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Domingo, 27 de Septiembre del 2020
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LINDA LLAMADA

Pastillita para el Alma 02 – 05 – 2020 Hay frases enternecedoras que llegan al alma y más que el mensaje, es el tono como es que llegan a nuestros oídos, que mueven los conchitos de nuestros recuerdos y con la imaginación nos trasladan a rinconcitos llenos de ternura que el tiempo jamá

LINDA LLAMADA



Pastillita para el Alma 02 – 05 – 2020      

Hay frases enternecedoras que llegan al alma y más que el mensaje, es el tono como es que llegan a nuestros oídos, que mueven los conchitos de nuestros recuerdos y con la imaginación nos trasladan a rinconcitos llenos de ternura que el tiempo jamás podrá borrar.

Hace unos días mi hermano José David, el menor de los hermanos Reina Noriega, me sorprendió, pidiéndome que por las ondas de su emisora Reina de la Selva, deje un mensaje muy típico, cayendo víctima de mis añoranzas y desde luego, cargando sobre mis espaldas, la responsabilidad de hacer unas recomendaciones muy especiales, no desde el punto científico,  sino con la única justificación de la ruma de mis años vividos y de ninguna manera por conocimientos técnicos o como ejemplo de mi norma de existencia y ante la evidencia de la presencia nefasta del COVID-19, se me quebró la voz y me atreví  a decir, que era ya casi imposible que regrese a nuestra tierra bendita, olvidando por un instante que los halcones y las águilas inteligentes, siempre llevamos escondidas las garras y somos muy difíciles de ser vencidos.

Una persona a la que no conozco físicamente me llamó para decirme que desde hacía mucho tiempo quería conversar conmigo, pero no tenía la oportunidad de conseguir mi número telefónico el cual escuchó al final de mi mensaje. Me contó que escuchaba mis Pastillitas para el Alma, que vivía por más de 35 años en la fidelísima ciudad de San Juan de la frontera, que era ebanista y tenía un taller en la cuadra 8 o 9 del jirón Santa Ana.

Como olvidarme del jirón Santa Ana, paralelo a la quebrada de Santa Lucía como quien iba a Pollapampa y yendo hacia la plaza de armas el jirón Salamanca, el jirón Libertad y Ayacucho, que con los jirones Grau, Amazonas y Bongará formaban la manzana de la plaza de armas.

De la plaza de armas, la única forma de llegar al jirón Santa Ana era por el jirón Bongará, que ahora lleva el nombre de Monseñor Octavio Ortiz Arrieta. A la derecha estaba la casa de don Mariano Bardales, que llegaba hasta la puerta del mercado, hasta lo que es ahora el jirón Libertad. A la mano izquierda está la casa del obispado que continuaba con la casa de los Revoredo y el ingeniero Burga hasta la casa de don Manuel Sevillano. Pasando el jirón Libertad en la misma esquina, frente al mercado estaba la casa de los Mesías, que se prolongaba hasta lo que es ahora el jirón Salamanca y colindaba con la huerta de mi padre hasta el jirón Grau- A la izquierda en la misma esquina había la tienda de doña Rosita Villa, luego la casa de don Abraham Cachay, el famoso escultor y ebanista, que continuaba con la casa de la mamá del comandante del Ejército Luis Feijó Torres, terminando en el jirón Salamanca; en esa esquina el jirón Salamanca hacia abajo era una quebrada, casi intransitable.

Al lado del barranco, estaba la casa de doña Elodía Zubiate, hermana de la señora Dorila autora del libro Shimshanga (Que no calla nada), ellas vivían en una casa de un solo piso, rodeado de huertas con árboles frutales, donde los pichuchos, los guanchacos, los zorzales, hacían sus nidos y la quietud y la paz de su hogar, seguro  inspiraron a doña Dorila, para escribir sus leyendas y anécdotas, como Amelia la pishura, que las relataba con mucha ternura, usando los modismos de nuestra querida tierra. Como olvidar su poema, tan tierno y amoroso 

“El Pichuchito de mi tierra” 
Pichuchito color nada
Diminuto y milenario
Siendo el único mimado
Hoy de todos olvidado
Te quedaste solitario
Con tu eterno Pichunnn… chirrr, 
Pichunnn… chirrr … …

En una parte de la casa, frente al hoy jirón Ortiz Arrieta, estaba alquilado al señor  Aurelio Soto, casado con doña Rosita Guevara, de quienes dos de sus hijos vinieron a Lima y según me cuentan fundaron la pizzería La Romana. Después de la huerta de doña Elodía estaba la casa huerta de don Moisés Chuquipiondo y don Samuel Valqui de Pollapampa. En la acera del frente vivía don Nelson Fernández casado con Marthita Chávez Arroyo, luego el caserón de don Tobías Salazar Reyna, con sus jardines y su huerta llena de flores y árboles frutales, seguía la casa huerta de don Panchito Llamosas y doña Lastenia Torres, que hacía los famoso “sharutos”, unos cigarros artesanales que preparaba con hojas secas de tabaco maceradas en aguardiente. En la esquina con el jirón Santa Ana había una señora con su tiendita de licores y era muy popular, porque leía las cartas y a donde acudían muchos de los jóvenes y señoritas de ese entonces para que vea su futuro y saber si su enamorado era bueno o malo.

