Yo denuncio

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10/04/17 – 06:10

Por Eduardo Herrera Velarde

Consultor en prevención penal y estrategias de lucha contra la corrupción.

Juan me cae mal, entonces lo denuncio por delito de estafa. También Marí­a me cae mal, se me ocurre denunciarla por lavado de activos. A Felipe le quiero bloquear un negocio en el que es mi competencia, a él le dirigiré una denuncia por corrupción.

En las tres situaciones hipotéticas descritas anteriormente, la Fiscalí­a abre investigación y genera tres casos. No importa que no existan pruebas mí­nimas (indicios). Según se dice, todo debe ser investigado.

Estos tres casos se van acumulando a toda la carga que ya de por sí­ tiene el sistema de administración de Justicia. Se empieza a generar el tráfico del cual, luego, nos quejamos (y padecemos) todos. El acto de denunciar se ha convertido en un deporte nacional generado porque existe cancha de sobre, se acepta cualquier mamarracho.

No entra en mi relato, por cierto, el mal que causo a un tercero. Tanto Juan, Marí­a y Felipe, tendrán que contratar abogados y perder tiempo. Importan por cierto muy poco las honras manchadas.

La solución es muy simple. No existe ninguna norma que obligue a la Fiscalí­a a investigar todo. Sucede que, si algún Fiscal se atreve a rechazar de plano uno de estos bodrios, es luego investigado “ y posiblemente sancionado “ por no tramitar la denuncia? por no investigar todo. Un incentivo perverso más en contra de la eficiencia del sistema. Hay que respaldar la actuación con criterio de Fiscales que sí­ se atreven, los órganos de control interno (disciplinarios) deben sentar una posición al respecto; mucho caso basura se eliminarí­a así­. La consecuencia de generar tráfico desencadena cuellos de botella (su caso no avanza señor, ya sabe cómo podemos aligerarlo¦ $$$?).

Los grandes cambios empiezan “ a veces “ con pequeños pasos.

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