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ESCÚCHANOS, HOMBRECITO

Luis Alberto Arista Montoya* Wilhelm Reich (nació en Austria en 1897 y falleció en 1957 en EE.UU), fue un psicoanalista, sexólogo y político, discípulo de Sigmund Freud. A partir de 1939 abandonó el marxismo. Investigó sobre las relaciones entre la biología y el poder, y sobre la represión sexual de los obreros dentro del sistema capitalista y socialista.

ESCÚCHANOS, HOMBRECITO



13/02/22 - 13:56

Luis Alberto Arista Montoya*

Wilhelm  Reich (nació en Austria en 1897  y falleció en 1957 en EE.UU), fue un psicoanalista, sexólogo y político, discípulo de Sigmund Freud. A partir de 1939 abandonó el marxismo. Investigó  sobre las relaciones entre la biología y el poder, y sobre la represión sexual de los obreros  dentro del sistema capitalista y socialista.

En 1978 se publicó su libro póstumo  titulado “Escucha, hombrecito”, una especie de manifiesto y de diálogo con todos los seres humanos que quieren oírlo, donde desenmascara las trampas del sistema dominante.

 Al ver a Pedro Castillo- actual inquilino precario de palacio de gobierno-, sin sobrero, me di cuenta que  la copa de su sombrero lo hace aparecer de mediana estatura, con más de 10 centímetros. Es un “hombrecito”, diría Reich. Física, mental,  moral   y culturalmente ha de sentirse pequeño hombrecito, sufriente del complejo de apocamiento (sentirse “poca cosa”, inferior, pero con poder que no sabe ejercerlo porque no se explica cómo lo logró). Los de su entorno íntimo, y algunos de sus ministros, creo, que son también  pequeños hombrecitos, pues se sienten en su gloria. 

Para corroborar esta hipótesis recurro a Reich, por lo que paso a glosar algunas de sus ideas de su libro “Escucha, hombrecito”, que nos pueden ser útiles para comprender la psicología del presidente Castillo, ya que algunos psicoanalistas peruanos que escriben en algunos diarios nos confunden aún más.

Quiero decirte cómo eres, hombre común, porque verdaderamente creo en tu gran futuro- escribe Reich. Tu gran futuro te pertenece, sin duda alguna. Por eso: mírate primero a ti mismo. Obsérvate cómo eres realmente. Escucha  lo que no se atreve a decirte ninguno de tus dirigentes ni de tus representantes:
Eres un “pequeño hombre vulgar”. Comprende el doble sentido de estos dos términos: “pequeño” y “vulgar”…
¡No huyas!- le reclama Reich al hombrecito- ¡ten el coraje de mirarte a ti mismo!

“¿Con qué derecho quieres darme consejos a nombre del pueblo´”?. Veo esta pregunta en tus ojos temerosos [a pesar de tu sombrero y  mascarilla anti-Covid]. 

Oigo que esta pregunta sale de tu boca impertinente, hombre común. Tienes miedo de mirarte a ti mismo, temes la crítica, hombre común [sobre todo de la que llamas “prensa basura”],  del mismo modo que temes el poder que te prometen  [los integrantes  de tu “gabinete en la sombra”]. No sabes cómo deberías usar tu poder. No osas pensar hasta el final que alguna vez podrías sentir tu mismidad de otra forma que hasta ahora: libre, en vez de encorvada; sincera, en vez de táctica; amando a pleno día y no como un ladrón, al amparo de las tinieblas. Te desprecias a ti mismo [pero nunca a los “dinámicos del centro”], hombre común. Dices: “Quién soy yo para tener una opinión, para determinar mi vida y para declarar mío el mundo”. Tienes razón: ¿Quién eres tú, para reclamar por tu vida?

Te diré quién eres, le dice el psicoanalista Reich. Sólo en una cosa te diferencias del genuino gran hombre: el propio gran hombre fue una vez un hombre muy pequeño, pero que desarrolló una única cualidad importante: supo reconocer cuándo pensaba y actuaba con pequeñez y mezquindad. Bajo la presión de alguna tarea que le tocaba el corazón, aprendió a percibir con mayor claridad en qué oportunidades su pequeñez y mezquindad ponían en peligro su suerte. Por tanto, el gran hombre sabe cuándo y cómo es un hombre pequeño. El hombre pequeño no sabe que es pequeño y teme enterarse de ello. Tapa su mezquindad y estrechez con ilusiones de fuerza y grandeza, de fuerza y grandeza ajenas. Está orgulloso de sus grandes generales [chotanos], pero no de sí mismo. Admira la idea que él no ha tenido y que no la que ha tenido él. Sus creencias son tanto más firmes, cuanto menos comprenda el objeto de las mismas. Y no cree en la corrección de los pensamientos que más fácilmente entiende…

El hombre común- termina diciendo el psicoanalista Wilhelm Reich – no quiere oír la verdad sobre sí mismo. No quiere la gran responsabilidad que le compete y que tiene, quiéralo o no. Quiere seguir siendo un  hombre pequeño, o convertirse en un pequeño gran hombre. Quiere llegar a ser rico, o dirigente de un partido [del Partido Magisterial, aunque sea].

Postdata: Toda semejanza con personas vivas o muertas es meramente casual.
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 13 de febrero de 2022. Luis Alberto Arista Montoya.
 

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