Luis Alberto Arista Montoya*
A la semana de recibir la mala noticia de las pruebas PISA, y que el ministro de Educación, Dr. Antonio Chang Escobedo, presentara el Plan Nacional de Educación 2026-2031, la sociedad peruana sufre una nueva conmoción debida a la salvaje violación sexual de un escolar causada por una manada de estudiantes del mismo Liceo de la Naval.
Los agresores y cómplices tienen 16 años, cursan el quinto año de secundaria, pertenecen a la clase social alta de Lima, como casi la totalidad del alumnado. Es decir, nacieron el año 2000 (a inicios del siglo XXI), bajo la influencia del internet y de las Redes Sociales que implantan una cultura que confunde lo real, lo ideal e irreal con lo virtual. Y usan y abusan del anonimato.
Pertenecen, pues, a la generación de los nativos digitales: se educaron desde su temprana edad manejando su propia computadora, un celular y una tableta de última generación. No nacieron como el común de los niños con el “pan bajo el brazo”, sino con el celular en mano, pegado a la Trompa de Eustaquio del oído; lo manejan noche y día, en todo lugar, superando las siete horas que dura la jornada escolar por día. La celularitis es un síntoma de alerta.
Se ha producido (prosigue) una rápida y perturbadora socialización digital de niños y adolescentes. Antes de aprender a leer y escribir correctamente, dominan casi a la perfección sus prótesis digitales. Gramaticalmente son casi analfabetos, pero tecnológicamente son alfabetos digitales, que agreden directamente a los demás o a través del ciberbullying (acoso escolar por Wasap, Tik Tok , Instagram, etc.).
Los celulares y las tabletas de estos agresores tienen que ser rápidamente incautados por los jueces del caso. En esa memoria digital está sedimentada el perverso perfil autobiografía de estos agresores.
Lo sucedido en dicho liceo no fue un hecho aislado, fortuito, porque otras denuncias pasadas están saliendo a flote después del encarcelamiento en Maranguita de esa tribu urbana salvaje. Seguramente es producto de la sedimentación de una serie de capas de violencia escolar encubiertas por los directivos y profesores del colegio, y por la Asociación de Padres de Familia- APAFA.
No es un fenómeno aislado, es un epifenómeno de algo gravísimo: la profunda crisis de institucionalidad del Ministerio de Educación y de la degradación de la sociedad en su conjunto, expresada en los rasgos psicopatológicos de esos adolescentes. No detectados, mucho menos denunciados oportunamente.
Para hacer frente a esta enfermedad social e institucional, el ministro Antonio Chang ha anunciado las siguientes medidas:
1.– La creación de la Oficina de Protección de la Comunidad Educativa. (En la desarrollada Corea del Sur se creó con el nombre de Oficina de Protección de los Derechos Educativos-OPDE, bajo el principio de que la educación es la enseñanza de conocimientos, pero también la formación del carácter del escolar)
2.- Otorgar autonomía a los colegios, a cargo de un director con liderazgo y autoridad, con profesores íntegros e idóneos a través del fortalecimiento de la carrera pública magisterial.
3.- La creación de una Escuela Nacional de Formación de Directores de Escuela, y
4.- El posible retorno de la medida de expulsión de los indeseables.
El desacoplamiento entre el mundo sistémico respecto del mundo de la vida, se nota con mayor fuerza a nivel de la familia, con la consiguiente pérdida de valores y del imperio de la irracionalidad: surgen ciertas patologías que perturban el bienestar social. (Véase libro: Patologías de la Razón, de Axel Honneth)
Vamos a retomar en este quinquenio – expresó el ministro Chang – el tema de la guía de padres de familia, para decirles grado por grado qué pueden hacer para acompañar en el rendimiento, la conducta y el crecimiento de sus hijos. Los padres tienen que ser nuestros grandes aliados.
Finalmente, sostenemos aquí la hipótesis de que estas barbaridades cometidas por los “cretinos digitales” habrán de ser pronto materia de estudio de la Antropología Cultural, debido al acelerado avance de la Inteligencia Artificial, tal como nos lo han advertido sus propios fundadores. Se trata de investigar pronto sobre los crímenes y costumbres en la sociedad salvaje digital. La Situación-Problema de la manada de agresores del Liceo Naval puede ser un buen punto de partida para una investigación científica relevante. ¿Cuántas manadas más existen en dicho colegio? ¿Cuántas en todo Lima, cuántas en todo el Perú? Son preguntas que nos interpelan.
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*Editorial. Para Radio Reina de la Selva. Lima 22 de setiembre de 2026. Luis Alberto Arista Montoya.




