Hospital Virgen de Fátima: ENTRE LA ESPERANZA Y EL RIESGO DE RETROCESO

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Jindley Vargas

La ciudadanía ha recibido con buenos ojos la decisión del Gobernador de designar a la Dra. Diana Bolívar como nueva directora del Hospital Regional Virgen de Fátima. Los primeros cambios ya muestran frutos: orden administrativo, transparencia en los procesos y un horizonte de recuperación para un hospital que durante años fue símbolo de crisis y abandono.

Es justo reconocer que la capacidad resolutiva del hospital ha sido superior a su categoría. Los médicos que lo han conducido son buenos profesionales en sus especialidades, y muchos ciudadanos (yo mismo entre ellos) hemos sido beneficiarios de su entrega, incluso en situaciones críticas donde salvaron vidas. Esa labor médica merece respeto y gratitud.

Pero la crisis no se originó en la calidad clínica, sino en la administración hospitalaria, donde las decisiones equivocadas y los malos asesoramientos terminaron por arrastrar al hospital a la debacle. Lo más preocupante es que ahora, sectores que deberían ser ejemplo de cultura y ética profesional, lejos de actuar con responsabilidad deontológica, se atrincheran en intereses corporativos y personales. No hicieron mea culpa de las irregularidades descubiertas, tampoco colaboraron con la nueva gestión, y hoy pretenden frenar un proceso que busca ordenar el hospital y reivindicar al ciudadano.

Si esa presión se impone, el resultado sería un retroceso brutal en los cambios que el sistema hospitalario necesita. Porque lo que está en juego no es un cargo, sino un legado: el inicio de una transformación que debe replicarse en las postas de la ciudad, de la provincia y, más adelante, en los hospitales de toda la región.

Dentro de muchas decisiones equivocadas del Gobernador que hemos criticado, esta designación merece ser reconocida como acertada. Apostar por una gerente pública de SERVIR, especializada en administración hospitalaria, es un paso firme hacia la modernización del sistema. Una decisión que, bien sostenida, puede convertirse en el antídoto contra la metástasis de problemas que afectan a la red de salud.

Por eso, la esperanza ciudadana está puesta en que el Gobernador no retroceda ni se subyugue a los caprichos de quienes nunca asumieron responsabilidad por el deterioro del hospital. Lo que corresponde es consolidar lo avanzado y proyectar un legado que, al final de esta gestión, pueda ser recordado como el inicio de la dignificación de la salud en Chachapoyas y en Amazonas.

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