La perfidia como polí­tica

Facebook
LinkedIn
WhatsApp
X
Telegram


21/05/18 – 04:43

Por: Marí­a del Pilar Tello

La metodologí­a de grabar con cámara oculta para tener las imágenes que permitirán chantajes, sobornos y resultados polí­ticos es repudiable. Tenemos un gran maestro que dejó discí­pulos aplicados.
Han transcurrido casi dieciocho años de ese 14 de setiembre del 2000 cuando las pantallas se llenaron de las imágenes que vení­an de un video bomba que remeció al paí­s,  a sus cimientos sociales y polí­ticos: vimos al todopoderoso asesor presidencial Vladimiro Montesinos entregando miles de dólares a Alberto Kouri Boumachar, congresista elegido por las filas del opositor Perú Posible, por su pase a las filas gobiernistas. La indignación recorrió el paí­s y ahí­ se inició la caí­da de la dupla Fujimori Montesinos.
Después se sabrí­a de los numerosas grabaciones a los incautos que cayeron en sus redes “aquellos que pasaron por la salita del SIN“, a quienes el superespí­a puso precio desde el preciso conocimiento que tení­a de sus problemas financieros, personales, profesionales y demás. Todos fueron premiados con los dineros del Estado por su perfidia y su traición, y quedaron para la historia de la infamia debido a la siniestra metodologí­a que convirtió a Montesinos en el dueño de vidas y honras.
No ha sido suficiente este tiempo pasado para que la sociedad y la clase polí­tica internalicen el repudio de estos métodos. Están muy cercanas las imágenes de los keiko o kenyivideos, que dieron a conocer el operativo de salvataje del expresidente PPK en las ví­speras de una vacancia cantada. Vimos grabados con cámara oculta a congresistas negociando votos y prebendas en una feria culposa que terminó con la renuncia del Presidente elegido para dar paso al nuevo gobierno de Martí­n Vizcarra.
Hoy nadie quiere recordar las toneladas de lodo que con esos videos cayeron sobre el Ejecutivo, pero también sobre el Legislativo y sus modalidades vedadas de enriquecimiento. Estamos en pleno proceso de desafuero de Kenji Fujimori y sus avengers; sin embargo, quienes hoy fungen de impolutos jueces y proclaman ser los lí­deres anticorrupción no quieren ver o aceptar que todo el Congreso ha sido tocado.
En otra muestra de la polí­tica artera de la emboscada, hemos visto el operativo montado en el Lugar de la Memoria por el general Edwin Donayre que tendió una trampa a una guí­a para presentarla como apologista del senderismo. Y por ello consiguen no solo el despido de la guí­a sino también el de la funcionaria responsable de una institución creada para la reflexión social. En las antí­podas de la búsqueda de la pacificación, la estrategia de presentarse como ví­ctima con un grupo de cómplices para provocar respuestas y grabarlas con cámara oculta no es para nadie edificante. Querí­an desprestigiar al LUM y usaron los mismos métodos que para hacer caer un presidente.
Es lamentable que no se aprenda las lecciones de la historia y que gente como el general Donayre sea celebrada en el afán de reescribirla apostando a la desmemoria o al desconocimiento. Quienes se pretenden héroes de la anticorrupción y salvadores de la patria no lo serán cuando nos retrotraen a las etapas más oscuras del paí­s, usando sus mismos métodos.

Y más lamentable aún que la ministra de Cultura haya cedido a este tipo de presiones y técnicas, muy eficientes para los objetivos de distorsión o desinformación y también para desvalorizar la polí­tica al desligarla de la ética.

Artículos relacionados: