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CULTURA DEL CAFÉ

Luis Alberto Arista Montoya* Cada 28 de agosto en Perú celebramos el Día de Los Abuelos, y el día del Café Peruano. Esta vez estas celebraciones se dan en medio de esta pandemia que atenta sobre todo contra la salud de los taytas (abuelo o papá viejo), e incluso contra uno de nuestros más placenteros hábitos de vida

CULTURA DEL CAFÉ



26/09/20 - 17:23

Luis Alberto Arista Montoya*

Cada 28 de agosto en Perú celebramos el Día de Los Abuelos, y el día del Café Peruano. Esta vez estas celebraciones se dan en medio de esta pandemia que atenta sobre todo contra la salud de los taytas (abuelo o papá viejo), e incluso contra uno de nuestros más placenteros hábitos de vida: ir a beber, con algún amigo(a), una sabrosa taza de café en alguna de nuestras cafeterías preferidas aderezando una íntima conversación, que tanto extrañamos ahora. Es más, el consabido velorio con su respectivo cafecito para familiares y allegados ya no van más, no se sabe por cuánto tiempo.  

 Pero este coronavirus no “contaba con nuestra astucia” (como diría el Chapulín colorado), pues ahora los peruanos hemos aumentado nuestro consumo diario de café: en nuestras casas sea en el comedor, en la sala o en la cocina al abrigo de nuestras tushpas, junto a la familia, suscitando la convivencia familiar y, también, en buena hora, para bien de nuestra Agricultura Familiar cafetalera. Bebemos café sea en la hora del desayuno, a media mañana, sea a la hora del lonche, o en cualquier momento para seguir laborando con ahínco. Además, es una bebida nutritiva, antioxidante.

Es más, en todo el mundo la cultura del café va en paralelo con la cultura del diálogo, de la charla o conversación. En nuestro país el consumo del café todavía es muy escaso, la prueba está en los bajos índices de consumo, además en las grandes ciudades como Lima, por ejemplo, existen pocas buenas cafeterías. No obstante tener buenos productores de excelentes cafés tanto en la amazonia como en la ceja de selva. Los mejores proceden de los “temples”, es decir, de territorios de clima templado cercanos a ríos o quebradas. 

Todo esto viene a cuento a raíz de la buena información que nos da la Central del Café y Cacao: que las importaciones para el consumo nacional se habrían elevado durante la pandemia, con un incremento de sus ventas en cerca de 55% este año. La cuarentena obligatoria y el confinamiento voluntario, seguramente, han contribuido a consumir más café en los hogares, ayudando a reforzar- mediante el diálogo interfamiliar- nuestra autoestima por contar con un aromático café de buena calidad.

Nuestro nivel de exportación al extranjero es todavía bajo (ahora la pandemia nos retrasará aún más). De Latinoamérica, los café de Brasil, Colombia y Guatemala son los que tienen buena preferencia en el mercado europeo (cuya gente practica cotidianamente la mejor cultura del café a nivel mundial), junto a los excelentísimos café procedentes del África (no por algo Etiopía fue la cuna del café). Perú tiene que ingresar a estas grandes ligas promoviendo una buena política pública de agro-exportación de café y cacao; y con un sostenido marketing internacional conforme hizo Promperú con nuestra quinua, nuestro pisco y otros productos.

 Cuando uno llega a alojarse, por ejemplo, a un buen hotel en Río de Janeiro, te dan la bienvenida invitándote una tacita de café mientras te registras. (Esto puede imitarse en los hoteles de Chachapoyas porque la región Amazonas produce muy buenos cafés; y que la tacita de loza lleve inscrita en la parte superior la siguiente frase: “Chachapoyas, mucho gusto”, y en la parte inferior el logo del hotel)

Mientras tanto cuidemos las plantaciones de cafetos sembrados por la Agricultura Familiar (de 9 hectáreas hacia abajo) de dos plagas: de la roya amarilla (una especie de “coronavirus”, parásito que ingresó a Perú en 1979) que mata las plantas destruyendo sus hojas, y del zancudo llamado shimbo que chupa la miel de los granos maduros antes de ser cosechados, y que pica a los seres humanos produciendo alta fiebre.  Esto lo sabemos no solo por estudios sino porque en Amazonas, nuestros abuelos y padres, nos enseñaron   vivencialmente in-situ en nuestra chacra llamada Montalván (situada en el pujante distrito de Pedro Ruiz, provincia de Bongará). Va este recuerdo en homenaje a esos eternos abuelos que nos enseñaron a cosechar y beber el tradicional café caturra.

La región Amazonas tradicionalmente produce sabrosos cafes en Rodríguez de Mendoza, en Pisuquia, en Bagua, Utcubamba y Bongará. Lo que hace falta – con miras al año 2030- es establecer una meta para convertir a nuestra región en zona de exportación que esté a la altura de los producidos en Sandia (selva de Puno), de Villarica, Oxapampa, Chanchamayo, Jaén, San Ignacio, Pichanaqui (Junín), Lamas (en San Martín), de la Convención (Cusco), y otros lugares.

¡Ah!. Por último, no olvidemos lo siguiente, como decía el padre de este escribidor “que nada mejor que   una buena taza de café amarguito, calientito y dulcete para destorcer el cuerpo y recuperar energías”. Palabras mayores. Sobre todo, en este convulsionado tiempo en que debemos estar juntos para derrotar al enemigo invisible que nos rodea a todos sin miramiento alguno. ¡Salud paisanos con un buen sorbo de CAFÉ AMAZONENSE! 
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 31 de agosto. Luis Alberto Arista Montoya.
 

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