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MI CENTRO ESCOLAR 131 DE TUSHPUNA

Pastillita para el Alma 01 – 03 – 2020 Escuelita bendita de mis primeros años, allá en mi viejo Chachapoyas, al final de los jirones Amazonas y Ayacucho, en el barrio de Tushpuna, casona de paredes blancas con ventanas de rejas de fierro, con techos de tejas a dos aguas, portada de color ce

MI CENTRO ESCOLAR 131 DE TUSHPUNA



03/03/20 - 05:25

Pastillita para el Alma 01 – 03 – 2020 

Escuelita bendita de mis primeros años, allá en mi viejo Chachapoyas, al final de los jirones Amazonas y Ayacucho, en el barrio de Tushpuna, casona de paredes blancas con ventanas de rejas de fierro, con techos de tejas a dos aguas,  portada de color celeste, de dos hojas, que solo se abría en las épocas de los desfiles, con grandes picaportes y un cerrojo de fierro,  una pequeña puerta en la hoja izquierda del portón, que servía para la entrada de los alumnos y los profesores. Como olvidarme de tu gran zaguán de entrada, con la oficina del señor director al lado derecho. Tanto el zaguán como los amplios corredores  enladrillados, circundados por pilares redondos de yeso, que parecían columnas dóricas del Partenón y al medio un gran jardín con claveles, azucenas, geranios y rosales, con callecitas empedradas, en las cuatro esquinas que terminaban en un redondel del centro, donde se erguía orgullosa una señorial palmera compitiendo con las más pequeñas distribuidas en los jardines. 

Los salones amplios, bien iluminados con sus carpetas de madera para dos alumnos, una pizarra negra, con su pellejo de carnero como borrador en una de las paredes y un pulcro escritorio con un sillón para el señor profesor. Todos los salones con puertas y ventanas que daban al patio central, con la única diferencia del salón de actos, localizado al lado derecho, con una capacidad para unas doscientas personas y un proscenio a unos 80 centímetros de altura, con su telón rojo envejecido. 

A la espalda  estaba el patio del recreo que colindaba con el jirón Ayacucho, cercado por una pared de dos metros de altura. En un área de más o menos 500 metros cuadrados había un terreno que se denominaba el Huerto Escolar, y en el otro extremo en la esquina del jirón Amazonas, había la única piscina de Chachapoyas de esos tiempos, hecha con piedras calizas, unidas con una mescla de cal y arena, un rectángulo de 10 metros de largo por 5 de ancho y 1 metro 30 de profundidad, que en los 6 años de estudiante, nunca la vi llena y nosotros aprendimos a nadar en las pozas del Número 8, la Sapona, la Guitarrilla y la Chirola, burlando al Piérola que cuidaba sus lick licks y sus yuck yucks. 

Las clases empezaban a las 9 de la mañana hasta las 12, con 2 horas que salíamos para ir a almorzar, regresábamos a las 2 de la tarde hasta las 5 de la tarde. Los estudios eran de abril a Diciembre, con vacaciones a medio año de 15 días que empezaba después de las Fiestas Patrias. 

No había útiles escolares, mochilas, menos loncheras ni cartucheras. Ni que decir de libros, diccionarios, Biblias, zapatillas, zapatos. La mayoría asistía con los pies descalzas y los que teníamos zapatos muchas veces llegábamos descalzos a la escuela, escondiéndolos en las pencas del camino para que no te hagan “buling” o callejón oscuro en el momento del recreo. 

Nuestros cuadernos eran de 10 o de 20 hojas, rayados y algunos cuadriculados. Teníamos un lápiz Faber, y después del tercer año lapiceros con pluma, nuestro tintero de tinta azul o negra y alguno que otro traía su tinta morduroy de pepitas.  Cuando ya terminaba el mes de Abril o se iniciaba  Mayo, nos repartían los cuadernitos fiscales de 10 hojas, con su lápiz y su borrador. 

No es por hablar demás, ni decir falsedades o mentiras, pero nuestros maestros se dedicaban más a sus alumnos,  o quizás porque los programas  curriculares de ese entonces no eran tan complicados, o talvez era  el mayor tiempo que los alumnos pasábamos en las aulas, por lo que los profesores tenían más disposición de preocuparse por nosotros, y así, por ejemplo, ellos también  se encargaban de reforzar lo que en nuestros hogares nos inculcaban, como saludar a los mayores con los buenos días, buenas tardes, buenas noches, ceder los asientos a los mismos, tender nuestras camas, lavar los platos en que comíamos, lavado de manos, lustrar los zapatos de los adultos. También de la limpieza de nuestros salones, barríamos con escobas artesanales de paja y recogíamos la basura en crudos y no como un acto de castigo, sino como una norma de conducta para mantener nuestras aulas limpias. Ningún padre de familia opinaba que eso era humillación o un signo de vejación. 

