CORRUPCIÓN SISTÉMICA

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27/01/17 – 05:26

Luis Arista Montoya*

Los actuales casos de corrupciÍn en  Perú son de orden sistÍmico. No  es que sean  circunstanciales, producto de errores. No. La corrupciÍn es sistÍmica porque estÍ sustentada en una malvada ideologÍa  montada estructuralmente desde la empresa Odebrecht  para vulnerar el estado de derecho  utilizando la institucionalidad del statu-quo de cada paÍs anfitriÍn permisivo. Es decir, para robar y coimear con visos de legalidad, bajo el visto bueno desde la cúspide del poder central.

La corrupciÍn es la mÍxima expresiÍn de la mentira, de la maldad. Hace mucho daÍo a la cosa pública y corrompe las costumbres sociales. Ese daÍo público empieza  corrompiendo el lenguaje,  instrumento utilizado por  corruptores y corrompidos para mentir cÍnicamente, tratando de ocultar sus fechorÍas, instaurando un cuerpo discursivo encriptado, repletos de cifras, chapas y seudÍnimos (vÍase, por ejemplo, las Agendas de Nadine)

Al respecto, gloso algunas ideas del filÍsofo alemÍn Peter Sloterdijk desarrolladas en su imprescindible obra CrÍtica de la RazÍn CÍnica (2003) donde escribe sobre el arte del simulacro o fingimiento modernos. Este libro nos  ayuda a comprender los escombros morales de la sociedad peruana; antes, durante y despuÍs de Odebrecht. Veamos:

Socialmente, la llamada normalidad estÍ compuesta en su mitad por microscÍpicas desviaciones de las normas [errores, delitos, faltas=pequeÍa corrupciÍn permisiva]. Este campo del capricho, del pequeÍo arte de la vida y de la moral negra estÍ casi tan inexplorado como, por la otra parte, la extensiÍn de la corrupciÍn. Ambos son, incluso según el objeto, apenas accesibles, difÍciles de ser detectados y, por tanto, menos para ser sancionados. Se conoce pero no se habla de ello. Ahora, el caso Odebrecht estÍ exorcizando a la sociedad peruana. En muchas esferas del poder (y del no poder) se es tolerante con la pequeÍa, mediana y  alta corrupciÍn. Existe un silencio cÍmplice. Como siempre, han sido   los medios de comunicaciÍn  los primeros en romper el pacto infame de hablar a media voz.

Hoy vivimos un cinismo global del que brotan las  ciudades de cemento, las democracias burocrÍticas, la apatÍa, la infinita mediocridad, la administraciÍn de situaciones negativas, miserable parloteo de responsabilidad, pesimismo achacoso e ironÍas vacÍas. Las sobrevaluadas construcciones de cemento de Odebrecht son sÍmbolos tangibles del cinismo cementero y de la moral negra propia de la corrupciÍn

Uno de los peligros de respuesta del sistema es que la lucha contra la corrupciÍn pueda convertirse en  un simulacro, puro bluff. Sin una teorÍa del bluff, del show de la seducciÍn y del engaÍo, no se pueden entender en absoluto las estructuras de la conciencia de la modernidad, sostiene Sloterdijk El espectÍculo de la lucha de la corrupciÍn en Perú  pueden tapar el secreto corrupto. Hay que desconfiar de las voces altisonantes mediÍticas del ¿caiga quien caiga?, sean ¿peces grandes como  peces chicos?, del ¿hasta las últimas consecuencias?.

El imperativo moral ¿tú debes? (denunciar y luchar contra la corrupciÍn) propio del moralismo nos lleva forzosamente a un ¿yo no puedo?. Por el contrario, el amoralismo (indiferencia, neutralidad) que parte del ¿tú puedes? cuenta de una manera realista con la oportunidad de que aquello que ¿yo puedo? sea en última instancia tambiÍn lo correcto.

Es mÍs, las cuatro preguntas radicales de la Ítica contra el daÍo  público producido por la corrupciÍn, que debemos asumir como nuestras son las siguientes: ¿QuÍ debo hacer?, ¿QuÍ puedo hacer?, ¿QuÍ quiero hacer?, y ¿QuÍ espero de ese hacer? Todo depende  de cuÍn comprometidos estemos frente a la corrupciÍn, y con quÍ instrumentos y apoyo contamos para orientar nuestra denuncia e indignidad. Pero no hay que permanecer  mudos ni tartamudos. Por el bien de nuestro Perú, tanto a nivel nacional, regional como local, porque en estos tres niveles se cuecen las corruptas habas.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 26 de enero 2017. Luis Arista Montoya

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