CORRUPCIÓN: tres consecuencias de las que el Perú debe cuidarse

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19/02/17 – 19:50

Violencia, asesinatos y un posible outsider

Por: Manuel Escorza Hoyle – Polí­tico.pe
1. Los escándalos de corrupción pueden producir violencia social.
La gente anda muy molesta por los actuales escándalos. El paí­s los sigue como telenovela y la indignación es evidente. Se siente el malestar en todos lados.
Todos piden justicia y castigo. Son tan grandes el malestar y la irritación que el paí­s podrí­a acercarse a un desborde pero de rabia e indignación. El ataque a las casetas de la Panamericana Norte (más allá de que pueda haber sido manipulado) es un primer aviso de que la ciudadaní­a está harta de tanto abuso, mercantilismo, negociados y corrupción.
Menos mal que ya no hay terrorismo porque en esta coyuntura hubiese encontrado una oportunidad para la captación de fanáticos. Decirlo no es apologí­a. Es fomentar la conciencia de que los escándalos, los destapes, los robos y los contratos lesivos podrí­an terminar generando brotes de violencia y de protesta. De ahí­ la importancia de que el gobierno administre muy bien esta situación.
La corrupción es también en sí­ misma una forma de violencia. Distinta, pero igualmente violenta. Por sus caracterí­sticas, atenta contra la gente, ciudadaní­a, paz social, confianza de las personas. Es una provocación y, aunque silenciosa, desafiante. Será necesario implementar acciones complementarias para atender el malestar, el hartazgo, la rabia y la decepción.
Se está subestimando la capacidad de reacción de la población y no se está sopesando el impacto que todo esto tendrá en el futuro, en los adolescentes, en los niños, en la simbologí­a y el imaginario.  Generará personas más violentas.
2. Cuidado con los asesinatos de la corrupción.
Hablar de estos temas es delicado. Pero es mejor hacerlo. Ha habido asesinatos provocados por la corrupción. Lo hemos visto en Argentina (donde se asesinó a un fiscal); tal vez ahora último en Brasil con la caí­da de la avioneta en la que viajaba un juez; en Malasia hace unos dí­as; muchas veces en Italia, Londres, etc.
Cómo será de verosí­mil este tema que un ex viceministro actualmente preso se niega a ingerir alimentos preparados en el penal por miedo a ser envenenado.
El gobierno debe cuidar mucho la seguridad de los investigados, fiscales y jueces. Y es necesario hacer ahí­ un trabajo preventivo de inteligencia, porque muchas veces cuando hay destapes y escándalos de la magnitud de los de ahora hay consecuencias nefastas y de esta naturaleza.
Expresarlo no es transmitir mala vibra, alarmismo o dramatismo. Es simplemente contribuir a alertar sobre un aspecto a prevenir.
3. Cuidado con el outsider antisistema.
La actual coyuntura se llevará encima a gran parte de la clase polí­tica. Es lógico y deseable que aparezcan nuevas figuras polí­ticas en el escenario. Pero una cosa es una renovación generacional sin quemar etapas y otra, muy distinta, una renovación como consecuencia de un voto de castigo, desesperanza, frustración. La corrupción es tan grande que afecta la calidad de la ciudadaní­a. Y la aparición de candidaturas improvisadas y radicales podrí­a ser una consecuencia de esto: candidaturas antisistema que reflejen el descontento, el hartazgo, el deseo de cambio y de venganza.
El voto peruano tiene mucho de emocional y contestatario. De ahí­ los outsiders. Los partidos serios deben sentarse a analizar esta situación. Si los movimientos polí­ticos no reaccionan, el Perú podrí­a avanzar hacia un voto a la deriva.
(JDR)

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