EL CAMBIO CLIMÁTICO

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Luis Alberto Arista Montoya

Ha inicios del año 2,000 los Estados comenzaron  ha preocuparse por los bruscos cambios climáticos. Casi coincidió con la caída del Muro de Berlín (hito del cambio climático ideológico entre democracia versus comunismo).  Actualmente, el fenómeno amenaza a los cinco continentes. ¿La ONU podrá establecer un presidente por cada continente, que vele exclusivamente por la armonía Hombre/Naturaleza? Esta es una utópica propuesta, aún

Hoy, la relación hombre/naturaleza es distópica, disruptiva: Torrenciales lluvias por doquier, sequías expansivas, incendios forestales, terremotos, maremotos, un exuberante calor urbano a causa del Fenómeno del Niño Global (calentamiento de los mares: muerte de la fauna o flora marina).

Esta amenaza ha movilizado a todos los gobiernos, ahora mismo, por ejemplo, la presidente del Perú- doña Keiko Fujimori-, después de comprobar y actuar contra los estragos del terremoto en la zona andina de Junín, estuvo pronto en el Vraem y, de inmediato, se trasladó al norte para iniciar los trabajos preventivos contra la amenaza del Niño costero. Todas las instituciones, civiles y militares, deben ponerse las pilas: Pues “Camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

Estamos ante dos corolarios: uno, frente a su sobreexplotación, la naturaleza se está revelando destructivamente; dos, el devenir de las estaciones climáticas ya no será armonioso: lo impredecible, lo inesperado seguirá imperando mientras nosotros, los hombres, persistamos tratando mal a la naturaleza (nuestro hogar vital, nuestra morada sostenible).

La armonía romántica, idílica entre hombre/naturaleza, va desapareciendo. Los bellos bosques, con sus hermosos ríos, lagos y quebradas, sus lindos jardines, sus monumentos arqueológicos y arquitectónicos en tanto Patrimonio Cultural, Patrimonio Natural y Paisajes Culturales, se ven severamente amenazados. El desierto se extiende, las chacras se vuelven páramos, ciertas ciudades parecen bombardeadas, ciertos hábitats se tornan tierra baldía.

Incluso, a nivel de la libertad individual de nuestro cuerpo, ya no tenemos estaciones climáticas seguras; antes casi aparecían bien delimitadas desde inicios de cada año: Después del verano, venía el otoño, luego el invierno, y finalmente, la primavera, para luego volver a circular. Ahora todo es una confusión cosmológica. No sabemos con qué vestido salir a la calle, al campo.

Ya no tienen sentido las siguientes frases: “tengo una edad primaveral”, “gozar del verano de nuestra vida”, “está en pleno otoño (madurez) de su vida”, ”se ha retirado a sus cuarteles de invierno” ( jubilados, cesantes). “La comparación entre las cuatro estaciones del año y las cuatro edades de la vida es una venerable necedad”, decía el joven Federico Nietzsche.

 Sin embargo, creo que para paliar ese dolor vital debemos seguir escuchando el concierto “Las cuatro Estaciones” del italiano Antonio de Vivaldi. La estética de la imaginación creadora nos puede aún reconciliar románticamente con la belleza de la naturaleza; esperando, eso sí, que los actores de la razón científica, tecnológica y empresarial aprendan que a la naturaleza no se la vence sino obedeciéndola, es decir, respetando sus leyes.

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EDITORIAL. Para Reina de la Selva. Lima, 4 de agosto de 2026. Luis Alberto Arista Montoya.

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