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REBELIÓN DE LOS PULPINES DEL CAMPO

Luis Alberto Arista Montoya* Mientras redacto este editorial, en los fundos agrícolas de la región Ica contiguos a la carretera Panamericana Sur, se viene generando una gran movilización de sus trabajadores que llevan ya bloqueando dos días (lunes y martes) la carretera

REBELIÓN DE LOS PULPINES DEL CAMPO



03/12/20 - 05:32

Luis Alberto Arista Montoya*

Mientras redacto este editorial, en  los fundos  agrícolas de la región Ica contiguos a la carretera Panamericana Sur, se viene generando una gran  movilización de sus trabajadores que llevan ya bloqueando dos días (lunes y martes) la carretera, bajo una intervención bastante desanimada de la policía nacional, es que sus miembros han sido maltratados y se espera que, con la renuncia forzada del ministro, se calmen las aguas y los fuegos. 

Es posible que pronto (hoy miércoles) la mesa de diálogo encuentre una salida; si fracasa se radicalizarán, incluso pueden pedir la renuncia del ministro del sector (a propósito quién es…está como ausente) 

Las masas exigen  la derogatoria de la  Ley de Promoción Agraria extendida hasta el 2031 mediante el Decreto de Urgencia 043-2019, promulgada (sin perspectiva histórica) por el vacado presidente Martín Vizcarra. En el Perú existen 360 grandes empresas dedicadas a la agro-exportación. Este sector, junto a la minería y el turismo (hasta antes de la pandemia) constituyeron los tres pilares del desarrollo económico, constituyéndose en nuestras cartas de presentación para la firma de los Tratados de Libre Comercio (TLC). Pero este enorme cuerpo de bonanza tenía (tiene) las patas carachosas, como las tiene el bello y vanidoso pavo real; creció a expensas de los mal pagados y peor tratados trabajadores que en su gran mayoría son trabajadores jóvenes reclutados por compañías informales de services, burlando todos sus  derechos laborales. Cada trabajador gana  solo 37 soles diarios, rompiéndose el lomo de sol a sombra, sin  horas extras, seguro social, sin compensaciones.    

Es posible que esta ola de protestas se produzca también en el norte de Perú: en la Libertad, Lambayeque, Tumbes y Piura, lugares donde también  las grandes empresas agro-exportadoras vienen generando riqueza de divisas pero a costas de un injusto régimen de jornaleros (para tiempos de campaña de siembra, deshierba, cutipa, cosecha y acopio). La mayor parte de estos trabajadores y trabajadoras   bajan periódicamente de las alturas andinas y  de las montañas  para enviar algún dinero a sus familiares que se quedan en su lugar de origen a trabajar paupérrimamente en  sus pequeñas chacras, corrales y potreros comunales. En esos territorios están los grandes bolsones de extrema pobreza.

Esta migración interna es un fenómeno de masas que viene desde los años veinte del pasado siglo, creando enormes abismos sociales entre la ciudad y el campo, a causa del centralismo y del olvido del campo. Fenómeno socio-histórico que lo estudió  por vez primera (en 1929) el joven Jorge Basadre diciendo  que: “Al lado de la división “horizontal” (Costa/Sierra/Selva) de la sociedad existe también una división “vertical” (Perú profundo/Perú legal). Es la división entre el campo y la ciudad. Todas las funciones de dirigir y gobernar en cualquier forma tienen su centro en la ciudad (limeñocentrismo). El campo es reservorio, base, sustento y aliento de la ciudad; pero si rompe su vínculo con ella marcha hacia la estagnación ahistórica o  la rebeldía bárbara” (pagina 248) tal como lo  estamos viendo en estos momentos en Ica. Es por eso, para comprender esta rebelión social invito- sobre todo a los jóvenes de la autoproclamada “Generación del Bicentenario”- a leer la obra  La Multitud  la Ciudad y el Campo de Jorge Basadre Grohmann, otrora joven epónimo de la Generación del Centenario 

La gran mayoría de estos jornaleros de la región Ica (y de otras regiones costeras) son jóvenes al igual que los de la generación urbana del bicentenario. Son  coetáneos porque frisan la misma edad (entre  18- 30 años); son contemporáneos porque comparten el mismo y azaroso tiempo presente; y son coterráneos porque ambos han nacido en esta tierra llamada Perú. Los urbanos tienen calle, los rurales tienen carreteras, son  sus respectivos espacios públicos de protesta. 

