LA “GENERACIÓN Z” NO ES “ZANAHORIA”

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Luis Alberto Arista Montoya*

Si existe una generación denominada “Z” es porque que antes -se presume siguiendo el alfabeto – aparecieron otras generaciones: A, B, C…X, sucesivamente. ¿Es así o no? Pues veamos el tema a la luz de los últimos acontecimientos sociopolíticos.

 La irrupción de colectivos sociales- mayormente juveniles- en el escabroso y sombrío escenario político-social peruano, es un movimiento de masas qué no puede ser estudiado bajo el método histórico de las generaciones porque carece de líderes representativos. Es una masa social informe.

Los usuarios digitales son los que la conocen como “Generación Z”. El término proviene sobre todo de las redes sociales europeas. Los peruanos- casi como siempre- hemos importado esta denominación, bajo una mentalidad digital neocolonial.

 Y no es “Z” porque representa la marca del hombre-zorro (o zorrillo), o porque es la última y superior generación del devenir histórico. No.  Simplemente es una marca más del marketing político del pobre mercado ideológico posmoderno, que se distingue por carecer de ideologías, doctrinas. Pero no es una generación monse, zanahoria.

¿Tal como señala Cristian Pardo en su artículo “Que es la generación Z” ?, a esta generación también se la conoce como “Centenials”, ya que la mayoría nació en siglo XXI, es decir, casi son contemporáneos. En su libro “La Rebelión de las masas” (publicado en 1929) el filósofo José Ortega y Gasset señalaba ya que la contemporaneidad, el gozar de un espíritu de época y tener un líder (o líderes),  son tres características fundamentales para que un colectivo social sea denominado bajo el  concepto histórico de generación.

Los jóvenes de la generación Z han nacido, aproximadamente, entre los años de 1997 y 2012; otros analistas consideran que este colectivo va entre 1995-2009. Esa casi coincidencia de nacimiento se llama contemporaneidad.

 Además de pertenecer a la misma franja de edad (nivel etario),  es una generación de nativos digitales a tiempo completo ligados a la internet, vía celularitis; es de espíritu posmillennials, es decir, son personas del conjunto etario que va, aproximadamente, entre los 13 a 30 años: han nacido prácticamente con un celular y tableta bajo la mano, usan y abusan de las redes sociales  para comunicarse y vincularse socialmente. Es una generación en “on”, muy pocas veces en situación “of”. De ahí que exijan a la clase política   tomas de decisión rápida, inmediata, sin importarles que sean efímeras, descartables.

A nivel de compromiso social son antirracistas, feministas, ambientalistas, independientes y críticos respecto de las generaciones adultas.

¿Estos movimientos contestatarios pueden ser estudiados bajo el método histórico de las generaciones? En parte sí. Pues, en honor a la verdad, no son movimientos generacionales propiamente dichos, por lo que no se puede hablar de una dialéctica generacional (o relevo generacional). Este antiguo método consideraba que el cambio generacional (en tiempos de normalidad) se produce cada 15 años, a través de dos tipos de generaciones: una generación acumulativa (que no trata de romper con el presente ni el pasado) o una generación de ruptura, contestataria, beligerante, buscando cambios radicales y rápidos.

Pero como el mundo vive tiempos revueltos y la acción comunicativa ahora se ha digitalizado casi el cien por ciento, ahora los cambios generacionales se producen cada 3 años o menos. Es por eso   que la dialéctica generacional es mucho más dinámica, a veces violenta, disruptiva y distópica.

 Pero, en países pobres y diversos culturalmente como el Perú, el diálogo intergeneracional es perentorio, bajo una ética discursiva válida para todos los agentes involucrados en el proceso de los consensos, buscando un entendimiento intersubjetivo entre los representantes de todas las generaciones. Ese es el reto: para viejos, adultos y jóvenes. ¿Cuál será la respuesta?

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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 17 de octubre de 2025. Luis Alberto Arista Montoya.

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