A quince días del derrumbe que represó el río Utcubamba en el sector La Magdalena, en la ruta Chachapoyas – Leymebamba, la población denuncia una total ausencia de respuesta efectiva por parte de las autoridades, en una emergencia que continúa agravándose con el paso de los días.
El deslizamiento, registrado a inicios de marzo, no solo alteró el cauce del río, sino que destruyó tramos completos de la carretera, dejando incomunicadas a diversas localidades y obligando a los pobladores a improvisar soluciones para su desplazamiento.
Según testimonios de la zona, el río ha tomado el trazo de la vía carrozable, generando profundidades de hasta cuatro metros, lo que hace imposible el tránsito vehicular. La única intervención realizada hasta el momento ha sido parcial y provisional, permitiendo apenas el paso restringido de unidades menores.
La situación ha llevado a los propios ciudadanos a organizarse. Pobladores de El Tingo, Magdalena, Leymebamba y otros distritos han decidido realizar jornadas de bacheo y limpieza con herramientas básicas, ante la inacción de entidades como Provías Nacional, el Gobierno Regional y autoridades locales.
“Ya no queremos charlas ni promesas, queremos maquinaria y soluciones reales”, es el mensaje que resume el sentir de la población afectada, que denuncia no haber recibido presencia sostenida de autoridades desde ocurrido el desastre.
El impacto no solo es vial. Infraestructuras vinculadas al turismo, como accesos hacia Kuélap y proyectos financiados con recursos públicos y con el préstamo internacional de la Cooperación japonesa, JICA, que sobrepasan los 40 millones de soles, como el de Silic y el Parador Turístico, también se encuentran en riesgo, sin medidas claras de protección o intervención, por parte del Ing. Percy Pilco de Pro Amazonas.
Por otro lado, se nota la falta de interés por parte de la Dirección Desconcentrada de Cultura, que dirige doña Rocío Sánchez, de preservar nuestros recursos arqueológicos como Macro, que se encuentran abandonados a pesar de haber recibido avisos del riesgo que corren.
A ello se suma el malestar por constantes apagones eléctricos en la zona, lo que agrava las condiciones de vida de los pobladores, quienes cuestionan la falta de pronunciamiento de las autoridades competentes.
Especial preocupación genera la persistencia del embalse del río, que podría desencadenar nuevas emergencias si no se realiza la descolmatación correspondiente, especialmente ante eventuales lluvias.
La crisis en La Magdalena no solo evidencia una emergencia ambiental y de infraestructura, sino también una profunda desconexión entre las autoridades y la realidad que enfrentan las comunidades.




