanos-ha presentado un recurso de habeas corpus aduciendo que la vida de su patrocinado corre peligro a causa del Coronavirus.

    Por esas cosas que tiene la “democracia morbosa” la solicitud ha sido admitida a trámite para ser vista  en sala, sabiendo el delincuente, su abogado y los magistrados que será denegada.

     Entonces cabe preguntar: ¿Qué pretenden? ¿Por qué dicha solicitud es  presenta en estos momentos  de pandemia? ¿Será para bajar en  algo la marea noticiosa del pandemonio político a causa de los nuevos hechos de corrupción? ¿Porque la llegada a la meseta tardará aún mucho más?

    Intuimos también que es una manera que tiene Abimael de decir ¡presente!, aquí estoy, seguimos vigentes “pese a que mi cuerpo está achacoso”, pensaría; también para  soltarle un mensaje a los comunistas del Congreso buscando una amnistía humanitaria general. Es más, estamos en el mes de mayo: pues, un 17 de mayo de 1980 en el humilde pueblo ayacuchano de Chuschi nació este Sendero Ominoso de la mortandad masiva. Nada es casual ni gratuito en el ejercicio de la  política barata.

    Ahora resulta que el machazo  “doctor muerte”, que mató a más de 60 mil peruanos según el Informe de la Comisión de la Verdad, teme a la muerte a causa del virus Covid-19, va a sufrir, agonizar, morir y, por fin,  ser cremado clandestinamente. No tendrá mausoleo. Nos toma por ingenuos; lo que quiere él (y sus esbirros) es que su cadáver no sea cremado, desea morir de “muerte natural” para que su sepelio sea en olor a multitud. Cree ser un “revolucionario” mítico.

    Sin embargo, a  nuestra enclenque democracia le conviene que sea cogido por el virus para que su cuerpo sea cremado, y punto, así evitaríamos que sus huestes celebren, quedándose con “los crespos hechos” (incluido su rabioso abogado de apellido Crespo). “Muerto el perro, muerta la rabia”, como solemos  decir.

    Por otro lado, llama la atención  que esta noticia no haya sido comentada ni por el canal de televisión del estado ni por los canales privados, salvo por el canal nueve en un programa de farándula, incluso reproduciendo un reportaje para que los adolescentes y jóvenes de hoy tomen consciencia de las atrocidades cometidas por Abimael (que no fue un “jugador de fútbol” o un líder “revolucionario”, como creen muchos) 

    Al igual que el Covid-19 también el “virus” del terror se originó en el mercado ideológico de China, allí en tiempos de la autocracia de Mao Tse-Tung fue instruido en la ideología de la crueldad del terror el “sacha filósofo” arequipeño Abimael Guzmán Reynoso.

     A su retorno y afincado  ya (por los años de la década del 60 del pasado siglo) como “profesor” en la Universidad Nacional de Huamanga, fundó su organización terrorista bajo el nombre  Partido Comunista-Marxista-Leninista-Maoista, “Sendero Luminoso”. Desde allí el “virus”- a través de su denominado “pensamiento Gonzalo” se extendió por contagio e imposición por casi todo el “cuerpo de la nación”. Hasta hoy existen “infectados” y asintomáticos, lo cual es mucho más grave, apoyados por los reciclados bajo etiquetas populistas.  

    “Quiero que lo metan a la cárcel, pero que no escape”, respondió un niño de 12 años el día 20 de setiembre de 1992 en un programa dominical de TV; estaba amputado de una pierna  como consecuencia de la explosión de un coche-bomba. Fue un trágico y real pedido infantil, ante la trascendencia de la captura de Abimael Guzmán (acaecida en la noche del día  12 de setiembre de 1992 en el distrito de Surco, Lima).

 ¿Cuál fue la diferencia entre ese cuerpo infantil tullido (y el de los miles de otros cuerpos muertos y heridos) frente al rechoncho cuerpo de Abimael que  apareció en traje a rayas cual preso enjaulado, perorando sandeces “revolucionarias”,  desnudándose mansamente, ante las cámaras de la TV?

  El cuerpo del niño sintetizaba-hasta hoy- todos los cuerpos asesinados de las víctimas; en cambio, la singularidad e insularidad repelentes del cuerpo adiposo de Abimael patentizó, en ese momento- y para la posteridad- , la decadencia y caída del líder y  su cúpula. Traicionado  por su propia concupiscencia

     Cuerpo que ahora teme morir contagiado por el mortal coronavirus. Pobrecito, ya no podrá bailar “Zorba el griego” ni beber vino francés. Lo del habeas corpus es una treta porque está aislado, nadie podría contagiarlo.

 Merece seguir padeciendo la  peor de las sentencias: la muerte lenta, lenta, lentísimamente. En total abandono y soledad. Esperemos que sea más de 100 años de soledad. 
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 29 de mayo de 2020. Luis Alberto Arista Montoya.
 

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