Por: Víctor Ponce
Es muy difícil ayudar a quién no se deja ayudar, se suele
decir. En la conducta de los integrantes de la administración PPK hay algo de
eso. De alguna manera el Ejecutivo estaba tan entretenido en la artificial
polaridad fujimorismo versus antifujimorismo -impulsado por un sector de la media nacional- que se olvidó de que la
solicitud de delegación de facultades al Congreso era, sobre todo, una demanda
que surgía de una urgencia nacional.
Sin embargo, con la delegación en la mano, los voceros del
gobierno anunciaron que promulgarán los decretos dentro de unas semanas. ¿Para
qué tanto revuelo mediático denunciando una conspiración desde el Legislativo
entonces? No solo parece que existe ineficiencia, sino también algo de
frivolidad. Cualquier administración medianamente organizada habría empezado a
promulgar los decretos al día siguiente de la autorización para desatar un
debate nacional alrededor de las reformas legislativas.
En medio de esta sensación de improvisación, el desastre
económico que ha dejado el nacionalismo parece ser más grave de lo imaginado.
Economistas serios comienzan a señalar que el déficit fiscal está más cerca del
4% del PBI y que la recaudación no repunta; y pese a estos nubarrones, la
administración PPK sigue apostando a reducir un punto del IGV. En este
contexto, ¿cómo se puede renunciar a recaudar S/. 3,000 millones? Ya no es
racional. Un reciente decreto supremo que ordena a los ministerios ajustar los
gastos en diez días parece ser un punto para la cordura.
Pero no solo se trata de la caja fiscal, es el desastre
total del Estado: un deterioro institucional sin precedentes. Los programas
sociales están inflados y no sirven para mucho, y la inversión pública debe
recuperarse a mayor velocidad. A pesar de la terrible situación en que recibió
el aparato estatal, la administración PPK se negó a denunciar la magnitud de
los yerros del humalismo. Perdió así una inmensa cantidad de oxígeno para
respirar en los tiempos agitados que se vienen. ¿Los demócratas no deberían
impulsar una gran movilización contra el desastre nacionalista? Ayudaría mucho.
En cuanto a la seguridad ciudadana hay una enorme voluntad
del ministro Basombrío, que anuncia capturas y operaciones; pero, ¿se vislumbra
una reforma? Veremos, porque dentro de la policía parece haber una guerra
interna. En todo caso, vale el beneficio de la duda ante tanto empeño y
voluntad.
Si el fujimorismo, como primera fuerza política del Perú y
mayoría absoluta del Legislativo, cree que puede sentarse en el balcón y
contemplar cómo el pepekausismo empieza a ser desbordado por las demandas e
impaciencia ciudadanas comete un gravísimo error. Un hipotético fracaso
pepekausista también salpicaría a las posibilidades del movimiento naranja en
el 2021. El fujimorismo, pues, va a tener que hacer algo más allá de la buena
onda en el Congreso para ayudar a la administración PPK. Es su deber y su
responsabilidad si pretende encumbrarse como fuerza histórica.
Todo esto es demasiado paradójico. Unas semanas atrás,
algunos planteaban la disolución del Congreso como un escenario probable para
resolver la confrontación Ejecutivo y Legislativo que se había creado
artificialmente. No obstante si las cosas siguen así, el Legislativo tendrá que
ponerse sobre los hombros casi todo el peso de la gobernabilidad. Aquí no vale
el ?no se puede ayudar a quién no se deja ayudar?(la administración PPK parece
gozar con la mencionada polarización). Nada de eso vale porque se trata del
cuarto gobierno nacional democrático sin interrupciones y debemos cuidarlo como
a la niña de nuestros ojos.
(JDR)




