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KUÉLAP: ENTRE PENAS, FURIAS Y PROPUESTAS

Luis Alberto Arista Montoya* Desde que el día 31 de enero de 1843 don Crisóstomo Nieto te descubriera fortuitamente en medio de una enmarañada floresta, hasta el fatídico día 10 de abril de 2022

KUÉLAP: ENTRE PENAS, FURIAS  Y PROPUESTAS



22/04/22 - 04:20

Luis Alberto Arista Montoya*

Desde que el día 31 de enero de 1843  don Crisóstomo Nieto te descubriera fortuitamente en medio de una enmarañada floresta, hasta el   fatídico día 10 de abril de  2022 en que uno de tus muros se viniera abajo, mucha agua del sinuoso río Utcubamba ha corrido por debajo del puente de  Tingo. Entonces, querido Kuélap, eres portador de  una rica y antigua  temporalidad histórica.

También muchas personas (y personajes) e instituciones te han cuidado o administrado, con mayor o menor esmero. Al principio algunos   te nombraron como  “importante antigüedad”, otros como “ruinas” arqueológicas, o como un conjunto de “chulpas”, una gran mayoría como “Fortaleza”, otros como “Ciudadela” o “Complejo Arqueológico”, tal como  algunos arqueólogos recomiendan ahora nombrarte, debido  a que desde tus orígenes fuiste multifuncional: sea como lugar sagrado, como  centro administrativo y recinto de viviendas, como edificación para la defensa militar, o como centro de acopio de alimentos para tiempos de escasez.

Lo cierto es que Kuélap es y seguirá siendo Kuélap (que traducido  significa “lugar frío”). Es el espejo donde los amazonenses miramos intencionalmente nuestra identidad,  para sentir orgullo y pertenencia a la gran Cultura   Chachapoya. Seguirás siendo nuestra  FORTALEZA DE KUÉLAP. Ahora más que nunca. Porque esta mayestática arquitectura, que tiende a desmoronarse si no la cuidamos, necesita mostrarse ante el mundo  entero como testimonio de una ancestral   fortaleza pétrea y terráquea, porque sus orígenes provienen de la riqueza cultural del  Antiguo Perú. Todo un reto que implica a nosotros- sus moradores-  asumir  una aguerrida fortaleza mental y espiritual para hacerla  respetar como Bien Cultural. Pero deslindando responsabilidades, investigando  descuidos y aprovechamientos, y condenando a los funcionarios que actuaron con desidia, indiferencia e incuria. La Contraloría General de la República, ahora más que nunca, tiene que intervenir drásticamente, sin miramientos.

Conjugando nuestras fortalezas personales e institucionales enfrentaremos las amenazas que atentan contra nuestro patrimonio cultural, patrimonio natural, patrimonio cultural inmaterial y nuestro patrimonial cultural vivo. Es hora que honestos expertos tomen decisiones: exijan al Estado (en  sus  tres niveles) actuar más allá de la doble monserga de la “declaratoria de emergencia”; con prontitud, eficiencia y prudencia científica, con un buen presupuesto para encontrar las oportunidades de resucitación/restauración/conservación de Kuélap. Se trata de rescatar el Cuerpo/Espíritu de Kuélap que ahora se encuentra en “cuidados intermedios”,  con visos de llegar al estado crítico de  “cuidados intensivos”  si es que nos mantenemos adormilados o somnolientos. ¡Es tiempo de no callar! ¡De no hablar a media voz!  Que nuestras penas y furias se traduzcan en  propuestas lógicamente construidas: para ello existe la Escuela Cusqueña de Restauradores, que salvaron a Machu Picchu, Sacsayhuamán y otros sitios; o recurrir a los técnicos especializados en construcciones monumentales de piedra del Museo Antropológico de México.

Improvisadas intervenciones

Además, existe la evidencia que en las dos últimas décadas  Kuélap ha padecido de algunas improvisadas intervenciones,  algunos de sus gestores y ejecutores  han llenado  sus arcas personales  con total cinismo, elaborando largos “perfiles de proyecto”, estudios de “pre-factibilidad”, sin realizar ningún trabajo concreto de prevención y restauración de la Fortaleza de Kuélap, que felizmente resistió con aplomo el terremoto del 28 de noviembre pasado, pero seguramente sus muros quedaron removidos. Aun así no se tomaron medidas de prevención, hasta que llegaron las frías y torrenciales lluvias. El contexto de pandemia fue fatal también, se abandonaron ciertos trabajos por miedo al coronavirus.

La famosa Comisión Especial para Coordinar y Supervigilar el Plan Turístico Cultural del Perú, más conocida con el rimbombante nombre de Plan Copesco ha fracasado  en la restauración de Kuélap. Ya fue. No debe regresar. Pues,  sus técnicos que viven en Lima conforman una “argolla burocrática” a la manera de un “club de la construcción”, para repartirse proyectos rentables);  no han dado cuenta de sus resultados a la sociedad amazonense ni a la Academia Cultural Nacional, nada de nada sobre  sus “trabajos de rescate”, solo han informado - dice mi fuente - furtivamente a los ministros de turno: del Ministro de Comercio Exterior y Turismo, y del Ministro de Cultura (ministros que cambian constantemente, además). Donde el presidente del Gobierno Regional de Amazonas, el Director Regional de Cultura y el de Turismo, han estado (y están) pintados en lejanas paredes. La sociedad civil  ha obviado la fiscalización de esos lucrativos proyectos. Solo algunos  medios de comunicación advirtieron de estos  funestos trabajos improvisados.

