El nuevo polí­tico que se viene

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16/02/17 – 03:18

El final de la polarización fujimorismo versus antifujimorismo

Por Ví­ctor Andrés Ponce

Julio Guzmán, Verónika Mendoza, Gregorio Santos e incluso el propio Antauro Humala parecen estar con la adrenalina al tope en medio del derrumbe general de la clase polí­tica ”por el llamado caso Lava Jato” que organizó la democracia posfujimorato.

De alguna manera existe la percepción de que la caí­da de los dinosaurios? generará tal vací­o que es hora de gritar fuerte y convocar a marchas para llenar el enorme abismo que se abre en el espacio público.

Sin embargo, cuando uno escucha a Mendoza, Santos y Guzmán parece que nada se hubiese movido de la faz de la tierra, pese a la evidente extinción. De alguna manera todos los candidatos que pretenden reemplazar a los dinosaurios están empeñados en reeditar las trayectorias, mensajes y discursos de los extintos. La marchita de Mendoza, de alguna manera, tiene una remembranza de la Marcha de los Cuatro Suyos de Toledo, el radicalismo de Santos nos lleva a evocar la intransigencia de Fernando Olivera contra la corrupción a fines de los noventa, y la virulencia antifujimorista de Guzmán tiene todo el histrionismo y puesta en escena de los mejores momentos de Humala.

Las comparaciones pueden parecer algo forzadas, pero es evidente que algo de eso existe. Todos quieren reemplazar a los dinosaurios apropiándose del arsenal y la parafernalia del antifujimorismo; no solo por orfandad intelectual, sino porque en el fondo entienden que el fujimorismo está parado enfrente con todo su ejército completo. El razonamiento es elemental: el que llena el vací­o ya está en la polí­tica grande.

Lo paradójico e increí­ble es que con esos mismos razonamientos, gestos y conductas llegaron al poder Alejandro Toledo y Ollanta Humala. ¿Por qué extraña razón el electorado nacional optarí­a por mantener la polarización fujimorismo versus antifujimorismo que nos ha llevado a la actual situación? ¿Acaso se cree que no existe una racionalidad mí­nima en el electorado y una apuesta por un momento diferente? ¿No es evidente que todas las imágenes vinculadas al antifujimorismo hoy entran en crisis?

En realidad en la apuesta de los candidatos para reemplazar a los extintos hay falta de lecturas, sociologí­a y el instinto en las ví­sceras que caracteriza a los polí­ticos, sobre todo cuando diversos hechos señalan que el antifujimorismo ingresa a una crisis general.

Todo esto indica entonces que es la hora del fujimorismo. Ver para creer, dijo el incrédulo. Quizá ahora el fujimorismo se sienta más cómodo con los apasionados que pretenden resucitar el antifujimorismo, porque serí­a más fácil vencer a un enemigo que repite todas las estratagemas pasadas. Considerando que parece difí­cil que el movimiento naranja repita los errores de elecciones pasadas, el fujimorismo las verí­a muy negras si enfrentara a un polí­tico o polí­ticos que plantearan superar la polarización fujimorismo versus antifujimorismo y reemplazar los escenarios de guerra, de exclusiones, por propuestas de acuerdos y convergencias.

Una polí­tica que supere los enfrentamientos de los últimos 25 años ahora podrí­a convertirse en un verdadero bálsamo sobre las heridas abiertas que deja en nuestra democracia el mercantilismo brasileño. Pero una polí­tica acuerdista y proconvergencias solo puede provenir de un polí­tico diferente, quizá más leí­do y formado que los actuales postulantes a dinosaurios que aparecen como los hongos luego de las lluvias.
(JDR)

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