Flores por alimentos y el corazón de nuestra gente

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08/04/20 – 05:29

TRUEQUE

Por: Lucas Francisco Merino Vigil

La solidaridad se hace evidente en tiempos difí­ciles y muchas veces quienes menos tienen son los que más dan. Pero los que tienen también ven la forma de compartir para aliviar los problemas de los demás.
La solidaridad no es nueva para los chachas: lo llevan en la sangre. Desde la época preinca se define a la cultura Chachapoya como varios señorí­os o cacicazgos, que en presencia de un peligro común hací­an un solo frente para defenderse.
Tampoco es novedad el trueque, prueba de ello son los hallazgos de cerámica Huancas en Kuélap, o los restos de reptiles selváticos y hasta trozos de Spondyllus hallados entre sus viviendas, que demuestran el intenso intercambio de los antiguos pobladores de estas tierras.
Esta actitud se fortalece con la presencia inca, que trae costumbres como la Minga: el trabajo común en beneficio de otro, labor comunitaria para las labores de la tierra, para la construcción del hogar de los recién casados, para reparar pérdidas, o para superar de forma solidaria cualquier problema que un miembro de la comunidad hubiera podido sufrir.
Es una hermosa costumbre que el egoí­smo e individualidad hispana no pudo desaparecer en casi 500 años, que perdura aún en el campo y cuando pasan cosas cómo estas, nos recuerda lo grande que es nuestra gente.
El hijo de esta tierra entonces no ve esta actitud como algo extraordinario. Ni el que doña, ni el que recibe: la mira como el deber social heredado de sus padres, como parte de la herencia cultural de su pueblo y con la certeza de que esto será retribuido tarde o temprano, en suma; no lo ve como una dádiva o limosna, sino como parte de su dí­a a dí­a en el que la vida en común y la solidaridad son el pan del dí­a.
Hace un par de dí­as vimos un gran ejemplo de sensibilidad humana de los habitantes de las comunidades del Alto Imaza, centenarios pueblos que conjuntamente con las comunidades de la cuenca del Alto Utcubamba, constituyen la mayor parte de la despensa cultural de Chachapoyas, que haciendo caso a la herencia solidaria que vive en sus genes, se desprendieron de parte de sus cosechas para traerlas a sus hermanos de las zonas periféricas de la ciudad.
El Alto Imaza y sus distritos de Asunción – Goncha, Granada, Olleros, Quinjalca, Vituya, son pueblos eminentemente ganaderos, con una cada vez mejor producción de derivados de la leche y agricultura, que también siembran nueva tecnologí­a en las difí­ciles tierras de la zona, consiguiendo una cada vez más eficiente diversificacion de su producción.
Es así­ que una empresa de Alto Imaza que implementa sofisticada tecnologí­a agrí­cola para cultivar productos de exportación, vuelve a confirmar lo que les digo al donar una gran cantidad de flores a la ciudad, donación que con ingenio la comuna local propone trueque con alimentos para los que más necesitan.
Esto demuestra la gran calidad humana de las comunidades rurales chachas, que en tiempos de crisis vuelven sus manos generosas a la ciudad, lección de grandeza de espí­ritu a las administraciones que ojalá en adelante también miren al campo, para promover un desarrollo rural efectivo y equitativo a lo que hoy constituye la verdadera opción de desarrollo de Chachapoyas.

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