El gran fracaso de la gestión forestal en el Perú.

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Por: Mirbel Epiquién

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El año 2014 se creó el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) como parte de la implementación de la ley N° 29763, Ley Forestal y de Fauna Silvestre, que fuera aprobada 3 años antes. Formé parte de aquella joven organización que en la práctica solo había mutado de ser una Dirección General del Ministerio de Agricultura hacia un organismo autónomo, y quizás allí fue que el niño ya nació enfermo, porque si bien es cierto ahora era autónomo administrativamente pero políticamente dependía del viceministerio de políticas agrarias, cuyos titulares (sean viceministros o ministros) apenas habían visto los árboles plantados en la Av. Salaverry en Lima.

Desde el primer momento era consciente y creo que los entendidos no lo pueden negar, que el diseño de la estructura normativa e institucional del sector forestal en el Perú está hecho para satisfacer los requerimientos, en primer lugar, de los extractores y exportadores de madera. Cuando el poder económico y político de estos últimos es superior a los argumentos técnicos de los administradores del bosque, un director ejecutivo y un ministro pierden su capacidad de ejercer algún tipo de liderazgo y autoridad. Sin embargo, al principio teníamos la voluntad de construir algo, más ahora, doce años después de creado el SERFOR, he llegado a la conclusión que la gestión forestal en Perú ha fracasado. Ni siquiera revisando las crecientes tasas de deforestación (189,000 hectáreas de bosque para el 2024), que ya de por sí debería confirmar el fracaso estrepitoso del Estado Peruano en la gestión de sus bosques, sino también revisando algunas de las funciones básicas para el Serfor.

Por ejemplo, en cuanto a la zonificación forestal, el departamento de San Martín, que es el más avanzado, tiene aún un 70% de avances, desde hace 12 años de iniciado su proceso, ya ni revisar el resto de departamentos que apenas se encuentran en las etapas de planificación. Esta zonificación es clave para iniciar los procesos de ordenamiento forestal, que también es otra función del Serfor.

En cuanto al inventario forestal, los primeros reportes para el 2025, de cuantificación de la flora, fauna y biomasa (carbono) es del 20% del territorio boscoso, lo que significa que la tarea es muy lenta y costosa. 

Otra tarea muy publicitada es el otorgamiento de contratos de Cesión en Uso, que para el año 2025 apenas se había llegado a 760 familias amazónicas mediante contratos de cesión en uso para sistemas agroforestales. Para entender la dimensión, solo en el departamento de Amazonas hay unos 225 mil productores que ocupan potenciales áreas para este tipo de títulos habilitantes.

En cuanto a las regencias, estás no han estado exentas de corrupción y falsificación de planes de manejo que finalmente es el primer paso para «lavar» madera de origen ilegal. Hay casos de perjuicio a comunidades porque algunos regentes han incumplido normas técnicas.

Una realidad que muchos se resisten a aceptar es que el modelo de extracción forestal en el mundo ya no es aquel en donde se ingresa al bosque y se extraen los árboles que han crecido de forma natural, desde hace muchos años en Perú la balanza comercial es distinta, se importa mucha más madera de la que se exporta. Las exportaciones forestales sufrieron una caída del 15.8% en 2024, alcanzando niveles mínimos no vistos desde la pandemia, esto seguirá así hasta que se destruya el último árbol amazónico por pura ambición y falta de visión.

Chile exporta hasta 30 veces más que Perú debido a su modelo basado en plantaciones forestales, en Perú apenas se llega a plantar 1000 hectáreas de bosque por año y por pura iniciativa local, ninguna política de promoción financiera por parte del Estado.

Ya ni hablar del tráfico de flora y fauna, el control por parte de las autoridades nacionales y regionales es paupérrima, sin especialistas, sin dinero, sin logística. Basta revisar las noticias para evidenciar que en algunas bandas de tráfico silvestre participan hasta las propias autoridades forestales. 

Los que hacen uso de los recursos del bosque, en el bosque, se quejan siempre de los procedimientos administrativos engorrosos y la falta de capacidad técnica en los gobiernos locales para elaborar planes de manejo. Esto incentiva la informalidad en un universo de más de 250,000 personas que participan en alguna cadena de suministro forestal a pequeña escala.

El Serfor también tiene la función de conservar las especies y ecosistemas forestales. A nivel de especies no ha actualizado su lista de especies de flora silvestre desde el año 2006, y en una lista que ni siquiera aparecen árboles maderables. A nivel de ecosistemas su máximo logro ha sido construir una lista de “ecosistemas frágiles”, lista que viene siendo revisada para reducirlo significativamente dado que el Serfor nunca pudo crear un sistema de protección efectiva.

No podemos hablar de competitividad en la transformación y comercialización de productos forestales porque el sector está quebrado. La inversión forestal, si no viene por presión extranjera es casi nula, y así podríamos seguir hablando sin que a los funcionarios respectivos se les ruborice el rostro, porque ellos mismos son parte del desastre. 

¿Qué hacer?, primero, aceptar que el país ha fracasado en la gestión de sus bosques. Segundo, evaluar el modelo institucional; la fragmentación de la gestión es un problema, pero también la autoridad, el ministerio de agricultura ha demostrado que no es competente en administrar el bosque, simplemente no es su negocio. Tercero, iniciar el proceso de cambio del motor forestal hacia plantaciones forestales y negocios distintos a la madera, como mercados de carbono, restauración o manejo de fauna.

Son ideas generales que ni siquiera son mías, está escrito en todas partes, pero la tozudez de algunos “expertos” y los negocios “extralaborales” de otros nos llevarán inevitablemente a la destrucción de nuestro último recurso estratégico, el bosque.

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