06/02/17 – 03:41
Por: Manuel Yóplac Acosta
El fin de semana me reencontré después de un poco más de cuatro meses con Feliciano Cahuasa Rolín y Danny López Shawit, el reencuentro fue en Santa María de Nieva, capital de la provincia de Condorcanqui. Feliciano y Danny antes del Baguazo? no se conocían, pero fueron el Penal San Humberto en Utcumbamba, el Penal de Huancas en Chachapoyas, la casa-cárcel de Bagua, y Sala Transitoria de Bagua; espacios de persecución para ellos, pero que creó una hermandad. Feliciano es wampis y Danny awajun, ambos vivían (y hoy viven) a cientos de kilómetros en la extensa y verde Condorcanqui.
La última vez que estuve junto a Feliciano y Danny fue el 22 de setiembre del año 2016, justo el día del dictamen de la sentencia por el caso curva del Diablo, en la que fueron absueltos 52 procesados, entre ellos Feliciano y Danny. Desde el 22 de setiembre ambos viven con cierta tranquilidad? en su comunidad nativa: Feliciano en Chapiza, distrito de Río Santiago y Danny en Paantam en el distrito de Nieva; digo con cierta tranquilidad, porque como es de conocimiento público, pero que se maneja como secreto, la Fiscalía no estuvo de acuerdo el 22 de setiembre con la absolución de los procesados y apeló a que prosiga el juicio en la Corte Suprema, es decir, hoy el caso Curva del Diablo está en Lima, y seguramente, próximamente se resolverá definitivamente. Por eso el pueblo debe estar atento, que mientras en el Perú se sigue dando tímidamente los nombres de cómo se distribuyó el dinero de la corrupción de Odebrecht, los indígenas acusados por el Baguazo? siguen perseguidos.
Feliciano y Danny son símbolos de la persecución, más de cinco años de prisión, y aún con persecución legal encima, su vida se ha visto afectada enormemente, de lo poco que tenían materialmente, ese poco lo han perdido todo. Hoy ambos se esfuerzan por sobrevivir en medio de una realidad económica cada vez más difícil. Pero a pesar de la persecución, Feliciano y Danny se muestran optimistas para seguir enfrentando las adversidades de la vida.
La vida fuera de la prisión es diferente dice Danny, pero respirar fresco y gozar la belleza de la selva reconforta, complementa Feliciano. El indígena sin territorio es nada, remarca Feliciano, y Danny complementa, no basta la tierra, el precio del cacao por ejemplo está muy bajo, con ese precio muere la tierra y muere el indígena.
Reencontrarme con Feliciano y Danny es reconfortante. He visto a estos dos hermanos en distintas situaciones, pero hoy los veo más optimistas, más libres y sobre todo, más dignos.