Detrás de la iglesia de Santa Ana, había una huerta con duraznos que se comunicaba con una puerta con la parte posterior de la  iglesia y donde don Santiago, era su fiel guardián, tanto así que cuando murió, lo enterraron detrás de la iglesia. Más abajo, estaba  la casa de don Andrés Trevejos Torres, encargado de cuidar del burrito que cargaba al Señor de Nazaret en la procesión del domingo de Ramos. Después de la casa de don Felipe, en la punta de la del Boca del Napo, ya no había casas sino huertas con cercos de tayos, moras, penkas, ancocashas, uno que otro eucalipto y algunos saucos con sus frutos de pepitas color morado, terminaba la calle en la huerta de don Tobías Salazar, con árboles de lúcumas y duraznos, nogal y cercos llenos de moras. No sé si mal no recuerdo, en una pequeña callecita, que sería la continuidad de lo que es el jirón Grau, había una casa donde vivía el profesor Añasco del colegio Seminario.    
                
Gracias a la bondad de mi hermano José David, que pasó mi número telefónico el 999048355, a través de su emisora Reina de la Selva, ahora tengo lindas llamadas de mis paisanos, dándome la satisfacción de conversar y de seguir haciendo consultas médicas a distancia, gracias a la magia del video por internet, ayudando un poquito, ahora que mis colegas jóvenes, todos se encuentran muy ocupados y exponiendo su vida atendiendo a los pacientes en los hospitales y  nosotros, los médicos con muchos años acumulados, estamos secuestrados, casi encadenados, nos prohíben salir de nuestras casas, cuando, lo lógico, debería ser al revés, que los viejos salgamos a ver los pacientes, total que importa si nos toca morir, pero los médicos jóvenes tienen todavía toda una vida para seguir ejerciendo su carrera salvando vidas y adaptándose con facilidad a todos los adelantos del modernismo.

Gracias Chernan Aquino, Jorge Santisteban, mis dos pichoncitos de médico de la UNT, Margarita Mori, Mechita Chávez, y otros muchos amigos y pacientes, por confiar en mí. Gracias a ti, Luchito Cabredo, que me das envidia cuando con tanto orgullo dices que “vives en el paraíso” y ahora ya pateas con los dos pies, dicho en el buen sentido de la palabra, gracias a tu operación, porque si no, nunca hubieses jugado por el Higos Urco, gracias por recordarme una canción tuya, donde hablas que “las campanas de Santa ya van tocando, mientras el padre Reátegui, baja por la calle de Santo Domingo acompañando a un muerto, que lo llevan a enterrar”.

Los verdaderos amigos de ayer, nunca se olvidan. Se los lleva en el corazón y da gusto conversar con ellos porque hacen más llevadero el poco tiempo que nos falta. Aquellos que no olvidan, que cuando éramos muchachos, pisábamos barro, jugábamos bolitas y choloques, la pega y el monta carnero.

Siempre será nuestra tierra un lugar donde quedan algunos cariños que agradecer, muchas añoranzas y recuerdos que han dejado huellas indelebles en el corazón, escenas tristes que son heridas sangrantes en el alma y afectos que perduran en el tiempo.

Para los que Dios nos ha regalado un largo camino en esta tierra, vale más nuestra vida pasada, hecha con humildad, honestidad y solidaridad para que nuestros actos vivan más cuando estamos muertos y en esta época, donde tenemos que estar juntos espiritualmente, no dudéis, que en lo poco que todavía puedo ser útil, como comedido médico, estaré siempre a vuestro servicio, a través de mi teléfono 999 048 355 y recuerden que siempre será muy poco, lo que haga por ustedes y en retribución al recuerdo de mis padres, de mis hermanos, de toda mi familia y por la bendición de haber nacido en nuestra Región Amazonas. 

VERDADES AMARGAS Autor anónimo
Pero si peco en mis palabras toscas
En estas líneas oscuras y sin nombre
Doblando la rodilla en el polvo
Pido perdón a Dios… pero no al hombre

Jorge REINA Noriega
*AYÚDAME A AYUDAR*
jorgereinan@gmail.com  
 

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