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PAYASO, o PUSHICO

Pastillita para el Alma 28 – 03 -2022 Como así dicen los que escriben novelas o cuentos…, Corría el año 1955, no recuerdo de que mes, pero a la fidelísima ciudad de San Juan de la Frontera, llegó un grupo de artistas de circo, el CIRCO NORIS

PAYASO, o PUSHICO



01/04/22 - 11:45

Pastillita para el Alma 28 – 03 -2022

Como así dicen los que escriben novelas o cuentos…, Corría el año 1955, no recuerdo de que mes, pero a la fidelísima ciudad de San Juan de la Frontera, llegó un grupo de artistas de circo, el CIRCO NORIS, que instalaron su carpa en lo que era el canchón municipal y donde iba a parar el ganado vacuno y caballar, que, en las noches, se escapaban de los rastrojos o de los cerros pelados de Tasia y Murcia y venían a comer el pasto de los jardines de la plaza de armas. Lo del circo fue una novedad, pues si era corriente que lleguen artistas que presenten veladas literario musicales en el mercado de abastos, pero un circo, con payasos, pesistas, bailarinas y artistas que hacían piruetas en los trapecios y columpios, elevados por encima de 10 a 15 metros de altura, nunca se había visto. Luego después vino el circo de los Hermanos Caballini, que la verdad no tuvo tanto éxito como el circo Noris

El circo fue una gran novedad, sobre todo porque habían llevado monos, loros, perritos amaestrados y un par de fieras viejas en sus jaulas, cuyos rugidos causaban pánico en la población y sobre todo en la muchachada.

Los payasos, las bailarinas y el valiente domador recorrían las calles principales haciendo propaganda.

La noche del debut, fue todo un éxito hubo un lleno total y la carpa estaba alumbrada, ahora no recuerdo bien si por un motor de luz o por lámparas petromax. Los palcos alrededor del ruedo ocupado por las autoridades y por la gente de copete y los que tenían sus buenos reales. Las hermosas bailarinas ofrecían golosinas entre los asistentes, al son de los ritmos de música alegre y contagiosa.

A las 9 en punto de la noche, al parecer el dueño del circo se presentó, elegantemente vestido con botas de tubo, un pantalón de montar, una casaca blanca y un sombrero de tarro de color negro, con fuete en la mano, que lo batía en el aire haciéndolo silbar. Saludó a las autoridades y al público en general y después al son de tambores se presentaron los diferentes números, provocando la hilaridad de la muchedumbre. Los pushicos hacían reír a la concurrencia con sus chistes y sus improvisaciones, muchas veces mofándose del público y algunos haciendo magia con los pañuelos o los sombreros de los asistentes. Se presentó el domador con las fieras, que se metió dentro de las jaulas con el estupor de los asistentes y el miedo de los mismos. Los perritos saltaban y hacían acrobacias dirigidos por bellas damitas. Había un momento en que se presentaba un joven y una dama elegantemente vestidos que recitaban lindos poemas de Bécquer, Amado Nervo, entonaban muy bonitas canciones de valses y pasillos, boleros y yaravíes. Entre acto y acto había intermedio con la venta de golosinas, de fotos y recuerdos. 

El momento culminante se anunciaba con un redoble de tambores y con la voz grave del anunciador que solicitaba silencio porque era el momento de la presentación de los acróbatas, con el salto de la muerte y era el instante en que los artistas se jugaban la vida, los cuales aparecían meciéndose en los columpios que estaban en lo alto de la carpa, hacían una serie de piruetas, de un trapecio a otro, pero el acto culminante, era cuando la dama daba un salto mortal, con tres vueltas en el aire, vendada de los ojos, y era recibido por su acompañante, igual vendado con un pañuelo negro en los ojos y el grito de angustia y terror de los espectadores. La función terminaba y a lo largo de las calles la gente se desplazaba, muchos de ellos con las manos sudorosas, por la emoción y la mayoría contentos con la presentación de los artistas. 

Los payasos con vestidos colorines, con sus caras pintarrajeadas, sus sombreritos hilarantes y sus zapatones  o sandalias grandes, con sus tirantes que sostienen pantalones con fundillos amplios, son humanos que hacen reír a  la gente, mientras sus almas lloran, son a los que menos les pagan, los que trabajan más, arreglan los asientos, limpian los locales y alimentan a las fieras, son vapuleados por la gente y el hazme reír del público, sin embargo son gente noble, de gran corazón y aunque su simple nombre de “payaso” suena despectivo encarnan en sus gestos acciones que hacen distraer y arrancan risas y a veces lágrimas de alegría de las multitudes. Platacho se llamaba el payaso del circo Noris, que llegó a Chachapoyas, que era el mismo personaje que recitaba poemas, cantaba canciones y se jugaba la vida arriba en las alturas con sus malabares de piruetas. Era aquel hombre polifacético de buen hablar y con mucha empatía, que en el tiempo que permaneció en la fidelísima se robó el cariño de sus amigos.

Robín Williams, en la película PATCH ADAMS, interpreta a un médico del mismo nombre que en la vida real se vestía de payaso para sacar una sonrisa en aquellos niñitos de los hospitales sentenciados a muerte con el terrible mal del cáncer o de las enfermedades incurables, aquellos que no saben de regocijo por el dolor que los labra el alma, pero, que, ante la presencia del payaso, dibujan una mueca en la orilla de sus labios y a veces se seca una lágrima en sus ojitos sollozantes.

Aunque para muy pocas personas, la palabra, payaso, significa algo despectivo y los dicen, sin miramientos a personas, a los que les deben respeto, talvez algo de cariño y  quizás gratitud, es porque no saben que en la vida muchas de las personas, cuando ya alcanzamos la parte final de nuestras vidas, cuando las palabras muchas veces se entrecruzan en nuestras neuronas y lejos de decir algo gracioso, el centro de Broca, nos juega una pasada y al no tener una frase adecuada, sale a través de nuestros labios como una incoherencia  y al que las escucha, le parece, como un acto ofensivo o fuera de lugar, es quizás, porque no se dan cuenta, que el viejo en el umbral de la muerte se convierte en niño y dice pamplinas, sin mala intención…,  o en el mejor de los casos, es porque no tuvieron la suerte de conocer a mi amigo el payaso Platacho, de alma noble y buen corazón, incapaz de decir una ofensa, fuera de su disfraz de trabajo, sino frases bien coherentes, llenas de alegría y de amor pleno, sembrando en cada palabra, la verdadera semilla de la amistad, que creció en nuestros recuerdos y aunque la niebla del olvido haya borrado su nombre de pila, no ha podido difuminar su comportamiento, actitudes y acciones. Muchos de los viejos somos los pushicos o payasos de los nietos y nuestras arrugadas caras ríen, mientras por dentro hay lágrimas de infinita tristeza porque nuestro tiempo se va acabando y perdemos la esperanza que ya no nos alcanza  más tiempo para seguir amando a nuestros seres que nos regaló la vida.


L O    F A T A L
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo
y más la piedra dura, porque esta ya no siente
pues no hay dolor más grande, que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
(Rubén Darío)

Jorge REINA Noriega
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