 Los jornaleros de esos grandes fundos son los “pulpines” del campo. Casi nadie se acuerda de ellos. Son los excluidos, no se los visibiliza en el mapa del Perú oficial; mientras que en  Lima (centro del poder político histérico) la “clase dirigente” se llena la boca aduciendo que hay que promocionar la Agricultura Familiar,  verdadera despensa de los comedores urbanos de mantel blanco. Incluso, desde el Ejecutivo acaba de cambiar el nombre del ministerio, desde hace algunos días se llama Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego. “¡Gran transformación!”, aumentando más burocracia con la creación del  viceministerio de Agricultura Familiar,  que ojalá no sea un simple saludo a la percudida bandera nacional.

Estos jóvenes jornaleros también en cierta forma pertenecen a la Generación del Bicentenario, pero separados por abismos sociales. Ambas necesitan para consolidarse de hombres epónimos que los representen real y simbólicamente, salidos de sus propias canteras. Son generaciones de ruptura y no generaciones de acumulación.

 En las ciudades está  constituida por jóvenes urbanos que gozan y sufren las patologías de una modernidad inconclusa e injusta. Es una generación digitalizada, conectada y enredada en la telaraña de las redes sociales. De ahí que se explique la convocatoria espontánea y rápida para su movilización y protesta el 14 de noviembre pasado-14N. En cambio, los jóvenes agrícolas jornaleros (que  en su  gran mayoría también  porta un celular, junto a su lampa o machete) se han rebelado porque tiene  conciencia de clase que les permite conocer (y reaccionar) vivencialmente la injusticia proveniente del mundo sistémico (político, administrativo, legal, laboral) que opaca y apoca su cotidiano mundo de vida. Es por eso que están sindicalizados. Claro que esta toma de conciencia  también está presente en los  jóvenes urbanos, porque la gran mayoría de ellos también trabajan bajo services u órdenes de servicio,  o estudian en condiciones  paupérrimas, y una gran mayoría son ni/ni: ni trabajan ni estudian.

Y preguntémonos de paso: ¿La masificada generación del bicentenario por quién votará en las próximas elecciones generales de abril próximo? ¿Con cuál de los líderes de ese pobretón menú político se identifican?, o ¿votarán en blanco o viciado? Es posible que crezca el ausentismo por motivo del coronavirus y a causa de la pandemia de la corrupción…  
 
Finalmente, en realidad los pulpines del campo no constituyen en sí una generación orgánica. Integran toda  una gama   de promociones informales de gente que  por oleadas bajan -cual trabajadores golondrinos-   de los andes y montañas hacia  la costa a realizar trabajos eventuales en las grandes plantaciones de uvas, espárragos, arándanos, paltas, caña de azúcar, arroz, etc. Productos bandera de nuestra agro-exportación. Según los informes técnicos, a  partir del año 2005 las exportaciones agropecuarias no tradicionales pasaron  de poco más de mil millones de dólares a seis mil trescientos dos millones durante el 2019. Pero aprovechando el trabajo de  estos jornaleros que  son explotados por muchas empresas inescrupulosas. Los derechos de los trabajadores tienen que ser respetados y defendidos por el Estado a través de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral-Sunafil, con una fiscalización permanente y justa. No se trata de curar levemente heridas como si fuera una mera pomada de sulfanil. 
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 2 de diciembre de 2019. Luis Alberto Arista Montoya.
   

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