La pandemia dejó una lección que el MINSA parece haber olvidado: la preparación exige recursos para todo el sistema de salud y liderazgo para coordinarlo.
Por: Víctor Zamora Mesía
En enero de 2020, Elizabeth Hinostroza aprobó mediante la Resolución Ministerial N.° 039-2020-MINSA un plan frente al nuevo coronavirus por S/ 3 676 600. Reservó menos de un tercio, S/ 1 024 000, para organizar los servicios de salud y apenas S/ 38 200 para insumos y materiales de diagnóstico, incluidos los necesarios para PCR en tiempo real. Sí, treinta y ocho mil doscientos soles. Además, todo saldría del presupuesto que el ministerio ya tenía.
El papel de Hinostroza fue nefasto. Una ministra debe medir el peligro, decir lo que cuesta enfrentarlo y reclamar esos recursos. El documento se llamaba Plan Nacional y declaraba aplicarse a todo el país, incluidos EsSalud, las sanidades y los prestadores privados. Su presupuesto, en cambio, solo costeaba actividades de dependencias nacionales del MINSA y del Instituto Nacional de Salud. Para los demás actores, ninguna asignación definida.
Sé lo que vino después porque me tocó conducir la respuesta. Hubo que buscar dinero, contratar personal, conseguir equipos y ampliar servicios mientras la pandemia avanzaba. Según la Consulta Amigable del MEF, el presupuesto de la función Salud pasó de S/ 18 494 millones al inicio de 2020 a S/ 27 517 millones de presupuesto modificado: S/ 9 023 millones más. Esa diferencia recoge cambios en toda la función, gran parte para ampliar y llenar los vacíos del plan inicial. La ampliación del gasto equivale a unas 2 450 veces el costo que Hinostroza había previsto para él. Los recursos se incorporaron cuando los servicios ya estaban bajo presión y algunos, desbordados.
Hoy, frente al fenómeno de El Niño, volvemos a empezar con poco. Velasco salió sin aprobar un plan sectorial. Luis Dyer lo aprobó el 5 de septiembre mediante la Resolución Ministerial N.° 790-2026-MINSA, 39 días después de haber asumido el cargo de ministro de salud. Para las acciones de la administración central del MINSA en lo que resta de 2026 programó S/ 484 926, también con cargo a recursos existentes. La dirección encargada de la gestión del riesgo de desastres dispone de S/ 154 880; CENARES tiene S/ 103 986 para medicamentos y dispositivos médicos; y la Dirección General de Operaciones en Salud, S/ 6 000. Sí, seis mil soles.
El plan reconoce riesgos en distintos departamentos, pero para las direcciones y gerencias regionales de salud se declara referencial y no calcula cuánto costará preparar sus establecimientos. Tampoco presupuesta una respuesta conjunta con los otros sectores, indispensables cuando fallen el agua, las vías o la electricidad. ¿Con qué recursos atenderán los servicios donde llegue el daño?
Los dos planes comparten fallas: fondos exiguos, ninguna asignación extraordinaria y una respuesta nacional que deja sin presupuesto definido a quienes tendrán que actuar en el territorio. Además, recurren a recursos ya escasos, destinados a tareas habituales que no pueden suspenderse. En 2020 el plan se aprobó antes del primer caso peruano, pero la preparación efectiva y su financiamiento llegaron tarde. Ante El Niño, el plan apareció después de meses de advertencias y aún no financia la preparación regional.
También falta liderazgo. La Organización Mundial de la Salud sostiene que un sistema de salud capaz de resistir los riesgos climáticos debe anticiparlos y seguir brindando atención segura y de calidad. Eso requiere dinero, sí, pero también una conducción que reúna a quienes prestan los servicios. El plan de Hinostroza hablaba de coordinación, pero no establecía una instancia operativa común. Durante mi gestión creamos el Comando de Operaciones COVID-19 con el MINSA, EsSalud, las sanidades y las clínicas para sumar capacidades dispersas. Aprendimos también que había que articular mejor con las regiones.
Dyer aún está a tiempo. Junto con Zulema Tomás, presidenta ejecutiva de EsSalud, debe convocar a los demás prestadores y a las autoridades regionales para crear un mecanismo semejante, mejorado con aquella experiencia. Hay que identificar brechas, acordar responsabilidades y poner recursos donde se necesitarán antes de las lluvias.
Velasco debe responder por el tiempo perdido. Dyer tiene que conseguir los recursos y reunir al sistema de salud. El Niño no esperará a que se pongan de acuerdo.




