Jueves, 29 septiembre 2016
Luis Arista Montoya*
En realidad, todo país es una construcción social permanente, cotidiana; proceso que sociológicamente se conoce como ?producción de la sociedad? que puede tener un carácter de sociedad detenida, sociedad de cambio lento, sociedad acumulativa (de progreso) o sociedad de ruptura (por ser crítica y violenta). Siempre depende de sus habitantes para que un país tenga destino histórico pacífico.
Colombia- de hermoso paisaje caribeño y tropical – ha padecido 52 años (desde 1964) de una inclemente violencia por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC, y de los paramilitares; que junto al narcotráfico mellaron el paisaje hasta lograr territorios liberados, a donde el Estado solo tuvo incursiones pacificadoras esporádicas, sobre todo a partir de Plan Colombia implementado con ayuda de los EE.UU.
¿Cómo y por qué este país pudo soportar tanto maltrato? ¿Por qué el Estado-asistido constitucionalmente por el derecho al monopolio oficial del uso de la violencia- abdicó de su derecho de defensa? ¿Por qué dejó avanzar al enemigo? Se habla de la gran dejadez y traición de las elites políticas de antaño. Se calcula que el conflicto produjo 220,000 muertos, de miles de miles de colombianos desplazados; de cientos de comunidades negras y campesinas sumidas en atroz pobrezas; de la narcotización de las relaciones sociales; de millones de millones de dólares gastados para enfrentar a los insurrectos, en vez de invertir a favor de los pobres.
Esta y otras preguntas asaltan mi razón en estos momentos en que ya se firmó- ante la testificación de muchos dignatarios internacionales- el acuerdo para la paz pactado por el Presidente Juan Manuel Santos y por el número uno de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias ?Timochenko? en la hermosa ciudad de Cartagena de Indias el pasado día 25 de setiembre del año en curso; tras un proceso de negociación que duró cuatro años en la Habana, donde jugaron un gran rol facilitador Raúl Castro, presidente de Cuba, el Papa Francisco y, desde antes, el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, otrora amigo íntimo de Fidel Castro.
Si se considera el lapso de tiempo de 15 años -según la teoría del cambio generacional de José Ortega y Gasset- en Colombia han padecido los estragos de la violencia cuatro generaciones de personas; aunque ahora, debido a la socialización digital, los cambios generacionales son más rápidos: cada década o cada cinco años, produciendo más dinamismo, pero, al mismo tiempo, portando enemigos lacerantes: ese fue y el caso de las FARC, monstruo terrorífico que la sociedad colombiana y americana estaba tomando como una ?normalidad?.
El caso colombiano es un laboratorio de estudio donde la Cultura de Paz cede con amargura y esperanza ante la negra Cultura de Violencia. Frente a la imposibilidad de no poder derrotar militarmente a las FARC el Presidente Santos apostó por una negociación calculadamente concesiva, para que depongan las armas, permitiendo la inserción de las FARC a la vida democrática de Colombia. Ante el duro muro de la intolerancia bueno es apostar al principio del ceder para conceder, al toma/daca. Pues el cultivo y la praxis de la Cultura de Paz siempre requiere de un diálogo persistente y negociación inteligente hasta lograr tercamente ciertos acuerdos a favor de la paz perpetua.
No es que se logre la paz de inmediato, de la noche a la mañana. Lo que se ha dado en Colombia es el punto de partida de un largo camino de búsqueda, cuyas concretizaciones dependerá de que ambos actores cumplan con lo pactado en forma transparente.
Son 5 los ejes temáticos/problemáticos de este compromiso histórico:
1.-Frente a una selva de montes devastados (y pro siembra de coca): Una política de desarrollo integral.
2.- Frente al odio y destrucción de la democracia: participación política dentro del Estado de Derecho
3.-Ante el peligro del imperio del narco Estado y la narcotización de la economía y de la sociedad: Solución al problema de las drogas ilícitas.
4.-Frente a la muerte, el dolor y el duelo: Acuerdo sobre las víctimas del conflicto armado.
5.- Ante el arsenal de armas en poder de los adversarios: Acuerdo sobre el cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo, y dejación de las armas, garantías de seguridad y refrendación. Las FARC tienen 180 días para dejar las armas y la desmovilización de sus bases militares bajo la supervisión de una misión internacional liderada por la ONU.
EL próximo domingo 2 de octubre el pueblo colombiano refrendará el acuerdo mediante un plebiscito: votará por el SI o NO a lo pactado. Tendrá carácter vinculante el resultado. Por las encuestas proyectadas estamos seguros que triunfará el SI. Entonces, El presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño Echeverri, alias ?Timochenko? ? según mi entender intuitivo- serán dos posibles candidatos al Premio Nobel de la Paz. De esa manera el mundo entero reconocería ese gran esfuerzo y consolidaría compromisos, para que no hay vuelta atrás, porque está en duda si existe un auténtico arrepentimiento por parte de los insurgentes, aunque ya su líder pidió perdón al pueblo colombiano en Cartagena.
Pero, existe una duda: pues en las FARC existen disidentes que no están de acuerdo con lo pactado, y en estos momentos parece que ya están huyendo hacia países vecinos como Ecuador, Venezuela y Perú. Si logran penetrar territorio peruano por Leticia, el Putumayo o Caballococha, podrían ubicar nuevas bases resentidas, poniendo en peligro a todo el Nororiente peruano, incluida a la parte montañosa de nuestra Región Amazonas. Nuestras Fuerzas Armadas y Policiales deberán estar alertas y prestas para evitar estas incursiones peligrosas que se pueden reciclar en colaboración con los narcotraficantes de la zona que pululan agazapados o a vista y paciencia (y billetera) de ciertas autoridades venales.
Si yo fuese colombiano- en honor a mis buenos amigos, a su aromático café, su alegre vallenato, y a ese universal novelista Gabriel García Márquez- yo votaría cien veces por el SÍ. Colombia merece no cien años de soledad, sino cien años de solidaridad para recuperar su democrático destino histórico.
———————
*EDITORIAL. Para Reina de la Selva de Chachapoyas. Lima 28 de setiembre de 2016. Luis Arista Montoya.




