Prof. José Mercedes Santillán Salazar
Hay un libro que lleva ese título. Aún no lo he leído, pero me imagino de qué trata. Le voy a conseguir y leer. Me parece un título muy sugestivo.
El primer paso para leer es el propósito por qué leer. Si no tenemos ningún propósito o interés simplemente no vamos a leer.
Chachapoyas todavía es una ciudad segura. La mayoría de la gente anda con el celular en la mano como un zombi en las calles con la seguridad de que nadie los va a «arranchar«. Más bien, hay que darles espacio para no chocarnos. Parece que ellos tienen derecho a andar entretenidos y los demás debemos darles paso. Hemos llegado a una adicción incontrolada al celular. Video juegos, chats, porno, etc. En un banquete, reunión o trabajo dejan de atender, interrumpen la conversación por recurrir al celular. No dejó de tener razón Einstein cuando dijo que «el día que la tecnología suplante a la interacción humana va a haber generaciones de idiotas».
Se llega a extremos: mientras el docente o alguien habla los demás están entretenidos con el celular; en el otro caso, hay colegios, por evitar el entretenimiento, prohíben que los alumnos porten el celular. El quid está en el buen uso que se haga de la tecnología.
En una práctica de lectura un alumno me pregunta qué significa tal o cual palabra. Con modestia lo sabemos el significado (sin jactarnos de «enciclopedia»), les respondo: «consulta con la RALE que tienes en tus manos».
La adicción al celular mata la capacidad crítica y creativa, afecta al cerebro. Apaguemos el celular y observemos más, reflexionemos más, analicemos más, tomemos un libro, leamos más y demos vuelo a nuestra imaginación, al razonamiento y dejaremos de estar en la cola de la prueba PISA.