De acuerdo a una fuente de buen fiar COPESCO fue creado en Cuzco (el 25 de abril de 1969), inicialmente para canalizar los fondos del Banco Interamericano de Desarrollo-BID y del tesoro público, para el desarrollo turístico del eje Cusco-Puno; por los años 90 el INC-Cuzco priorizó con Copesco proyectos de rescate en diferentes sectores: el dinero se entregaba de acuerdo a los avances de cada obra y era fiscalizado por la autoridad responsable: para carreteras y autopistas por Transportes; por  el ministerio de salud para obras de saneamiento y centros médicos; por el Instituto Nacional de Cultura para la restauración de monumentos, etc. En nuestro caso, recibíamos los fondos y previa valorización y documentación de gastos nos reembolsaban lo gastado…

COPESCO debió desaparecer al término del financiamiento del BID y conclusión de los proyectos, pero luego, a partir del año 2000,  el “club   Copesco” empezó a realizar otros proyectos por su cuenta (pero sin asumir  riesgo alguno) con fondos del Tesoro(es decir con nuestra plata, por los impuestos que pagamos) y para ello contrataron  - con jugosos sueldos -  a consultores y  técnicos de diferentes sectores para trabajar en proyectos de toda laya con el fin de crear destinos turísticos a raja tabla.

También empezaron hacer restauración de monumentos arqueológicos y arquitectónicos, Plazas Mayor (como la cuestionable intervención de la Plaza Mayor de Chachapoyas, desvirtuando su identidad urbana), a construir carreteras, rellenos sanitarios, servicios de saneamiento, etc.

Después, inconsultamente, Copesco fue trasladado (en el  2015) a  Lima (¡La “bendita” Centralización!), creándose Copesco-Nacional, dependiente del ministerio de Comercio Exterior y Turismo, hasta hoy en día. Y como los cusqueños protestaron   se mantuvo Copesco-Cuzco,  y así viene  funcionando, disminuido y dependiente ahora del Gobierno Regional.

COPESCO-Lima desde el principio consideró que  los Bienes Culturales eran tan solo  “Recursos Turísticos”, sin importarles mucho su restauración, conservación y puesta en valor. Entonces, se impuso  la lógica del mercado para el negocio turístico bajo el paraguas de la globalización del neoliberalismo económico. El Estado se achicó y debilitó, sus entidades reguladoras no han cumplido (ni cumplen ahora)  su verdadero rol de controlador y fiscalizador. Pasto para el surgimiento de los “populismos silvestres”

Es así como llegamos a pensar ingenuamente  que para que la cultura tenga poder tenía que crearse un Ministerio de  Cultura-Mincul, con voz y voto en el Consejo de Ministros. Como que así fue. Se aplaudió  a rabiar. Lo cierto es que desde entonces dicho ministerio no ha tenido un buen presupuesto, una eficiente estructura; ha sido dirigido- con honrosas excepciones- por una retahíla de personas incapaces, ineficientes,  corruptas y corruptígenas, acompañadas por un gran enjambre de nuevos burócratas, consultores y asesores.

Con furia, pena y nostalgia debo decir : Que en tiempos en que la institución fue la Casa de la Cultura, e  Instituto Nacional de Cultura-INC se cuidaron mucho mejor  nuestros monumentos históricos. Con poco presupuesto, pero con poder de voluntad, firmando   convenios equitativos con empresas privadas. Con mística de peruanidad. Quizá, dada la emergencia de Kuélap amerite que el gobierno central forme una Alianza Pública-Privada-APP para reconstruirlo y conservarlo integralmente, dando en concesión temporal la administración de  la Fortaleza. O crear una Unidad Ejecutora con autonomía administrativa y económica, a la manera de Sipán o Caral, por ejemplo. Es tiempo de acción  de expertos capaces y probos.

Además,  concuerdo con mi maestro y amigo Walter Alva (descubridor del Señor de Sipán en 1987) cuando declara  con   furia y pena sobre el desastre en Kuélap, y dice: “Que  debería declararse en emergencia todo el patrimonio nacional”. Frente a las amenazas de la naturaleza y la incuria de las autoridades; sobre todo en estos momentos donde reina un caos premeditado para adueñarse poco a poco del Estado, nombrando a gente inepta con mentalidad autoritaria, chusca o ilustrada. 

El derrumbe de Kuélap es una trágica metáfora de que el Perú se está derrumbando de a pocos…Los amazonense debemos estar alertas (con ojo, pestaña, ceja, oído y agudo olfato político). A través de esta Radio seguiremos bregando a favor de la restauración integral de Kuélap: “Piedra negra sobre una piedra blanca”, como reza el título de un poema humano de César Vallejo.

-------*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 21 de abril de 2022. Luis Alberto Arista Montoya.

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