“La mayor presencia militar estadounidense en la región, incluido nuestro país, no debería ser tomada a la ligera”.
La visita esta semana a Colombia, Ecuador y Perú del secretario de Estado, Marco Rubio, es parte de esa ofensiva diplomática, su cargo equivale al de ministro de Relaciones Exteriores. (EFE/ Paolo Aguilar)
Redacción Gestión – Editorial
El Perú es un plato apetecible para las dos superpotencias económicas –China y Estados Unidos–, sobre todo por la lucha entre ambas por conquistar la hegemonía mundial. Pese a la pequeña y mayoritariamente informal economía peruana, la ubicación geográfica de nuestro país le otorga un atractivo estratégico, factor que China fue la primera en reconocer y aprovechar. Recién con la llegada de Donald Trump al poder y, en particular, a partir de su segundo mandato (que empezó en enero del 2025), la ojeriza que le tiene a China se ha transformado en acciones concretas, con medidas de fuerza como la imposición de elevados aranceles, pero también con el uso de la diplomacia.
La visita esta semana a Colombia, Ecuador y Perú del secretario de Estado, Marco Rubio, es parte de esa ofensiva diplomática –su cargo equivale al de ministro de Relaciones Exteriores–. Aunque el motivo oficial de su periplo fue estrechar lazos con estos países, en materia de seguridad ciudadana, combate contra el crimen organizado y el narcotráfico, y promoción de inversiones, principalmente, quedó claro que el mensaje que transmitió estaba dirigido al Gobierno chino y tenía que ver con una “nueva era” de cooperación entre Estados Unidos y América Latina.
Incluso, Rubio anunció la incorporación del Pero al Escudo de las Américas. Se trata de una coalición multinacional de cooperación militar, anunciada por Trump en marzo, y a la que se han adherido diez países de la región, todos con gobiernos de derecha (o extrema derecha). Chile y Colombia no forman parte, pero es posible que también se adherirán en el futuro cercano. La mayor presencia militar estadounidense en la región, incluido nuestro país, no debería ser tomada a la ligera. En el caso del Perú, ya figuran acciones concretas: Estados Unidos ha aprobado un acuerdo de venta militar por US$ 1,500 millones para la modernización de la Base Naval del Callao. Y no olvidemos los US$ 3,500 millones por la compra de 24 aviones caza.
Pero lo que parece que encendió el pleito con China, vía redes sociales, fueron las declaraciones de Rubio, del tipo “El hemisferio occidental no es patio trasero de nadie” o que su país respeta la soberanía del Perú y que “cualquier cooperación bilateral se ajustará estrictamente a las leyes e instituciones peruanas”. Lo que el Gobierno peruano debe evitar es tomar partido, pero la ruptura de las inexistentes relaciones diplomáticas con Irán o la crítica de la Cancillería a la reforma constitucional en Nicaragua –alineándose con Estados Unidos–, no son señal de neutralidad.