Teníamos dos horas semanales de Huerto Escolar. Nos enseñaban a hacer almácigos de hortalizas, trasplantarlas, regar y cuidarlas. Generalmente esto era para los alumnos del 4° al 6° año de primaria. Cada alumno teníamos un surco de tierra que con mucho ahínco nos encargábamos de cuidar. 

Nuestros profesores, algunos de tercera categoría, uno o dos normalistas, pero honestos con el pequeño sueldo que recibían, mucho de los cuales, eso lo tomaban como una propina, porque siempre eran personas pudientes que tenían sus chacras, casa propia y familias bien constituidas. 

En sus lecciones eran enérgicos, no había excesos, pero allí, estaba la regla que golpeaba la palma de las manos, o la varilla de membrillo que nunca se rompía, o en el jalón de orejas o de las patillas, los más severos. Ellos no escogían a nadie y nos caía a todos por igual. Ninguno de ellos se excedía, aunque en honor a la verdad,  si tengo un mal recuerdo de uno ellos, que en paz descanse. 

Deseo hacer mención especial a mis señores profesores del CENTRO ESCOLAR DE VARONES N°131 DE CHACHAPOYAS desde los años de 1943 al 1948, en los que cursé los seis años de Instrucción Primaria, pidiendo disculpas si es que se me olvida alguno de ellos:  

Señor don ISAIAS ANGULO, señor don ERNESTO BURGA, señor  don LUIS CHUMBE, señor don LUIS NORIEGA (director), reemplazado a mediados de 1948 por el señor don FELIX GUEVARA, el señor don VICTOR OPORTO (apellido que no estoy seguro, pero vivía de tras de la casa de los señores Rimache, que da a Burgos), señor don FLORENTINO TRIGOZO y también en un cierto tiempo  el señor don MIGUEL REYES  y el señor don MIGUEL TEJEDA, quien pasó a ser Inspector de Educación. 

Grandes nuestros profesores de esos tiempos, inolvidables adalides de la enseñanza, guías sin par, líderes excelsos de calidad y respeto de vida, personajes virtuosos que con su ejemplo nos han hecho los hombres de ahora, por los que tenemos la gratitud clavada en lo más profundo de nuestro ser y aun buscando los versos de distinguidos poetas del universo, solo habría frases pequeñas de mínimo elogio al esfuerzo de habernos hecho hombres de bien, en los diferentes campos en que nos desenvolvemos, en este mundo difícil del  modernismo envolvente en el cual vivimos. 

Para los profesores de ahora,  tal vez era una verdadera utopía la forma de trabajo de mis maestros de antaño, los cuales creo, que ya casi todos ocupan su lugar preferencial  junto a Dios en el Cielo.  Los profesionales de la Educación de ahora, con nuevas metodologías, mejores obras de consulta, eficientes centros de formación académica, conocimientos de Psicología del educando y muchos avances más, seguro estoy que forman mejores alumnos, sin embargo tienen limitaciones, en primer lugar por los bajos de sus emolumentos, por las leyes y directrices, a los que se suman, las asociaciones de padres de familia, entre otras cosas más, sin embargo deben ser conscientes que ejercen la profesión más importante del Mundo, que es la de ser MAESTROS, verdaderos forjadores de los ciudadanos del mañana, que tiene como normas fundamentales de conducta el Amor a Dios, a sus semejantes y a su familia, el orden en sus cosas, la disciplina en sus actos, el respeto a sus mayores, el orgullo de ser peruanos, la honestidad, la dignidad y apellido que lo heredan de sus ancestros, a los cuales jamás debe fallarles. 

Siempre habrá en mi corazón la gratitud eterna a mis padres que me trajeron a este mundo en mi tierra hermosa la Fidelísima Ciudad de San Juan de la Frontera de los Chachapoyas, de haber tenido mis tres alma mater, que me hacen muy vanidoso en mi real humildad EL CENTRO ESCOLAR DE VARONES 131, EL COLEGIO SAN JUAN DE LA LIBERTAD Y MI FACULTAD DE MEDICINA DE SAN FERNANDO, en cuyas casas de estudios, admiro y respeto  a mis grandes profesores, maestros y catedráticos, pero en honor a la verdad más reconocimiento a mis MAESTROS de mi Centro Escolar de Tushpuna, porque gracias a ellos pude llegar a lo que ahora soy y hoy que ya me voy despidiendo de la vida y habiendo tenido la dicha de seguir siendo maestro, me permito, exhortar humildemente a los señores Profesores de Educación Primaria para que no desperdicien la materia prima que Dios los encarga para hacer los verdaderos ciudadanos del mañana, invocando a sus educandos, que por sobre todas  las cosas, respeten a la MUJER, por ser creadora de vida y les enseñen que no hay mayor y mejor amor en el mundo, que el Amor a Dios y a su prójimo, siendo el  mejor deber la honestidad y el respeto a las Leyes y sus semejantes y la mejor virtud Dar antes que recibir. 

 Jorge REINA Noriega 
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999 048 355 

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