Por Manuel Yóplac Acosta
El 18 de setiembre de 2026, la joven Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza de Amazonas (UNTRM) cumplió 26 años de creación. Si bien, la universidad peruana es también el reflejo de la sociedad peruana, en caso de la UNTRM, podemos resaltar cinco aspectos importantes que marcan su historia como la primera universidad de Amazonas: i) su creación en el año 2000, ii) su institucionalización en el año 2009, iii) su licenciamiento en el año 2017, iv) su posicionamiento en investigación; y v) su proyecto de internalización. Las dos primeras surgen, principalmente desde la acción colectiva, la tercera, nace principalmente desde la imposición de órganos estatales como la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu); y las dos últimas, como utopías posibles.
Nuestra joven universidad ha tenido logros importantes: la democratización del acceso a la educación superior a través de la creación e implementación de 36 carreras profesionales a lo largo del departamento de Amazonas en sus cinco sedes; la realización de algunas investigaciones relevantes; la profesionalización de más de 8 000 egresados; el acrecentamiento del número de estudiantes que hoy superan los 6 000; el incremento de profesores en más de 600; el incremento de sus trabajadores administrativos que superan los 700, etc. Por otro lado, la construcción de edificios y laboratorios, la descentralización de sus sedes, entre otros aspectos, son logros innegables para la realidad objetiva. Sin embargo, nuestra joven universidad no ha podido aún crear un espíritu de libertad y a partir de ello, generar un entusiasmo por la investigación, la formación profesional y la proyección social; consideramos que la universidad, tiene que ser el lugar más libre y democrático posible. Es cuestionable, por ejemplo, que, en los únicos cuatro procesos electorales de sus autoridades, en ninguno hubo posibilidad de elección, pues en todos ellos hubo una sola lista; en ese sentido hace falta democratizar la elección de las autoridades, y ojalá ello suceda en estas próximas elecciones. La promoción del deporte y el arte también siguen siendo muy precarios, ello, tomando en cuenta que la universidad tiene como esencia la formación integral de la persona humana, pues, formar personas es más valioso que entrenar técnicos.
Finalmente, queda por delante mucho por hacer -y seguramente- muchas personas pasarán, pero la universidad quedará. Quizá necesitamos visualizar más y mejor un camino común en medio de la diversidad; quizá nos hace falta un mayor encuentro con los saberes y necesidades del pueblo; quizá necesitamos repensar varios aspectos; pero en tanto, lo que más nos hace falta, es seguir trabajando con ahínco y esperanza para inmortalizar nuestra casa superior de estudios, independientemente de quienes lo dirijan.




