Del chorreo al choreo

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08/02/17 – 03:12

Escribe: Rocí­o Silva Santisteban

Este deberí­a ser el momento polí­tico de la izquierda peruana. Ante lo que Martí­n Tanaka ha expresado de forma rotunda como la falla de la élite de derecha del paí­s, demasiado cómplice y demasiado complaciente con el mercantilismo que proclaman despreciar?, la izquierda deberí­a emplear este momentum para sostener lo que debe hacer cualquier persona honesta de izquierda: una crí­tica frontal al capitalismo que ha provocado, con su sistema de prebendas y priorizaciones al capital por encima del ser humano, una situación en la que se ha aprovechado al máximo de la explotación basada en las inversiones.

Han fallado los tecnócratas, sí­, toda esa clase polí­tica que se decí­a no-polí­tica y se autocalificaban de especialistas neutros, saltando de gobierno a gobierno. Pero sobre todo fracasaron aquellos que levantaron el discurso de la tramitologí­a para desmantelar la protección al medio ambiente, los pueblos indí­genas y los más vulnerables. Ha quedado en evidencia que, haciendo uso de ese discurso, se exoneró a Odebrecht para contratar con el Estado peruano cuando se encontraban en litigio por incumplir las normas, beneficiando al ahora requisitoriado Alejandro Toledo y a sus cómplices.

    Los vericuetos de las contratas con el Estado han sido siempre el espacio de la corrupción desde la época del guano y del salitre; la ciudadaní­a ”o digámoslo como la izquierdista que soy, el pueblo” se indigna, se moviliza y nuevamente vuelve a poner su destino en una sororidad: una mirada otra para poder entender el poder del grupo frente al individuo.



Con la caí­da de la derecha complaciente van cayendo sus ideas-fuerza individualistas y dúctiles al narcisismo, terreno abonado para el egoí­smo y para la corrupción. El afán de sostener que el modelo es positivo para beneficio propio pero justificándolo por el chorreo fue y sigue siendo ”ahora con otras nomenclaturas” el motor de este sistema corrupto lleno de choros de marca mayor.

La izquierda deberí­a poner los puntos sobre las í­es, convocar a una gran marcha nacional, gritar #QueSeVayanTodos y plantear el cambio del marco de este sistema: otra Constitución. Como lo sostiene Paul Maquet: Con una izquierda fortalecida, esta grieta en el sistema podrí­a significar la oportunidad para demostrar lo que venimos diciendo desde siempre: el problema no es de individuos corruptos, sino de un sistema corrupto. Y por lo tanto, la oportunidad para derrumbar ese sistema y plantear transformaciones profundas y un debate constituyente?.

Pero la izquierda, toda ella, no se encuentra en condiciones para encarar esta situación: entre un Frente Amplio dividido y con rencillas microcefálicas y otros partidos, fuera de ese espectro, con lastres como juicios pendientes por corrupción (Gregorio Santos), no es posible ejercer ese liderazgo moral y ético que deberí­a caracterizar a una izquierda fortalecida, consecuente y demandante de más y más democracia radical. ¿Es tarde o aún hay tiempo para hacerlo?

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