Rudecindo Vega Carreazo
El periodo gubernamental más vergonzoso y oscuro de nuestra historia republicana, marcada por el gobierno de un pacto mafioso, desde el congreso, llega a su fin. La pesadilla del desgraciamiento institucional, el desaprovechamiento de las oportunidades económicas y la demolición de nuestra república por el crimen callejero y gubernamental debe terminar y dar paso a un sueño de recuperación de nuestra dignidad patria, restitución democrática, reactivación económica con justicia social, liberación nacional de la criminalidad y un proceso de concertación y conciliación nacional. No para regresar al pasado, que claramente no resolvió las exigencias nacionales, sino para recrearlo con el espíritu democrático del estado de derecho, una real economía social de mercado, libre del crimen y la corrupción, protector de los derechos humanos y un crecimiento con empleo decente mayor al 5%.
Sueño democrático es recuperar nuestra esencia republicana con una real separación y equilibrio poderes, revalorando la investidura presidencial tan venida a menos, en manos de un congreso repleto de mercaderes y criminales. Sin embargo, la amenaza de padecer la misma u otra pesadilla sigue presente, si nuestra renovada clase política gubernamental no dialoga ni concierta priorizando el país. Keiko Fujimori, la “inminente” presidenta, si desea recuperar el peso presidencial, deberá derogar varias leyes que su partido y congresistas aprobaron en el congreso que culmina; ¿estarán preparados para dar marcha atrás? Si ese fuera su nuevo espíritu, porque no controlan el nuevo congreso, éste, empoderado por las leyes a su favor aprobadas por el fujimorismo querrá cambiarlas para perder poder ante la nueva presidenta o preferirá mantenerlas para seguir gobernando a gusto o disgusto de ella.

Es seguro que, desde el 28 de julio, sin diálogo ni concertación, padezcamos una lucha diferente, en perjuicio del Perú, entre ejecutivo y congreso. Keiko queriendo ser presidente con los poderes presidenciales de antes y, el congreso reafirmando su empoderamiento para seguir gobernando. Imposible que ella gobierne como su padre, el keikismo destruyó la constitución del 93 que reguló el presidencialismo, lo debilitaron para controlarlo y gobernar desde el congreso. El nuevo congreso, que el fujimorismo no controla, por ahora, ni en senadores ni en diputados, difícil que restituya facultades presidenciales que le signifiquen pérdida de poder político además de los antecedentes autoritarios y anti democráticos del mismo. Es karma para Keiko, una presidencia sin poderes, que ella debilitó con su partido. Será karma también, para muchos nuevos congresistas “democráticos”, aprobar iniciativas que defendían pero que en sus nuevos cargos parlamentarios no les benefician.
Nuevos pleitos vienen y su desenlace es un albur, en el centro del poder, el congreso, volveremos a la multiplicación de las bancadas, la fragmentación parlamentaria y transfuguismo esta institucionalizado. Fuerza Popular y Renovación Popular se arreglarán en defensa de sus intereses, son los mismos, no se fragmentaran. Ahora Nación, con su líder político en el congreso, se fortalecerá, articulará a la izquierda democrática y, quizás, integre algunos parlamentarios cercanos. El Partido del Buen Gobierno también se mantendrá intentando ser el fiel de la balanza. Juntos por el Perú será el nuevo Perú Libre, en el proceso se fragmentará cuando menos en tres: sus militantes, la bancada de Castillo FENATE y la de Antauro. Obras, se dedicará a negociar sus votos en busca de puestos y negocios, será el nuevo proveedor de “niños malos” y, quizás, con un poder ni pensado ni esperado.
No será sorpresa que exista una bancada parlamentaria de Pedro Castillo, que actúe y negocie con independencia política, incluido su indulto. Familiares y seguidores suyos del FENATE son congresistas, serán un bloque sólido. Además, el “castillismo” tiene partido inscrito vigente que, a diferencia de muchos que ya perdieron su inscripción, participa con candidatos propios en las elecciones regionales y municipales de octubre. El ex presidente preso en Barbadillo por su tentativa de autogolpe, será un actor político activo, clave, con bancada parlamentaria, partido vigente y, posiblemente, con gobernadores regionales y alcaldes electos. Increíble, el gobierno de Keiko y Fuerza Popular, para gobernar, tendrá que negociar con Pedro Castillo, su bancada, su Partido “Todo con el Pueblo” (su símbolo es una cuchara) y quizás con gobernadores, alcaldes provinciales y distritales que tendrían control territorial de zonas en los que la votación les fue esquiva. El indulto que negaron en campaña y su barra brava detesta, es más que una posibilidad gubernamental. Otro karma.
Menos sorpresa será la integración de una bancada parlamentaria de Antauro Humala integrada seguidores suyos, electos como senadores y diputados, dentro de Juntos por el Perú y de Obras. Belicosa más que radical será, dispuesta a negociar, como un negocio, todo. Su unidad y fortaleza estará en la capacidad de chantaje y amenazas de movilización que ejercerán ante el nuevo gobierno a través de su líder, suelto en plaza, con protagonismo político ganado en la última campaña, re articulando a sus reservistas y etno caceristas en el país, y en busca de movilización social y territorial. La bancada antaurista, muy anti sistema, será un dolor de cabeza congresal con sus iniciativas, otro actor político activo y clave que el gobierno de Keiko, que atacó en la campaña electoral, deberá valorar. Sí, otro karma más.
La fragmentación política y las elecciones nos dan un Perú dividido en otro rompecabezas, con las mismas reglas para armarlo. Sin madurez política de nuestra clase gubernamental, para dialogar y concertar, no avanzaremos. Parálisis con inercia en la gestión gubernamental es lo que viene y lo que menos nos conviene. Presidenta y congreso, no tendrán ni tregua ni luna de miel, pero si un periodo que denomino “desatención ciudadana” de 100 días, debido a la campaña regional y municipal que está en curso. Tiempo que podría serles útil para dialogar, concertar, posesionarse y darnos la esperanza que muchas cosas pueden mejorar y hasta cambiar. El Perú no puede ni debe vivir la desgracia padecida los últimos 10 años ni el calvario del pacto mafioso del último lustro. El país, el territorio nacional, más allá de sus representaciones congresales, estará atento, latente, para hacer patente su voz y protesta.
Existen varias iniciativas de diálogo social y concertación nacional, ojalá el gobierno quiera y sepa fortalecerlas, el Frente Social con el Acuerdo Democrático por el Perú son una muestra. Crear un nuevo espacio que reemplace al disfuncional Acuerdo Nacional podría ser una iniciativa que motive a partidos, movimientos regionales, gremios, organizaciones sociales, sociedad civil y ciudadanía que hay propósito de enmienda y afán de gobernabilidad democrática.
Nuestro dilema nacional es duro y simple, nuevo sueño o misma pesadilla.



