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EL DOLOR DE MADRE

Pastillita para el Alma 19 - 07 - 2020 Es casi normal que los hijos perdamos a nuestros padres y que el dolor que uno siente, se compense en alguna forma, con el recuerdo de todo el amor que nos dieron en nuestras vidas, entendiendo que el tiempo inclemente de todas maneras nos priva del amor sacros

EL DOLOR DE MADRE



20/07/20 - 06:47

Pastillita para el Alma 19 - 07 - 2020

Es casi normal que los hijos perdamos a nuestros padres y que el dolor que uno siente, se compense en alguna forma, con el recuerdo de todo el amor que nos dieron en nuestras vidas, entendiendo que el tiempo inclemente de todas maneras nos priva del amor sacrosanto de nuestros progenitores.

Yo no alcanzo a comprender el dolor tan grande de nuestra Virgencita María, cuando ceñida en tremenda tristeza y ante la imposibilidad de no poder hacer nada, veía que su Amado Hijo, flagelado, golpeado y humillado, dejaba de existir.

Pero, sí entiendo el dolor infinito que sufren las madres, cuando el fruto  de su amor, ese pedacito de carne, que anidó dentro de sus entrañas, arrullado por la música celestial del tic tac de sus corazones, aquellas criaturitas que les quitaron el sueño, que amamantaron sus pechos, son víctimas de enfermedades incurables y cual Cristos dolientes, sufren el dolor de sus dolencias y poquito a poquito se van yendo y consumiendo, sin que se pueda ayudarles, dejando en el desconsuelo a sus padres, a sus hermanos, a sus seres amados.

Soy testigo presencial, del dolor incomparable de mi adorada madrecita doña Rosita Noriega, cuando murieron mis hermanos Víctor Rafael, a la edad de dos años y de mi hermano Carlos Alberto a los diez años, allá en nuestra lejana Chachapoyas, en esos tiempos sin luz eléctrica, sin vías de comunicación. con muy poca o nula asistencia sanitaria.

Comprendo tu pena indescriptible Aidita Castañeda Romero, con su viaje sin retorno de tu hijita PAULITA VICTORIA GIL CASTAÑEDA, quien alzó vuelo, hacia el infinito, como un angelito a su encuentro con Dios, dejándote en la pena más triste, al igual que a su esposo y a sus seres queridos.
Se acostumbra decir en estos momentos  difíciles, de infinito dolor, que los pacientes que sufren enfermedades graves, "ya descansan"

Tal vez esto son solo palabras con muy buena intención, sin embargo, jamás habrá consuelo, tanto para el que parte, así como también para las personas que quedan en este valle de lágrimas y menos para las madres, cuya fuente de sus ojos se secarán de tanto llorar, pero la pena y el dolor, seguirá siendo una herida sangrante que solo desaparecerá con la muerte.
 
Mi querida Aidita Castañeda, que tu Fe en nuestro Señor de Gualamita y el amor a nuestra Virgencita de Asunta, te den fuerzas para llevar a cuestas, la cruz de tu pena y que tu hijita querida:

    PAULITA VICTORIA GIL CASTAÑEDA, DESCANSE EN PAZ.

Jorge REINA Noriega 
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