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10/04/17 – 05:53

Yehude Simon y la venta descarada de (lo que queda) de su agrupación polí­tica.

Por Alejandro Cavero Alva

Editor de Opinión de Lucidez.pe @AlejandroCavero

Konrad Adenauer decí­a que la polí­tica es demasiado importante como para dejarla en manos de los polí­ticos. Y miren cómo han terminado nuestros partidos. Sin institucionalidad, solo cascarones en casonas viejas, descuidadas, con unos cuantos militantes apareciendo de vez en cuando. Por lo general, gente aburrida que va y se asoma por compromiso con algún amigo, en medio de conversatorios monocordes donde escuchamos a los polí­ticos hablarnos de cómo (dicen) que quieren cambiar el Perú. Eso es lo que tenemos. Un sistema débil, desarticulado, caudillista, y sobre todo, a la venta.

Los partidos en el Perú no pueden estar peor. No representan a nadie, y los pocos que han sacado algunos votos significativos en las elecciones tienen estructuras jerárquicas, desvinculadas del ciudadano de a pie y han sido capturados por polí­ticos oportunistas.

Algunos tan oportunistas, que han visto la posibilidad de ofrecer su partido polí­tico al mejor postor. Sí­, así­ como si el partido fuera una lavadora, un televisor, que yo le puedo ofrecer a alguien para que tome en su mejor conveniencia. Esto es exactamente lo que ha hecho hace algunos dí­as con el (dí­cese) Partido Humanista su lí­der, Yehude Simon Munaro.

Dentro del centro izquierda hay muchas posibilidades que no tienen ligazón con la corrupción, las puertas están abiertas?, dijo Simon sobre el reciente acuerdo tomado por su colectivo (unipersonal, claro) que ha cedido la inscripción del Partido Humanista a un movimiento más amplio que incluye algunos otros también de izquierda (donde están, por ejemplo, Ciudadanos por el Cambio, Fuerza Social, Partido Comunista Peruano, Partido Comunista del Perú-Patria Roja, y Movimiento por el Socialismo), todos sin una inscripción vigente en el JNE.

En este caso, y como ha ocurrido en muchos otros por cierto, es evidente que un partido está utilizando una inscripción para sacarle la vuelta a la ley y darle vigencia a movimientos que en la práctica nunca hubieran tenido el respaldo ciudadano. ¿No se está traicionando la voluntad de los ciudadanos que firmaron para inscribir al Partido Humanista como organización polí­tica pero no a todos los demás grupos que ahora quiere incluir Yehude Simon? ¿No se está sacando la vuelta al ciudadano al ofrecerle un vientre de alquiler a un polí­tico que de otra manera jamás hubiera llegado a organizar una candidatura?

Simon, demás, en ocasiones anteriores ya le habí­a ofrecido? su inscripción a Verónika Mendoza, quien viene buscando registrar su propia organización. Así­, como quien le ofrece un vientre de alquiler, oye ven que aquí­ te soluciono tu problemita legal?. Y claro, como Simon no da puntada sin hilo, ha dicho que a él solo le interesa volver al gobierno regional de Lambayeque: ósea, si me das eso, yo te regalo el partido?. ¿Hay que tener más dignidad para venderse así­, no?

En un sistema jurí­dico como el nuestro (que tiene mucho de negativo, pero al fin y al cabo es nuestro sistema), donde los partidos deben ser instituciones democráticas, con ideales, con militancia activa y fomento de la formación y capacitación de las futuras generaciones polí­ticas, la forma tan descarada en que Yehude Simon anda por los medios ofreciendo su partiducho al mejor postor es, sinceramente, nauseabunda. Los ciudadanos, y futuros electores, debemos tener presente esto para no votar por lo que sea que se asocie a ellos. Será un voto de protesta por pedir, aunque sea, un poquito más de institucionalidad, dignidad y respeto por nuestro sistema de partidos.

Por lo pronto, solo mi mayor solidaridad (y pena) a aquellos verdaderos humanistas, que creyeron en los ideales y principios que alguna vez pudo tener esta agrupación. Que dieron su firma para inscribirlo, y que luego, seguro, han visto cómo se utiliza para fines muy distintos. Para la conveniencia y oportunismo de su lí­der. Para mantener la vigencia de un caudillo que hace tiempo debió ser un cadáver polí­tico. Para sacarle la vuelta a la ley y para buscar revivir y dar cabida electoral a movimientos que de otra forma no la tendrí­an. La máxima expresión de lo nefasto del hecho que la ley no sancione los vientres de alquiler de forma efectiva. O que en el fondo la ley no sancione nunca ninguno de los atropellos que se cometen en los partidos.

Urge una reforma de verdad a nuestro sistema. Una reforma de incentivos. Pero es poco probable que esto venga del Congreso: el gato no puede actuar de despensero, así­ como no se puede pedir a los polí­ticos que reformen sus propios vicios. Es la gente, es la calle, la que debe pelear por un cambio.

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