Homenaje a ALFONSO BAELLA TUESTA

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28/02/17 – 19:19

«Cuando la voz y la pluma se silencian para siempre»

Por: Manuel Cabañas López

Lo he tratado por varias veces, de varias maneras, en diferentes contextos. Sea como aprendiz de periodista, como tal o como paisano, Hace años que su pequeña figura ya no se le veí­a paseando por los medios nacionales o por los pasillos de su eterna casa de trabajo El Comercio?. Su voz plateada y con el dejo inconfundible de chachapoyano, sus párrafos agudos plasmadas en una crónica, en una noticia o en un editorial, ya se silenciaron para siempre: Alfonso Baella Tuesta, ha muerto.

Ha muerto con el, una generación de periodistas notables, con calibre de conciencia poco visto en la actualidad o en los periodistas modernos. Agudo, crí­tico, a veces irreverente, procaz, directo, claro y aplomado. Ha muerto un periodista que lleva en su tumba, la medalla de la libertad, por el cual fue perseguido y desterrado, junto a los comunistas? que nunca compartió sus ideales, pero los respetaba. Murio, el brazo derecho de una dinastí­a periodí­stica, llamado los Miró Quezada, siendo el jefe de la página editorial de El Comercio?.

De acuerdo a su biografí­a, fue abogado primero, luego periodista, murió siendo periodista antes que abogado. En los años 80 fue mi primera experiencia personal de conversar con él en una entrevista para su programa de televisión Frente a Frente?, cuyo reportero era su hijo, Alfonso Baella. Era en esa época, estudiante de comunicaciones y responsable del FENADORDES, donde oficiaba de coordinador; luego en el congreso de la república para hablar sobre polí­tica, su ideologí­a, pensamiento y motivos por haberse metido al congreso, la tercera en Chachapoyas. Ese dí­a, vi a dos viejos amigos que se encontraban de mucho tiempo. El con su voz plateada, ¡Ubicho!, le dice. Mi querido doctor, responde mi padre. Conversan poco, la gente presionaba al congresista. Mi padre y yo vimos alejarse de nuestro lado en olor a multitud. Yo he sido compañero de Baella en la escuela, me dice.

Era amable, cordial, un viejo periodista, zorro y que te daba cancha para hablar, además de leal. Esa lealtad férrea a su bancada que hizo ser partí­cipe de un acto (justificado o no) en el congreso de la república: El famoso referéndum, cuyo voto lo justificó en un libro del mismo nombre. Esa lealtad a la libertad de prensa, hizo que sea deportado a la Argentina. Ese acto polí­tico de la dictadura de Velazco, hizo que publique tres enormes libros, que grafican ese periodo de tiempo hasta antes de la transición democrática y quizá sea los libros que lo llevó a la posteridad. Esos libros, lo tengo en la casa como un grato y hoy invalorable recuerdo ante la partida de un hombre de prensa, que llevó el nombre de Amazonas y muchas veces hasta sin decirlo?.

Luego de una larga enfermedad, yace hoy en el sueño eterno, un hombre que no soñó ser en su vida: un hombre al servicio de la libertad de prensa y de la opinión y la polí­tica. Un hombre quizá muy minimizado en su procedencia, pero que sublimemente lo llevaba en su corazón, llevando el nombre de su productora de televisión, aquel recuerdo de su lejana infancia donde conviví­a con su padre y El Molino.

Descansa en paz, viejo maestro de la pluma. He tenido el gusto de saludarte muchas veces y como esas veces, elevo mi oración por tu alma y tu descanso eterno. Hoy te encuentras con EL MISERABLE? para que te cuente la verdadera historia de esa nefasta etapa que tocó vivir a los peruanos: rodeados de botas y cachacos. Hasta siempre, Don Alfonso.

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