17/11/24 – 14:33
Pocos días después, deprimido, consciente que el virrey La Serna con su ejército en la sierra podía sobradamente recuperar Lima, renunció de todos sus cargos ante el Congreso y se marchó por donde vino. Entonces todos los criollos se aunaron al Congreso y a gritos le pidieron que viniese Bolívar.
Don Simón envió adelante a su lugarteniente Antonio José de Sucre, luego que este allanó el camino, vino y fue recibido apoteósimente en el Callao, Lima. Pablo Macera dice que un sacerdote se agachó para que Bolívar poniendo un pie en su espalda se impulsara para cabalgar en su caballo. Todos eran besamanos, todos lo rendían pleitesía y hasta le lustraban sus botas. Pero la euforia duró poco, porque Bolivar tomó medidas dictatoriales para llevar adelante su campaña. Entonces comenzaron a aparecer los enemigos criollos.
Pocos criollos mantuvieron su lealtad, pero otros, entre los que estuvieron los dos primeros presidentes del Perú: José de la Riva Agüero y el marqués de Torre Tagle, retractaron su posición y manifestaron sus acuerdos con la corona española. Bolivar al notar la veleidad de los criollos que un día eran patriotas y otro día estaban por la corona española manifestó: «Esto está lleno de partidos y todos de traidores…Pero todos me tienen mucho miedo…. Todo se compondrá con la receta de la onza de plomo y cuatro adarmes de pólvora para aliviar a la patria de la apoplejía de traidores que tiene». Tuvo primero que combatir a Riva Agüero que en Trujillo había entrado en acuerdos con los españoles. Ante la inminente llegada de Bolívar a Trujillo, Riva Agüero huyó al norte y Torre Tagle se parapetó con algunos criollo leales a España en el castillo Real Felipe, Callao. Allí murió con escorbuto.
El Imperio Inglés apoyó tanto a San Martín como a Bolívar. Claro que lo interesaba para ampliar su mercado y aprovechar sus materias primas. Tenía intereses económicos porque políticamente estaba más ocupado en someter en aquel entonces a la India que tenía y aún tiene mayor población que toda hispanoamérica.
Bolívar, mucho antes de venir a Perú, había visitado a Inglaterra y al flamante Estados Unidos, y no ocultaba su admiración por el Imperio Inglés. En una carta a Sucre, que lo cito en mi ensayo Blas Valera y la historia de la infamia, dice: «La alianza con Gran Bretaña (Inglaterra) es una victoria más grande que la de Ayacucho, y si la realizamos, diga usted que nuestra dicha es eterna. Es incalculable la cadena de bienes… si nos ligamos con la Señora del Universo».
A Inglaterra le resultaba buen negocio, además de aprovechar los recursos naturales, vender sus armas, para ello en el siglo XIX, azuzó guerras entre ex colonias de España y Portugal. La de la Triple Alianza: Argentina, Uruguay y Brasil contra Paraguay, que lo dejaron devastado y casi sin hombres; la guerra del pacífico: Chile contra Perú y Bolivia.
Son algunos datos que muchos desconocen y a la inmensa mayoría ni lo interesa conocer; pero ésa es nuestra desnuda historia.




