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CAPITALISMO POPULAR

Luis Alberto Arista Montoya* Esperamos que en el próximo debate entre técnicos de ambos partidos que compiten por ganar la presidencia del Perú, es decir, tanto los técnicos de la izquierda radical liderada por Pedro Castillo como los técnicos de la derecha conservadora liderada por Keiko Fujimori, aborden la importancia del capitalismo popular

CAPITALISMO POPULAR



21/05/21 - 06:12

Luis Alberto Arista Montoya*

Esperamos que en el  próximo debate entre  técnicos de ambos partidos  que compiten por ganar la presidencia del Perú, es decir, tanto los técnicos de la izquierda radical liderada por Pedro Castillo como los técnicos de la derecha conservadora liderada por Keiko Fujimori, aborden la importancia del capitalismo popular para lograr un desarrollo inclusivo, equitativo en  tiempo de pandemia

En medio de la maraña de mentiras, de medias verdades, de promesas y de tergiversaciones populistas, es importante el papel que cumple el investigador de  Historia de las Ideas en el Perú contemporáneo, con el fin de esclarecer la verdad y orientar al ciudadano  para que su elección y votación sea bien fundamentada. 

Esa es nuestra tarea. En la presente coyuntura electoral algunos candidatos, muy sueltos de lengua, han ofrecido promocionar un capitalismo popular, con el fin de lograr votos de los emprendedores y de los trabajadores de las micro y pequeñas empresas (mype), sin preocuparse de  explicar acerca de la   trascendencia que tendrán en tiempos de pospandemia para superar  la década de retroceso en  pobreza que sufre el Perú.

Algo dijo sobre el  capitalismo popular el economista Hernando de Soto, pero le faltó énfasis y claridad en su propuesta. El viene estudiando las virtudes de esta forma de capitalismo desde la década de  los años 90 del siglo pasado. Su libro “El misterio del capital” es prueba de ello: allí se refiere a la importancia de la formalización de la economía informal (que constituye el 70%), de la formalización de los títulos de propiedad privada para que se constituyan en garantías crediticias para formar micro o pequeñas empresas. También en su primer libro “El otro sendero”, planteó algo sobre  la importancia del capitalismo popular.

 Pero ¿cuáles son sus fortalezas, sus debilidades y oportunidades ante la imponente competencia de la mediana y gran empresa capitalista conocido como  capitalismo de inversión/y reinversión, sea como capitalismo nacional, sea como capitalismo extranjero, sea como capitalismo transnacional, o de alianza público /privada (APP)? Ahí está la cuestión: las anchovetas y tiburones  comparten necesariamente las aguas del mismo océano. Ahí es cuando un Estado verdaderamente moderno tiene que tener buenas instituciones fiscalizadoras y contraloras para evitar el abuso del más fuerte, cosa que en  Perú, a lo largo de sus 200 años de vida republicana,  no se viene dando, porque el manejo del Estado siempre ha sido empírico, deficiente.

El historiador Jorge Basadre nos enseñó la importancia de una buena Historia de la Ideas para que tanto los podridos (corruptores y corrompidos), como los congelados (fanáticos y dogmáticos) y los incendiados (terroristas y conspiradores)- que son los enemigos del Perú actual- no sigan llevando a nuestro país al filo de la pendiente.

No. No fue Hernando de Soto- como se ufana- el que creó y propusiera por vez primera el concepto de capitalismo popular. No. Es de justicia histórica decirlo que quien introdujo dicho concepto en el Perú fue Víctor Raúl Haya de la Torre. Pues, en  la década de los años  60 el líder y fundador del APRA- lo recuerdo en mi calidad de asistente  independiente- impartía magistrales conferencias todos los domingos al gran público en los cinemas  de Lima; donde  casi siempre aconsejaba  leer “El Capitalismo del desperdicio” y “El Capitalismo popular” del economista austriaco  Adolf Kozlik (nacido en Viena en 1912, murió en París en 1964). Haya los había leído en 1966 la primera edición que se publicó en  versión alemana.

Dos años después, este escribidor,  encontró dicho libros en el kiosko de  un vendedor de libros antiguos (llamado familiarmente como librovejero). Lo estoy releyendo ahora para comprender el sombrío panorama que padece nuestro Perú. Haya fue partidario de la defensa y promoción de este capitalismo popular que se afincó en el Perú desde los años 20 en las grandes ciudades costeñas, que es cuando llegan las primeras migraciones del campo a la ciudad, y comienzan a crearse micro y pequeñas empresas a su libre albedrío, sin que ni el Estado, la Academia y las ONGs  les presten oído alguno. Hasta hoy en día son las ovejas negras del rebaño.

El Perú de hoy sigue siendo un país malformado por la informalidad tanto como por la formalización codiciosa de las grandes empresas que se valen de los informales y de los ambulantes para colocar sus productos en calles, veredas y parques, para ganar más. Todo por la engorrosa burocracia política y la tramitología financiera y legal que los impide   lograr la ansiada formalización.

El capitalismo popular por originarse y brotar desde el seno de la propia comunidad es el que está más cerca de la gente. Tiene un carácter netamente  comunitario, con vistas a crecer. 

Según el INEI, actualmente existen dos millones y medio de empresas, de las cuales el 99,4 % son medianas y pequeñas empresas (mypes). Generan  alrededor del   85% de empleo en el país. Representan el 88,6% del total de proveedores del Estado. De las 8,400 empresas que exportan  de forma directa, el 64,5% pertenecen al régimen mype. Tienen como desafíos pospandémicos: su formalización, gozar de alternativas de financiamiento y desarrollar un  trabajo digital, para lograr su inclusión financiera. 

Es necesario pues, un nuevo Estado que  reactive, defienda y promueva la consolidación de este capitalismo popular que siente, piensa y actúa como la gente común y corriente.

 Y como dice  Adolf  Kozlik, que al aumentar el ingreso  de los obreros, operarios, empleados, funcionarios y agricultores en tal medida que puedan ahorrar una parte e invertirla en acciones, con lo cual llegarán a ser pequeños capitalistas; convirtiendo  al pueblo entero en capitalistas mayores o menores, con lo que el capitalismo  se ha de transformar en “capitalismo popular”; transfiriendo las empresas hacia la propiedad del pueblo entero; fusionando a todas las clases en una sola clase media de capitalistas trabajadores; disolviendo las oposiciones (odios) de clase en un interés común, sustituyendo la lucha de clases por la cooperación en favor de este interés común: el aumento de la producción y, por lo tanto, del ingreso.

Este no es un utópico modelo económico. Es un micro modelo de economía social de mercado que a su vez se desarrolla dentro de un   Macro Modelo de  Economía Social de Mercado. Pero para que ello sea posible es necesario no una nueva (o renovada) Ciencia de Economía, sino una creativa Economía Política, diseñada desde un Estado Ético, y desde una ciudadanía educada democráticamente.
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 20 de mayo de 2021, Luis Alberto Arista Montoya.
   

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