Gabinete a lo bonzo. Desconfianza e insensatez

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28/11/22 – 16:34

Por: Rudecindo Vega Carreazo

El cambio del premier Aní­bal Torres por Betsy Chávez es agudizar la confrontación, combustible para la hoguera polí­tica que es hoy el paí­s, es insensata decisión del gobierno de encaminarse, erróneamente, por disolver el congreso. Los dí­as venideros estarán repletos de incertidumbre, harto debate polí­tico y saturación de debates jurí­dicos, lamentablemente la crisis escalará para peor. El congreso no arrugará ante el amago? de golpe del presidente de asumir que la renuncia del gabinete Torres obedece a una denegación fáctica del pedido de confianza; por el contrario el contragolpe congresal, si se propone, podrí­a ser letal para el presidente si activa realmente la vacancia; amaga? un propio golpe para dilatar el pleito y quedarse todos; o nos sorprende, contra su voluntad, con adelantar las elecciones para presidente y congreso. Muchos escenarios son posibles, pero poco auspiciosos para el futuro del Perú.
La renuncia del premier Torres está teñida de confrontación, incapacidad y tinterillada; era un premier que litigaba no gobernaba, peleaba no gestionaba y, llevó a su gabinete a desgobernar más que gobernar. Nada útil para un paí­s necesitado de gestión y gobierno. Desacreditado el Premier, apostó, dos veces, por el voto de confianza para obligar al congreso a usar la bala de plata? o primera censura al gabinete que procure una segunda y provocar su disolución, ambos pedidos fueron tinterillada pura, que el congreso contesto con otras tinterilladas al no admitir ambos pedidos. En paralelo, el TC jugo su rol, fatal para ambos bandos, golpeo al congreso al inutilizar la acusación constitucional contra el presidente por traición a la patria y paralizó al gobierno al ratificar la constitucionalidad de la ley que el ejecutivo querí­a utilizar para pedir voto de confianza. La tinterillada discutirá si hubo o no denegación fáctica del voto de confianza y querrá convertir el debate jurí­dico en una confrontación polí­tica y viceversa. Nada bueno saldrá.  
Designar premier a quien hace seis meses fue censurada como Ministra de Trabajo por este congreso y estos dí­as tiene severas denuncias públicas de mal uso de su cargo como Ministra y congresista, es irresponsable con la institucionalidad, cachacienta provocación al congreso y enorme desprecio por los ciudadanos. El gobierno ha abandonado toda voluntad de gobernar en su afán de enfrentarse hasta aniquilarse o inutilizarse con la oposición; este nuevo gabinete no hará nada, no hay posibilidad de gestión alguna, sólo empeorará el desgobierno y enfrentamiento nacional. Es un gabinete concebido como kamikaze que terminará como bonzo; no se va inmolar disolviendo al congreso, se incinerará en su propia hoguera. 
El congreso dilatará la investidura? o voto de confianza al gabinete actual, en contra de su voluntad, el congreso alargará los 30 dí­as que tiene para presentarse, con la finalidad de procurar un pronunciamiento del TC que no ha existido denegación fáctica de confianza al gabinete Torres, de acelerar una acusación constitucional al presidente por pretender disolver inconstitucionalmente el congreso, e incluso de propiciar sin quererlo un adelanto de elecciones. La jugada presidencial podrí­a resultar un tiro por la culata, porque sus propios aliados congresales (los propios y los niños? comprados), que buscan quedarse hasta el 2026, al verse amenazados con la disolución que recorta su mandato podrí­an voltear su voto. La torpe jugada del gobierno puede haber sumado más votos en contra que a favor; aun cuando, de su lado también está la mayor torpeza de la oposición. Lo seguro es que tendremos dí­as de abierta pugna nada útiles para el paí­s.
Existe otro escenario muy real con este impresentable congreso, puede darle, rápido, el voto de confianza al nuevo gabinete y en paralelo esperar que el TC señale que no ha existido censura al gabinete Torres, para motivar otra acusación de infracción constitucional que provoque su inhabilitación presidencial. Insisto, es más probable que, el desenlace de esta crisis sea un tiro por la culata para el presidente y su gobierno; quienes le vendieron la idea de una disolución congresal al estilo Vizcarra lo hicieron dentro de un remolino que los embriaga con el poder, y quienes sueñan con un autogolpe al estilo Fujimori poco han aprendido de nuestra historia y no han entendido lo difí­cil que es encontrar polí­ticos y militares golpistas salvo que hayan decidido pasar su futuro en la cárcel.
Incomprensible esta crisis provocada por el gobierno luego que el mismo convocara a la OEA para promover el dialogo nacional, difí­cil que la Misión de Alto Nivel que recogió diferentes versiones de nuestra crisis, pueda dar razón a alguno de los polos en conflicto. La OEA puede sentirse malamente utilizada, maltratada y manoseada por el gobierno que la convoco sin tener voluntad de dialogar y concertar, puede preguntarse para que fue convocada si durante su presencia el gobierno provocarí­a un pedido inconstitucional de voto de confianza, o que sentido tení­a venir a promover un dialogo nacional si iba a tener al presidente, premier y oposición desatados en la confrontación. El gobierno prevé que el informe de la OEA no le será favorable y busca escalar el conflicto a otro nivel. Lo hace sabiendo que la OEA tampoco dará la razón a la torpe oposición que quiso vacar al presidente con una absurda acusación de traición a la patria que el TC resolvió desestimar. Seguro la OEA trazará un camino de diálogo que nuestros gobernantes y polí­ticos no darán valor ni harán caso; será una Misión inútil si los ciudadanos dejamos que esta nauseabunda situación polí­tica y gubernamental nos envuelva. 
 
La confrontación polí­tica ha adquirido también una dimensión jurí­dica, un rasgo de tinterillada que oscurece más nuestro panorama; la inagotable obsesión del gobierno y la oposición, congreso y ejecutivo por obstruirse, ponerse zancadillas y uno librarse del otro han consolidado un empate inútil existente desde el inicio del periodo gubernamental que ha llegado a un punto muerto hasta con argumentación jurí­dica, ninguno vencerá al otro y todo lo que realicen enreda, paraliza y congela ese empate en el caos. A nuestros gobernantes no les importa el Perú y a los ciudadanos parece no importarnos nuestros gobernantes, si ese empate inútil se mantiene deberí­amos prever mecanismos de sobrevivencia para los casi 4 años que quedan de gobierno y oposición y, otros 5 años de un nuevo gobierno también teñido de incertidumbre y caos. 
Larga agoní­a y sufrimiento nos espera si no asumimos un rol más protagónico que acabe con esta crisis. Ante la desgracia nacional de que se queden todos, hasta la incertidumbre de que se vayan todos para no saber quiénes vienen puede ser un acto de esperanza y fe.»

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