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AMIGO FIEL

Pastillita para el Alma 08 – 11 – 2022 Desde hace muchísimos años, tengo la dicha de convivir con un amigo muy íntimo, inseparable compañero

AMIGO FIEL



10/11/22 - 03:57

Pastillita para el Alma 08 – 11 – 2022

Desde hace muchísimos años, tengo la dicha de convivir con un amigo muy íntimo, inseparable compañero, con quien he pasado lo mejor de mis días, mis años de infancia, toda mi educación primaria, mi secundaria y mis años de la universidad. Siempre haciendo honor a lo que son las normas de una amistad sincera y franca, cuidando las reglas elementales y las normas de conducta de un respeto mutuo, la solidaridad en nuestros estudios, alentándonos y dándonos ánimos, para seguir siempre adelante en nuestro trabajo universitario, ayudando y colaborando cuando uno de nosotros flaqueaba, por esos vericuetos en que la rueda del camino, hace añicos nuestras ilusiones y retrata al pusilánime, como un muñeco de cristal, que está listo a romperse, ante las dificultades. Miles de veces hemos tenido discusiones formales, a veces llegando inclusive a irnos a las manos, pero, como buenos amigos, que juramos una amistad sincera, siempre acabábamos con un abrazo fraterno y presentándonos las disculpas cordiales y la promesa solemne de pensar mucho, antes de actuar o hacer honor al silencio, cuando este es mejor que nuestras palabras. Practicamos deporte juntos. Son inolvidables nuestros partidos de futbol defendiendo a nuestro Club Deportivo Cultural el HIGOS URCO, yéndonos en las épocas de vacaciones universitarias para defender los colores de nuestra institución en el famoso y nunca olvidado, el fortín de Belén. Como pasar sin un comentario que nos trae dicha, el recuerdo de nuestros amores de estudiante, donde individualmente teníamos oportunidades, con lindas criaturas, que ahora son respetables abuelitas, aunque siempre había sentimientos de envidia entre nosotros, por esas señoritas que nos quitaban el sueño y lamentablemente teníamos que abandonarlas para regresar a Lima a continuar con nuestros estudios, llevando el sabor de sus labios, el sonido de su risa, la tersura de su piel y el aroma de sus cabellos. 

Para que decir que no, si es verdad; mi amigo es más sentimental que yo, pues cuantas veces lo he visto derramar sus lágrimas, cuando lo hacía recordar las canciones de esos boleros de nuestras serenatas a la luz de la luna y al pie de un balcón, sentados en unos tablones de madera. O nunca olvidarse de ese primer beso en su época de colegial, en ese pequeño espacio de un zaguán, con piso de tierra apelmazada y paredes blancas en una casona colonial rodeada de balcones con un patio empedrado de colores marrones y plomizo, entre cuyas rendijas aparecía brotes de yerba verde, regadas con las gotas de la lluvia y abonada con los puchos de cigarro del dueño de casa. Ahora me dicen que esta casa está convertida en un hotel, pero, tal vez en sus paredes todavía queda el eco de esa canción Te odio y te quiero, cantada por dos hermanos de la escuela normal mixta de Chachapoyas, o la risa franca y alegre, de esa linda señorita de ojos verdes, que en la época de la liberación de impuestos, iba comprar mercadería en la fidelísima y fue tratada como contrabandista, mal tratándola y sin respetar su condición de mujer de aquel ángel de carne y fuego que desapareció y no la volvimos a ver más, que inmortalizó Flor de fango, en una de esas noches, en que el sonido del bandoneón rompía la quietud y hasta las estrellas parecía que brillaban más y danzaban con el sonido del acordeón. 

Cuántas aventuras y vivencias, con mi fiel amigo y compañero de aventuras, sin embargo, el tiempo pasa inmisericorde y de aquel muchacho, bonachón y fiestero, burlón, coqueto y simpático, iba quedando el adulto mayor, que pocas veces reía, que todo le parecía mal. Su carácter había cambiado radicalmente. No contestaba el saludo, muchas veces lo encontraba en la calle y como si nada, apenas te daba la mano y con una voz salida de ultratumba, te decía: “Hola como estás”, algunas veces lo encontraba sentado en un poyo a la orilla del camino, pensando o contando las ovejas que pasaban en su imaginación. Comencé a darme cuenta que ya no era el mismo de antaño, que se le había caído el pelo, divagaba en su conversación, olvidaba las cosas de lo que estábamos hablando, siempre bostezando, como si no hubiese dormido bien; sus manos temblaban, había que gritar para que escuche algo y casi no veía, así es que con el dolor de mi corazón, decidí apartarme de él, pero, pensé que sería un ingrato y mal amigo, si me iba solo y no lo dejaba entrar a mi casa, tal como recomienda Clint Eastwood, un nonagenario actor americano, pero yo, al parecer tengo un poco más de compasión para ese amigo, que es como mi sombra desde que vine a este mundo, pero cuando ya se hizo viejo, se volvió intransigente, rabioso, intratable, por lo que decidí internarlo, si señor, internarlo, en un Asilo para Ancianos, donde le tratan de lo mejor, tiene un médico que mira por su salud, enfermeras que lo atienden mañana, tarde y noche, le dan sus medicinas a sus horas, su alimentación balanceada, se encargan de su higiene personal, en las tardes tiene con quien conversar, mira televisión, tiene juegos de salón, con los que se entretiene entre los viejos y yo vivo tranquilo en mi casa, me encargo de pagar su pensión mensualmente y no sabe donde vivo, para que no vaya a querer visitarme y vuelva a ser un bulto pesado. Ahora salgo con mi esposa, me paseo, converso con mis hijos y con mis nietos, de vez en cuando voy al club, me divierto con mis pacientes los días martes y viernes, sigo pericote ando con las chicas, aunque ya no sé para qué, ni tengo con qué y mi amigo el viejo vive feliz, sin saber dónde estoy y ya no me friega más y he pedido a los directores del asilo que me avisen después de 30 días de su fallecimiento, para su misa de mes.

¡¡¡A los viejos que los aguante,… sus abuelas!!!    ¡¡¡Colorín colorado, este cuento se ha terminado!!! 

Jorge REINA Noriega

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