08/09/21 – 04:16
Luis Alberto Arista Montoya*
Las crisis polÍticas tambiÍn son, al mismo tiempo, crisis sociales: porque tambiÍn se muestran en el comportamiento y las actitudes personales de ciertos ¿gobernantes?, pero tambiÍn debido al uso y abuso de ciertas palabras que en forman pedante pronuncian algunos politÍlogos o analistas mediÍticos, que al ponerlas de ¿moda? en las redes sociales las tornan en palabrejas, que al rebotar, luego, en los medios de comunicaciÍn, crean mayor confusiÍn en los ciudadanos, generando polarizaciones.
Esta crisis del lenguaje no necesariamente significa proferir palabras o frases ofensivas o insultos (como ¿solo falta de que te violen?, por ejemplo), o crear y propagar fake news (noticias falsas o distorsionadas voluntariamente con el Ínimo de desinformar). TambiÍn esta crisis del habla o de la escritura se expresa mediante palabras inventadas, rebuscadas, refinadas, bonitas, con el propÍsito que el emisor aparente ser un gran ¿intÍrprete? de la realidad peruana. Olvidan que la claridad es la cortesÍa de un buen analista (creen que la ambigÍedad les da prestigio acadÍmico).
He aquÍ algunos botones de muestra: Gobernabilidad, gobernanza, legitimaciÍn, actores, posibles escenarios, impunidad, inmunidad, caviar, progres, populismo, democracia boba, derecha bruta y achorada, izquierdosos, narrativa, terruquear, tentaciÍn totalitaria, credibilidad, constitucionalidad, pueblo, consultar al pueblo, respetar al pueblo, lo que el pueblo decida, Perú profundo, poder precario, precariedad institucional, liderazgo nulo, consensos mÍnimos etc. estas son algunas de las palabras – que devienen en palabrejas por su constante mal uso – no facilitan una acciÍn comunicativa con miras al diÍlogo, al consenso. Cada hablante (o escribiente) parlotea y parlotea, banalizando la palabra.
A veces son los polÍticos los que imitan el habla de los politÍlogos, otras, en cambio, son los politÍlogos los que buscan imponerla a los polÍticos a quienes dicen escudriÍar ¿cientÍficamente?. Mientras que los ingenuos ciudadanos estÍn en medio, como en un sÍndwich, terminan adorando a los ¿Ídolos del foro?, y del floro.
En esta oportunidad nos referiremos a algunas de ellas que tiene que ver con el ejercicio del gobierno: que se refiere fundamentalmente- según el Diccionario de la Lengua EspaÍola-DEL – , a la acciÍn y efecto de gobernar o gobernarse; y de la gobernabilidad (o gobernamiento), definida como la cualidad de gobernable referida al arte o manera de gobernar una naciÍn.
Algunos presuntos analistas se ufanan afirmando que ¿este paÍs es ingobernable? (evitan decir mÍ paÍs o el Perú, prefiriendo el despectivo ¿este paÍs?, como si fuera un objeto ajeno). Un paÍs puede ser ingobernable por dos maneras: uno, porque sus problemas son de una complicadÍsima magnitud que bien puede conducirlo hacia un necesario consenso de toda la clase polÍtica (cosa que es una utopÍa en el Perú actual), o hacia un empeoramiento de su situaciÍn hasta convertirse en un Estado fallido, es decir, inviable, necesitado de la asistencia/intervenciÍn de los organismos internacionales y de la ayuda extranjera para sobrevivir (como HaitÍ o AfganistÍn, por ejemplo); y dos, puede ser ingobernable porque tiene un gobierno de gente 3.I (tres i): incompetente, ignorante e ineficiente (que parece ser, para desgracia nuestra, el caso del desgobierno Castillo/ CerrrÍn, o CerrÍn/Castillo, lo mismo da; son siameses, hasta hoy), sustentado en un ¿discurso? anacrÍnico, dogmÍtico, pro-movadef. Sin metodologÍa de gobernanza y metas claras. Como se pudo constatar la noche del lunes durante el mensaje del presidente, donde destacaron tres signos: un discurso mal redactado, su nerviosa lectura del telepronter y, por supuesto, su infaltable sombrero. Nada mÍs. El ser y la nada.
Para comprender la heterogeneidad y banalizaciÍn del lenguaje polÍtico, y tambiÍn la heterogeneidad de las 53 lenguas nativas del Perú (incluida la variante del quechua cusqueÍo que habla el primer ministro Bellido sobre todo para mofarse de sus interlocutores), recurro a un libro clave: La NaciÍn en tiempo heterogÍneo (publicado el 2007), del historiador-politÍlogo indio Partha Chatterjee, quien recomienda, por ejemplo, usar, el concepto gubernamentalidad (mentalidad para un buen gobierno) para indicar el campo y las estrategias de acciÍn de las agencias gubernamentales en el terreno del mundo de la vida (que es el mundo cotidiano de las vivencias y costumbres del ciudadano, que ahora se ve afectado no solo por la injusticia del sistema polÍtico-econÍmico, sino tambiÍn por la pandemia Covid-19).
Para aquellos que creen ingenuamente que el Congreso otorgÍ su voto de confianza al ¿Gabinete Bellido? en aras de la gobernabilidad, serÍa bueno que lean la obra de Chaterjee, para quien la gobernabilidad es sinÍnimo de gobernanza, considerada como la nueva llave en el estudio de las polÍticas públicas: entendida como el cuerpo de conocimientos y el conjunto de tÍcnicas usadas por aquellos que gobiernan o en interÍs de ellos.
¿La democracia, hoy en dÍa, no es el gobierno del pueblo por el pueblo para el pueblo. Antes bien, deberÍa ser vista como la polÍtica de los gobernados? (no desde los gobernantes o representantes), es decir, la democracia como polÍtica ejercida por la diversidad organizada de ciudadanos de cultura heterogÍnea, evitando la colonizaciÍn de su mundo de vida por parte de la agresividad del mundo sistÍmico que pretende controlarlo todo a travÍs de los vectores del trabajo, del derecho, la polÍtica, la economÍa, la ciencia y la tecnologÍa, de la burocracia pública, y del vector maligno de la corrupciÍn.
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EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 8 de setiembre de 2021. Luis Alberto Arista Montoya.




