En política hemos tocado fondo

Facebook
LinkedIn
WhatsApp
X
Telegram

Prof. José Mercedes Santillán

«Si no te ocupas de la política, la política se ocupa de ti», reza una antigua frase. El ser humano como ser social es político. No hay apolíticos en el mundo. Ya con la indiferencia, el conformismo, el activismo, estamos inmersos, queriendo o no queriendo, en la política. Hay religiosos que dicen que no tienen nada que ver con la política. Me ocuparía escribir un libro para demostrar que la política con la religión siempre han ido de la mano a lo largo de la historia de la humanidad.

Los imperios siempre han jugado un papel preponderante en la política de los países subdesarrollados, aunque muchos historiadores lo pasan consciente o inconscientemente por inadvertido. Al Imperio Inglés lo interesó que las colonias del Imperio Español se independizaran para ampliar sus mercados, luego le interesó balcanizarlos, porque divididos es mejor gobernar. San Martín y Bolívar tuvieron el apoyo de los ingleses en la lucha por la liberación política de España. Después de la independencia política, como no hubo fronteras bien delimitadas de los países, los ingleses azuzaron las discordias y las guerras como el de la Triple Alianza y la del Pacífico fue un negocio redondo para ellos: países en precariedad económica por necesidad ponían sus recursos naturales a su disposición y la compra de sus armas bélicas supuestamente para defender sus soberanías.

El presidente Monroe de EE.UU ya en 1823 instituyó su doctrina como antesala: «América para los americanos». La estocada final le dio al Imperio Español en 1898 cuando derrotándolo en la guerra le arrebató sus últimas colonias. Eran tiempos en que el carbón era sustituido por el petróleo como combustible para los vehículos. Algunos sostienen que con el petróleo apareció el Imperio Rokefeller. Inglaterra comenzaba a declinar y EE.UU comenzaba a superarla.

Pero, entonces, ¿qué pasó en el Perú? En el Perú republicano no mejoró la condición del indio, al contrario, empeoró. La discriminación se refleja incluso en las sucesivas constituciones del Perú. La trilogía infame gamonal, cura y juez lo tenían subyugados, iletrados, desinformados a la masa indígena. Se llegó al colmo de achacarla que por su culpa se perdió en la guerra del Pacífico. Los anti indigenistas lo catalogaran como raza abyecta, degenerada e irrecuperable, poco más clamaban por su extinción. La corrupción de la administración, el semifeudalismo, una educación retrógrada hasta en las universidades propició la fundación de la Alianza Popular Revolucionaria Americana en 1924. Luego se hizo partido, anti oligárquico, por cierto, con un himno que comienza «Ante el pasado vergonzante, una nueva doctrina insurge ya… » José Carlos Mariátegui fundó la CGTP y el partido socialista en 1928.

Su deceso fue prematuro y el socialismo no avanzó. En la década de los 50 aparece la figura de Belaunde quién fundó su partido Acción Popular. Como doctrina profería: el Perú primero. Al inicio fue anti oligárquico; pero al final tanto el APRA como AP terminan confabulándose con la oligarquía. Las promesas incumplidas propiciaron la irrupción de un nuevo militarismo con Velasco, luego con Bermudes. Dos fases ideológicamente distintas.

En la década de los 80 vuelve al poder AP  y luego el APRA. Ante el desastre de sus gobiernos se erige el movimiento Cambio 90, que si bien frenó la hiperinflación y combatió la subversión, sin embargo, institucionalizó la corrupción.

 En el mundo, con la desintegración de la Unión Soviética, se había erigido el neoliberalismo y la Constitución de 1993 del Perú es el reflejo de esa política económica. «Es el fin de las ideologías», proclamaba la prensa.

En los gobiernos de Toledo, García, Humala, el Perú creció económicamente con el neoliberalismo. Las materias primas habían alcanzado una buena cotización. En la macroeconomía se logró buena imagen, pero siempre con el modelo primario exportador que no permite el desarrollo sustancial y equitativo del pueblo que no superó la pobreza.

La heredera del fujimorismo que había perdido en las elecciones en el año 2011 y al ser derrotada por segunda vez en el año 2016, pero que logró colocar 73 congresistas, comenzó a propiciar la desestabilización política. Como secuela, en 10 años el Perú tuvo diez presidentes. El último congreso, tras vacar a Castillo, puso a tres presidentes y amoldó la Constitución de acuerdo a sus intereses, no a los intereses del país. 

Se alcanzó el récord de 36 candidatos a ocupar el sillón presidencial. Con el deceso de uno quedan 35. Los pírricos y hazmerreír debates se sintetizó en promesa tras promesa, como siempre, e insultos de por medio. Si gana uno de derecha, estará en la misma línea de Milei, si es elegido uno de tendencia izquierdista, tendría que hilar muy fino y ser de «cojones» para no correr la misma suerte de Castillo, porque el próximo Congreso lo tendrá amarrado.

Artículos relacionados: