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MILITA REINA VIUDA DE PALOMINO

Pastillita para el Alma 07 – 03 – 2022 Se fue nuestra Milita Reina, después de una larga existencia, en la que la vida caprichosa le sonrío, la más de las veces y con la alegría innata, virtud envidiable de las almas nobles

MILITA REINA VIUDA DE PALOMINO



09/03/22 - 04:06

Pastillita para el Alma 07 – 03 – 2022

Se fue nuestra Milita Reina, después de una larga existencia, en la que la vida caprichosa le sonrío, la más de las veces y con la alegría innata, virtud envidiable de las almas nobles, convirtió las penas y las tristezas que muchas veces lo desgarraron el alma, en cosas pueriles que lo arrancaban una sonrisa, disimulando las lágrimas que brotaban a raudales de sus acaramelados ojos, en situaciones banales, que no trasmitían preocupaciones, ni a su amado esposo ni a sus adorados hijos.

Mi hermanita Mila siempre con la sonrisa en sus labios, con su alegría desbordante, que fácilmente enjugaba una lágrima y de sus labios brotaba la palabra dulce y cariñosa, estoy seguro que está ocupando un lugar preferencial en el cielo. Cuando me acerqué a su armazón de madera, bellamente decorado con tules y paños fúnebres, para mirarla y despedirme por última vez, parecía esa novia virginal, que iba del  brazo de mi padre, don José David Reina Rojas, muchos años atrás en su bella Cajamarca, ya no para acercarse al sacerdote para bendecir su matrimonio en la tierra, sino que iba a volver a encontrarse en el paraíso, junto a Dios, con su Osías Palomino, su idolatrado esposo, que lo esperaba con los brazos abiertos para vivir eternamente y no separarse nunca jamás.

Luzmila Reina Mestanza, había muerto, había fallecido rodeada del afecto y el cariño de sus hijos, no en la soledad ni la frialdad de una Unidad de Cuidados Intensivos de una clínica, llena de tubos, cordones, alambres, el ruido monótono del respirador mecánico con el tanque de oxígeno ni el sonido desesperante de los monitores, menos de la mirada fría de los médicos y enfermeras, sino en su domicilio, al lado y al cuidado sin igual de su hija médico, del mejor servicio de enfermería que son sus hijos, también sus hijos político y nietos. Ellos le dieron amor y cariño hasta su último suspiro y le ayudaron a cruzar el umbral de la muerte, conscientes de que la vida continúa, que la muerte es un volver a nacer en una vida mejor y que allá en el otro mundo la iban a recibir con fiesta celestial, por eso ellos la despidieron con su Luis Alfredo entonando bellísimas melodías en piano, a veces golpeando con fuerza las teclas, como signo del dolor que sentía, con canciones, poemas y discursos de los acompañantes y de un mar de coronas de flores de sus múltiples amistades que lloran su partida.

Así entendí el velatorio de Milita, así comprendí la actitud de sus hijos, todos ellos vestidos de negro duelo, disimulando en sus rostros la inmensa pena que los embargaba, mostrando sus caras con una solemnidad de tranquilidad aparente, aunque, yo sabía y a mi no me podían ocultar, porque yo no miraba sus semblantes, miraba sus almas, veía despedazado sus corazones y entendía todo el esfuerzo que hacían para no arrodillarse, gritar y llorar, implorando a Nuestro Padre Celestial que no lo lleve a su adorada madrecita, a esa reliquia de mujer, que los llevó en sus  entrañas, les dio la vida y los enseñó el Amor a Dios sobre todas las cosas, el amor al prójimo y el cariño y respeto a sus padres, convirtiéndoles, a todos, en hombres de Bien, honestos y útiles a la sociedad.

“Momento mori” es una frase que existe en el cementerio de Poblenou de Barcelona, en España, bajo de una estatua construida en el año 1930 y que significa “recuerda que morirás” y donde nos hace comprender que a la muerte no hay que tenerla miedo ni temor, que existe la inmortalidad del alma y que la vida es energía, que nunca se destruye, por eso a ustedes mis queridos y amados sobrinos, cuando tengan que encontrarse con nuestra Milita, solo cierren sus ojos o miren al cielo, que allí encima de las nubes o junto a nosotros, siempre van a estar presentes nuestros seres queridos que nos cuidan y nos acompañan, desde el cielo.

SEÑORA DOÑA LUZMILA REINA VIUDA DE PALOMINO, MI QUERIDA HERMANITA, DESCANSA EN PAZ

Jorge REINA Noriega 
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