La hora de las viudas

Facebook
LinkedIn
WhatsApp
X
Telegram

17/02/17 – 03:46

Lo que me encoleriza es ver tantos moralizadores? y notables? que durante casi dos décadas adularon a este nefasto individuo, pero que ahora se hacen los sorprendidos…

Por César Guzmán

No me sorprende en absoluto lo de Alejandro Toledo. Desde sus inicios todos sabí­amos de su absoluta inmoralidad. Lo que me encoleriza es ver tantos moralizadores? y notables? que durante casi dos décadas adularon a este nefasto individuo, pero que ahora se hacen los sorprendidos.

Toledo es un mitómano sin escrúpulos: nos mintió desde sus orí­genes, se atrevió a matar? a su madre para generar compasión, nos vendió al falso lustrabotas, al cholo humilde de Cabana que se revela ante la adversidad, nos timó sobre sus estudios en Harvard, estuvo metido en lo de Clae, falsificó firmas para constituirse en un partido polí­tico, convirtió su bacanal del Melody en una crónica de secuestro, hizo mil enjuagues de dinero con lo que recibió para la celebérrima Marcha de los 4 Suyos, negó a una hija, transó clandestinamente con cierta prensa, se vinculó extramaritalmente con su exagente de seguridad, tuvo de escudero a uno de los personajes más gamberros de la polí­tica peruana como Fernando Olivera, recibió coimas por doquier, nos quiso ver a todos las caras de idiotas con sus excusas sobre Ecoteva, se vinculó con lo más sórdido de la extorsión y el crimen como Rodolfo Orellana, etc. A eso hay que sumarle su histrionismo patológico, una vida desordenada y plagada de excesos donde el alcohol y las drogas hoy pareciera que no son solo una leyenda urbana. Y me quedo corto.

¿Y me van a decir que nunca advirtieron ni sospecharon esto? No lo creo; una mí­nima parte de estos antecedentes son suficientes para saber la verdadera estofa del Sano y Sagrado.

¿Entonces qué pasó? Toledo representó para muchos su zona de confort, donde la catadura moral del lí­der era irrelevante, mientras pudiera servir a los fines subalternos de estos grupos. Así­, empresarios inescrupulosos, polí­ticos oportunistas, antifujimoristas y antiapristas obsesos, celebérrimos periodistas de intachable? objetividad y, cuándo no, toda la caviarada en pleno, encontraron en Toledo su espacio ideal, aunque ello significara solaparle todas sus fechorí­as.

Allí­ están las viudas de Toledo. Los nuevos indignados¦ Aunque ahora, obviamente, ninguno quiera reconocerse como tal.
(JDR)

Artículos relacionados: