EL MIEDO INVISIBLE

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Pastillita para el Alma 28 – 01 – 2026

Algunas veces vivimos en un estado de tensión emocional, temiendo algo que va a suceder. Unos lo llaman presentimientos y en forma más campechana “pájaros de mal agüero” o yendo a la interpretación más académica “Ley de Murphi”, definiendo a aquellas personas timoratas, que piensan siempre en cosas negativas y tanta es su preocupación, las cuales a veces se realiza, pero, lo penoso es que, se trata casi siempre de cosas negativas y no de sucesos que te deparen alegría y felicidad y por lo tanto te hagan cambiar de temperamento, … también en este grupo se consideran a las personas que tienen mentes intuitivas, que adivinan el futuro, … allá, para los que los creen.

En provincias del interior de nuestro país, era muy frecuente escuchar, en las conversaciones coloquiales, especialmente en épocas de la mitad del siglo pasado, cuando a la tenue luz de los lamparines de kerosene, se filtraba, muy secretamente, el nombre de tal o cual señor o señora, adivinador de la suerte y que en el vocabulario  más popular, eran los famosos hechiceros o brujos, conchabados con el demonio y en el  oído de los niños o púberes, esos nombres, se impregnaba profundamente en su mente, más aún con las recomendaciones de los padres advirtiendo el tener cuidado de pasar frente a la puerta de tal o cual persona y mucho más, no recibir, jamás, algún regalo de comida o de bebida de tal quellamito.

Se ven casos, en que muchas personas, especialmente del sexo femenino, tienen esa sensación de temor permanente, tienen actitudes de franca desconfianza, ante todo, se es les nota ansiosas, irritables, con reacciones de susto y cólera o franca desconfianza casi en todas sus actitudes y comportamientos, mostrando miedo ante diferentes circunstancias inopinadas. Son las niñas “timoratas” pero, que saben más que las arañas.

El miedo a “no sé qué” marcan profundamente la forma de comportamiento de personas que se vuelven medrosas, aisladas, sin amigos, desconfiadas de todo, de ser observadas y juzgadas en sus movimientos, en su forma de vestir, de hablar, de no ser aceptadas y se comportan con un miedo silencioso mortificante, originando cambios de actitud y comportamiento, cumpliéndose el dicho:” Tal como te ven y te portas, así … te tratan”.

Sin embargo, el miedo, es un acto normal en todos los seres vivos y … en el hombre, es la expresión de nuestro cerebro reptiliano, que se manifiesta por las descargas de enzimas cerebrales, que nos permite cambios y movimientos para reaccionar rápidamente y automáticamente, ante cualquier situación de peligro, como ante un león, una culebra…

Nadie podrá negar, esa sensación de miedo invisible, cuando nos presentamos a los exámenes de ingreso a la Universidad, o no yendo más lejos en la época de la secundaria en el Colegio San Juan de la Libertad, cuando los exámenes eran orales y uno se paraba frente al jurado, sacaba su balota de una caja y venían las preguntas de nuestros profesores y más, cuando tenías que resolver un problema de Matemáticas  que en los labios de don Eleuterio Trigoso, parecía como “sentencia de muerte”, ante la mirada del profesor Marcial Rea o de don Máximo Rodríguez, atentos a nuestros movimientos de temblor en las manos, tensión muscular de todo el cuerpo, palidez marcada y muchas veces gotas de sudor de nuestra frente. Todos temblábamos …  hasta el Tucsiche y la Wishtaca, que sabían los cursos de memoria y ni qué decir del Huaranguito o el Shulluska, se quedaban mudos, sin palomilladas ni palabras floridas.

El miedo es el temor a decepcionar, a ser involucrado en actos reñidos con la moral, inclusive a no ser aceptados por la sociedad, o contagiados por una enfermedad, como en la época del SIDA o del COVID 19 y más aún en casi todo lugar a la inseguridad ciudadana, con delincuentes que pululan a vista y paciencia de todo el mundo, sicarios, extorsionadores y ladrones capaces de asesinarte por un par de zapatillas o por un celular.

Cuando hay esa sensación de inseguridad, de nerviosismo, de ansiedad constante, como consecuencia de amenazas, de falta de tranquilidad, por deudas o por enfermedades, muchas veces nos atornillamos a esa forma de vida, como que nos adaptamos al sufrimiento y nos conformamos con esa situación, justificando que es producto de nuestra mala suerte o es el destino que me ha señalado ese tipo de vida. …  Nada más falso ante tal realidad.

Muchas de las actitudes de defensa, como la tristeza permanente, el aislamiento, nuestra irritabilidad por todo y ante todo, una posición de malestar y amargura, son estrategias inconscientes, en las que juega un rol principal, la inundación de neurotransmisores como el cortisol y la adrenalina en nuestra masa encefálica producida por el miedo invisible que nubla nuestra mente, gobierna nuestras decisiones y nos impide afrontar la situación.

Siempre hay un miedo a lo desconocido y casi todos los seres humanos, tenemos pánico a la muerte, porque, es un acto trágico, al parecer doloroso y donde todos en algún momento vamos a pasar.

En conclusión, el miedo, jamás va a desaparecer del todo, pero lo importante está, en evitar que nos quite la libertad de actuar y nos domine el terror por lo que puede suceder y no nos permita vivir a plenitud, en el poco tiempo de nuestro fugaz paseo, en el “camino ancho y ajeno” de la Vida.

Jorge REINA Noriega

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