DEVORADOS POR EL FUEGO

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28/06/17 – 03:46

Luis Arista Montoya*

El pavoroso  incendio de la galerÍa comercial Nicolini, ubicada en un histÍrico barrio del Cercado de Lima, donde han muerto 4 jÍvenes trabajadores/esclavos encerrados y atrapados sin salida, nos duele a todos los peruanos porque nos sobrecoge e indigna: por esas absurdas muertes, que pudieron evitarse de haber imperado el sentido común, el amor al prÍjimo; donde propietarios, arrendatarios,  comerciantes y clientes debieran haber actuado respetando  las normas Ítica y legales.

Cuando en una sociedad casi todo el mundo (ricos/ pobres, urbanos / rurales, ilustrados/ignorantes) vulnera las normas Íticas de convivencia social, saca la vuelta a las normas jurÍdicas, cuando las instituciones y sus directivos voluntariamente actúan en forma ineficiente y negligente, significa que estamos dentro de una ¿sociedad anÍmica?: es decir, gravemente enferma.

Y lo gravÍsimo de ese estado grave, es que ni reflexionamos ni enmendamos. Es mÍs, ya no sabemos quÍ pensar, ni queremos hacerlo buscando el Bien Común, sino todo lo contrario, buscando satisfacer apetitos individuales (o grupales, que no son mÍs que la suma de egos revueltos). Es por eso que los presuntos culpables y  autoridades venales se tiran la pelota entre ellos

¡Ese es mi Perú! ¡Pero no quiero que sea asÍ! , porque es a la vez un  ¿paÍs dulce y cruel?, como dijera el maestro Jorge Basadre. ¿Y se llama Perú? y ¿yo tambiÍn me llamo Perú?, como solÍa cantar Arturo Zambo Cavero, cuyas canciones tarareamos a voz en cuello en fiestas patrias, o cada vez que nuestra selecciÍn empata en goles a las justas. Pertenecemos a un paÍs de empates, y de vergonzantes destapes

Luego de mÍs de cien horas de arduo trabajo los bomberos- hombres/sÍmbolo de la solidaridad humana- aún luchan para apagar los focos  que quedan del incendio de la galerÍa Nicolini, donde encerraban a  jÍvenes trabajadores en cuartos metÍlicos soldados hermÍticamente, bajo candado. ¿Laboraban? informalmente, inhumanamente a puerta cerrada; donde, al parecer, fue una chispa de  soldadura la que originÍ el infernal  incendio, segando la vida de  humildes jÍvenes de origen provinciano

Mientras veÍamos por la tele cÍmo esos jÍvenes gritaban y  sacaban sus brazos por los barrotes de esos cuartuchos metÍlicos pidiendo ser rescatados, me vino a la memoria la obra de teatro de Jean Paul Sartre titulada ¿A puerta cerrada?, donde justamente expresa su famosa tesis de que ¿el infierno son los Otros?: porque algunos mediante su  mirada y su malÍfica intencionalidad de conciencia y de acciones malignas condicionan nuestra finita existencia. Pues en el infierno- como en  el incendio Nicolini –  no existe el tiempo; el infierno es el eterno y doloroso presente. Del cual no se puede escapar.

El incendio Nicolini tambiÍn es sÍmbolo malÍfico de la incuria de ciertas autoridades municipales y del Ministerio de Trabajo. Las inspecciones y fiscalizaciones laborales no funcionaron. La famosa SUNAFIL (Superintendencia Nacional de FiscalizaciÍn Laboral) no ha cumplido su rol  a nivel de las medianas y pequeÍas empresas (Mypes) informales; han supervisado tan solo a  grandes y medianas  empresas formales (¿por quÍ serÍ?). La Sunafil es puro ¿sulfanil?: ungÍento anastÍsico tÍpico, que solo alivia  heridas, no  cura la anomia laboral llena de informalidad (de cada 10 trabajadores peruanos, 7 son informales)

AdemÍs del Zambo Cavero – cuyas canciones llenas de peruanidad   tuve el gusto de escucharlas cantar  durante sus últimos aÍos en su humilde departamento ubicado precisamente en Las Malvinas- , existen tambiÍn otros  sÍmbolos.

Veamos:  Muy cerca  a la siniestrada galerÍa Nicolini, estÍ   La Plaza Castilla, otrora   conocida como Plaza UniÍn, porque allÍ confluyen tres grandes avenidas: la avenida EmancipaciÍn, la avenida Alfonso Ugarte y la avenida Argentina. Al centro se encuentra el monumento a RamÍn Castilla, que por ironÍa del destino, fue el presidente que  suprimiÍ el tributo de los indios y aboliÍ la esclavitud (el 5 de diciembre de 1854, en plena campaÍa de la rebeliÍn liberal, para terminar promulgando la constituciÍn de 1860). Ahora, modernas formas denigrantes de esclavitud y grandes elusiones tributarias  cunden en Las Malvinas, como en otros ¿emporios? empresariales. ¿CuÍntas galerÍas Nicolini  mÍs  existen en  Perú? ¿CuÍntos jÍvenes  y niÍos esclavizados son explotados diariamente? El desempleo (o el empleo precario) aburre y crea resentimiento a futuro.

A unos metros de esta plaza tambiÍn se encuentra, ya en escombros,  la legendaria cantina La Catedral, que en la Ípoca de la tiranÍa de Manuel A. OdrÍa se vio frecuentada por periodistas bohemios del diario La CrÍnica, uno de ellos  fue el joven reportero Mario Vargas Llosa. Lo grafica en su cÍlebre novela ConversaciÍn en la Catedral, donde un personaje llamado Zavalita en un  dÍa taciturno se pregunta: ¿¿CuÍndo se jodiÍ el Perú? Pregunta que cobra vigencia de cara a esa galerÍa incendiada que se encuentra, justamente, frente a dicha cantina. Siempre he dicho  que  esa interrogante de Zavalita (que no fue  pariente de algún polÍtico actual), conlleva a plantear otras preguntas: ¿quiÍnes jodieron al Perú? , ¿CÍmo lo jodieron?, y ¿QuÍ pasÍ con los jodedores? Pues, el actual  caso Lava Jato es un epifenÍmeno (resultante) que testimonia la corrupciÍn y la traiciÍn de poderosas elites. El Perú sigue jodido.

AdemÍs, de tras de los llamados sectores  emergentes y de emprendedores, se encuentran agazapados  ¿empresarios? informales, explotadores devorados por el fuego de  la angurria econÍmica. Nicolini es tan solo un botÍn de muestra. AsÍ estÍ el Perú. AsÍ no queremos que sea.
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*EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 27 de junio de 2017. Luis Arista Montoya.
 

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