Jindley Vargas
Esta mañana, Chachapoyas no abrió los caños para recibir agua, sino lodo, tierra y sedimento. Los vasos llenos de agua amarillenta y las tuberías expulsando barro no son una falla fortuita: son la prueba irrefutable de la irresponsable improvisación política de la Municipalidad Provincial de Chachapoyas, avalada por la complicidad de EMUSAP S.R.L. y el OTASS.
Mientras la población padece cortes intempestivos y la «estafa del aire» que infla los recibos domiciliarios, el alcalde y las autoridades de saneamiento juegan a la ruleta rusa con la salud pública.
El barro en los vasos es consecuencia directa del apetito propagandístico municipal. Tras el abandono de la obra hídrica en 2018 por Aguas del Oriente y la nefasta gestión de Diógenes Zavaleta, correspondía elaborar un expediente de saldo de obra completo; sin embargo, la actual administración prefirió mutilar el proyecto y enfocarse únicamente en la PTAP Pucara para montar un show político.

Esta maniobra parió un monstruo técnico con 17 vicios insalvables: opera sin licencia del ANA para el agua cruda, carece de alcantarillado e impone biodigestores con riesgo de contaminación cruzada para nuestras familias, mantiene las redes desconectadas de los reservorios de la ciudad e instaló pantallas de concreto inmanejables con válvulas inoperables. Así de cruda es la improvisación.
Esto ya no es ineficiencia, es delito. Acorralados por el rechazo popular tras ocho años de fracaso del RAT-OTASS, los funcionarios de la EPS eligieron ser comparsas del alcalde y hacerse cómplices de su engaño.
Sin expediente ni recepción legal, EMUSAP regala horas, personal, maquinaria y presupuesto público para hacer parches «al ojo» y purgas a ciegas a favor del municipio. Eso no es colaboración: es malversación y uso impune de recursos de todos.
Esa maniobra empírica a ciegas es la causa directa del barro en las cocinas de Chachapoyas. Legalmente es peor: constituye una presunta malversación y peculado de uso al saquear los escasos recursos de la empresa pública para lavarle la cara a un proyecto municipal inconcluso y podrido.
¿Con qué cara el OTASS pretende expandirse a Luya, Bongará o Rodríguez de Mendoza, si en la propia capital regional ni siquiera puede garantizar agua limpia y sin bacterias? Exportar su ineficiencia al resto de la región es una burla insostenible.
Frente a este atentado contra Chachapoyas, exigimos: a la Contraloría, intervenir la PTAP Pucara y EMUSAP para sancionar la malversación de recursos públicos; a la Fiscalía, tomar muestras en las viviendas y denunciar penalmente al Alcalde y directivos de EMUSAP por atentar contra la salud pública; a SUNASS, anular el cobro de recibos por agua turbia y sancionar a la EPS; y al Concejo Municipal, romper su silencio e iniciar de inmediato la devolución de EMUSAP, liquidando el nefasto RAT-OTASS.




