Igartua y el 5 de abril

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06/04/17 – 05:24

Un gran periodista visionario de un periodo nefasto de la historia.

Por: César Campos “ Polí­tico.pe
Lo dije en innumerables oportunidades y escrito no menos: valoro como la mejor experiencia periodí­stica de mi vida haber trabajado junto al gran Francisco Paco? Igartua, fundador de las dos revistas que por casi cinco décadas disputaron la preferencia ciudadana marcando la agenda polí­tica del paí­s. Me refiero a OIGA y Caretas.
OIGA nació en noviembre de 1948, pocos dí­as después del golpe militar encabezado por Manuel Odrí­a contra la administración democrática de José Luis Bustamante y Rivero. Apenas sacó a circulación dos números, fue clausurada por la flamante dictadura mientras que Igartua iba a parar con sus huesos a la Penitenciarí­a de Lima. En 1950, a al lado de la tenaz Doris Gibson lanzó al mercado Caretas, cuyo nombre fue tomado de un semanario argentino con un nominativo más completo: Caras y Caretas. Paco explicó que como el Perú viví­a controlado por la bota castrense, no alcanzábamos a ver las caras? de los acontecimientos sino solo las caretas?. Por supuesto, al poco tiempo también fue clausurada. Gibson e Igartua fueron deportados.
Desde 1963, Igartua retomó la aventura de OIGA. Apoyó con vehemencia los inicios del primer gobierno del arquitecto Fernando Belaunde y con esa misma vehemencia lo combatió por no cumplir sus promesas. Rechazó el golpe del general Juan Velasco pero luego adhirió al régimen militar porque encarnaba los cambios sociales que su generación promoví­a. Una desavenencia con ese régimen a raí­z de la crisis económica que ocultaba hizo que OIGA sufra una nueva clausura e Igartua otra deportación, esta vez a México. Retornó al paí­s con los vientos de la transición democrática de la Asamblea Constituyente de 1978 y las elecciones generales de 1980. OIGA volvió a publicarse.
Paco me convirtió en el redactor principal de la sección Polí­tica de OIGA desde mi ingreso a la revista, en mayo de 1991. Reemplacé en esa función a Pedro Planas, quien asumió los informes especiales. Nuestra consigna era vigilar muy de cerca el desenvolvimiento del gobierno de Alberto Fujimori, quien ya habí­a tenido expresiones sutiles contrarias al orden democrático establecido. El presidente no sumaba con su lenguaje sino, por el contrario, atacaba la institucionalidad constitucional cada vez que podí­a. Lee siempre las entrelí­neas de sus discursos ”me recomendaba Igartua” y descubrirás sus verdaderas intenciones autoritarias?.
La verdad es que algunos en la revista no compartí­amos la susceptibilidad de nuestro director y la juzgábamos exagerada. Peor todaví­a cuando nos señalaba que Fujimori estaba preparando un golpe de Estado, algo que nos parecí­a inimaginable para la última década del siglo XX, en plena caí­da sistemática de las últimas dictaduras en América Latina. Las complicaciones fueron mayores cuando un pajarito verde? (llámese una fuente militar) le proporcionó a Paco un plan de gobierno de veinte años elaborado en las instalaciones castrenses durante la última etapa de la administración de Alan Garcí­a y que contení­a todo un programa de acción para recuperarnos de la honda crisis económica, social y polí­tica, especialmente de la amenaza terrorista. Programa que solo podí­a llevarse a cabo bajo la tutela de los cuarteles.
OIGA publicó extractos de ese plan a fines de 1991 y demostró la enorme identidad que Fujimori guardaba con su derrotero. Paco me enviaba a entrevistar a parlamentarios y polí­ticos para que avalaran su tesis de la inminencia de un golpe. Yo lo hací­a de mala gana y hasta encontré aliados de mi escepticismo (recuerdo al diputado del Fredemo Enrique Ghersi) pero otros le daban la razón a Igartua (recuerdo a Alfonso Grados Bertorini).
El sábado 4 de abril de 1992, cerramos la edición de la revista anunciando en la portada que el golpe se vení­a. La carátula también estuvo dedicada a la figura de la primera dama Susana Higuchi, autora la semana precedente de una grave acusación a sus cuñadas Juana y Rosa Fujimori, responsables ”según ella” de un tráfico de ropa usada a través de la ONG Apenkai.
La revista salió a circulación el lunes 6 de abril, al dí­a siguiente del mensaje golpista del hasta entonces presidente constitucional. Sin duda, el incidente de la ropa usada adelantó la ejecución del asonada militar. Nos constituimos en la puerta de OIGA que ya habí­a sido tomada por tropas del ejército. Me indigné con uno de los soldados advirtiéndole que terminarí­a preso cuando la aventura antidemocrática culminase. El soldado rastrilló su arma y Paco me jaló del brazo hacia un costado. No juegues al héroe ”me reprendió con firmeza pero sonriente” Esto será cuestión de dí­as. No es un golpe como los de otros tiempos?, dijo.
Volvió a tener razón. La flamante autocracia retiró a las tropas de todos los medios de comunicación y Fujimori, más maquiavélico que nunca, pidió disculpas? por las molestias ocasionadas a la prensa y hasta visitó a los directores del diario El Comercio para simbolizar la supuesta franqueza de su pena por el atropello.
OIGA se mantuvo firme pugnando por el rescate de la democracia hasta su última edición a fines de 1995. Salió de circulación ahogada por la falta de recursos económicos (las grandes empresas estaban felices junto al régimen fujimorista y no poní­an un solo aviso).
Igartua falleció el mes de marzo del 2004 y hoy quiero reivindicarlo como el gran periodista visionario de un episodio nefasto de la historia peruana, combatiente por los valores de la libertad y paradigma de la entereza frente a quienes buscan derrotarlos.   

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