Deber de un periodista

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Diario expreso – Alfredo Vignolo

Por una mala o desviada interpretación del valor de la noticia, se viene desbordando todo límite ético, moral y profesional con imágenes, chats, documentos privados, declaraciones policiales y expedientes judiciales que ofenden tanto a las personas como a la memoria de las víctimas, el dolor de la familia y la sensibilidad pública. Los periódicos, revistas y canales de televisión acogen como “éxito” tales vistas; en su euforia y competencia comercial virtualmente salpican la sangre que exhiben sin piedad ni consideración alguna.

La intimidad, la familia, el niño y el joven son objeto de cautela, así como los derechos humanos. No debe de haber sensacionalismo, las informaciones escandalosas sobre violaciones, asesinatos, suicidios, tragedias, dramas y otros hechos no condicen con el periodismo ético, tal como se están difundiendo, en donde la miseria humana gana titulares sin desmedro de lo que verdaderamente debe ser el periodismo.

Debe haber un propio autocontrol del medio de comunicación responsable. En la radiodifusión y en la televisión hay una penosa renuncia a la libertad; se someten al cautiverio del rating. La ética pues no funciona.

Con la finalidad de afianzar cada vez más la credibilidad de la prensa en la opinión pública, así como para cautelar de manera permanente la vigencia de las libertades fundamentales de la información, expresión, opinión y de la libre empresa periodística hay que generar el compromiso de los medios de comunicación de contribuir a elevar el nivel de la ética y responsabilidad periodística, así como brindar información justa e inherente al ejercicio del periodismo.

En salvaguarda del ejercicio honesto de la Prensa, consideramos que es fundamental contribuir a mantener la inocencia de los niños y evitar difundir hechos que pongan en riesgo a la niñez y a la juventud. Si es indispensable informar, hacerlo con la mayor mesura posible. Más vale silenciar muchas noticias escabrosas -aunque “jalen” público, mejoren el “rating” y vendan más-. Basta una sola que informe sin dañar.

Ningún periodista ni medio de comunicación social -léase televisión- deben aprovecharse de la incultura ni de la proclividad a lo morboso. Es inmoral propender a una mayor difusión y elevar el “rating” explotando los instintos, la pornografía, las aberraciones, la privacidad, la intimidad y cualquier otro acto que ofenda la dignidad de la persona humana, así como el prestigio de la profesión de periodista y del medio de comunicación social.

La familia y la sociedad deben confiar en la prensa, y ésta merecerlo; su ingreso a cada hogar es un privilegio que debe y tiene que honrarse.

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